Ilustración: Jorge Ávila
Me encantan las canciones que prenden el espíritu, y Pedro Navaja es una de ellas. Rubén Blades en su típica poesía logra hacer de la tragedia una parranda, un asesinato se convierte en una comedia. Narra la canción una historia de las calles de Nueva York, en la que el malandro asesino es quien primero termina muriendo. Todo en esta canción sorprende: el asesino es víctima y la desgracia es fiesta.
Y fue precisamente en un viaje a Nueva York, buscando fuentes de inspiración y nuevo repertorio, que me encontré con una foto muy interesante en una exposición de arte. Eran tres mujeres que trabajaban en una línea de producción en una fábrica en Latinoamérica, quienes mirando con auténtica alegría a la cámara, sonreían mientras continuaban su labor. Desprendidas de todo, gozaban del momento a plenitud.
Curiosamente al día siguiente de la exposición leía en la prensa local publicidad interesante o mejor dicho apremiante: en los clasificados había todo tipo de psicólogos, Freudianos, Conductistas, Neurolingüístas. Veía publicidad de todo tipo de medicamentos para la depresión, ansiedad y diversos tipos de males de la vida moderna y cosmopolita. También había clases de yoga, meditación, Thai Chi; pero en fin, por todas partes me veía bombardeado de mensajes que particularmente apuntaban a recoger clientela en un vasto grupo de señoras. Veía la foto de una sociedad que aunque próspera por fuera quizás estaba necesitada por dentro. Salí a la calle y miraba a todas esas señoras, tan bien vestidas, colgadas de sus llamativas carteras, adornadas con sus exclusivas joyas, pero tantas de ellas buscando algo más, algo que no tenían.
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Las cosas son así. En términos generales nuestros países en Latinoamérica tienen ingresos per cápita que a veces no superan el 20% del americano. Mientras que en los Estados Unidos hay aproximadamente dos carros por vivienda, acceso a crédito barato, frecuentes viajes de vacaciones, un porcentaje alto de ciudadanos con vivienda propia, etc., en Latinoamérica estos elementos son todavía considerados un lujo. Pero en nuestros países, esa escasez en lo material pareciera darnos la riqueza en lo espiritual, y por el contrario, en donde la opulencia está a la vista, la pobreza interna pareciera acechar.
De eso tenemos que cuidarnos: no puede ser que el avance de nuestros países y familias, en lo que a beneficios materiales refiere, venga con este tipo de contingencias. No podemos avanzar y al hacerlo, crearnos falencias que nunca existieron. Falencias que solo existen en la imaginación o en la pura comparación.
De nuevo oyendo a Pedro Navaja me acordaba de aquella foto de la galería versus ese angustiante periódico. ¿Quién lo fuera a creer?, la riqueza puede empobrecer. Definitivamente la vida es una tómbola.
¡Sorpresas te da la vida!