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¿Sufres de amnesia sexual?

¿Por qué hay unos polvos que recordamos con detalle y otros que hemos olvidado casi por completo?

Por Odalisca

07 de marzo de 2016

¿Sufres de amnesia sexual?

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Hoy tenemos que ponernos un poco lascivas y románticas a la vez. Me explico: le pregunté a una de mis fuentes más confiables en este tema: una de mis mejores amigas, “¿vos por qué te acordás de ciertos manes que pasaron por tu cama y a otros los has olvidado?”. Y me soltó esta perla rosada:

–Uno de los requisitos para no olvidar el sexo es el amor— y se marchó altiva. No mentiras, seguimos conversando.

 Vamos por partes. Primero, aunque su afirmación tiene un 50% de verdad no simplifica el tema. Existen los encuentros sexuales que no se van de nuestra mente por simple cuestión de persistencia. Olvidar a un hombre con el que tuvimos una relación fuerte, un novio, un esposo, el papá de los hijos, mal que bien se queda grabado para siempre, así el sexo no haya sido memorable y viceversa. 

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Sin embargo, a mí lo que me hizo saltar de la cama una noche y ponerme a escribir esta nota fue la amnesia sexual que tengo con mi ex. Un día, simplemente, se me olvidó cómo tirábamos. Se me borró. Y traté de recordar escenas, me puse en el lado de la cama donde siempre me ponía, cerré los ojos, pensé en su cara y nada, ni un solo besito, ni una mano en los huesos de la cadera, nada. ¡Nada!

Duramos más de cuatro años y yo no tengo recuerdos de nuestros encuentros sexuales. No lo olvido a él, digo, lo superé sí, pero recuerdo muchas cosas, especialmente, de su personalidad, quizá porque ahora pienso que siempre debimos ser amigos y no pareja. Pero me aterra pensar que ya no recuerdo la forma como me tocaba, ni siquiera la dimensión de su pene (y ejerzo como periodista en este tema). Lo olvidé. Me preocupa, pero me hace reflexionar sobre lo verdaderamente importante de nuestra relación.

 

Recordamos a aquellos que no nos dieron un gran placer pero llegaron en el momento oportuno, o esos que pasaron la lengua justo donde nadie más lo había hecho.

 

En cambio, no olvido a uno de mis salvadores de la tusa. Lo traje “importado”, de otra ciudad de Colombia, pero al fin y al cabo importado (ahora releo esta frase y sueno como una traficante de personas, no lo crean, era mi novio de la infancia con quien tenía algunas cuentas por cobrar). Me acompañó 15 días y no he podido olvidar su destreza con el sexo oral. No tengo ni siquiera que imitar la posición que teníamos cuando me llenaba de placer, así, egoísta, porque solo tenía que limitarme a disfrutar, no le gustaba que yo lo recompensara al mismo tiempo. ¡Un filántropo!

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Lo que si dejé de recordar fueron las conversaciones que teníamos after sex. La verdad: nada memorables. Ni siquiera recuerdo sus gustos o lo que veíamos en televisión cuando estábamos cansados. Seguro no hablábamos de nada que me interesara mucho, por eso olvidé nuestras discusiones, contrario a lo que pasaba con mi ex.

Ahora, no quiero decir con esto que aquellos a los que hemos amado, especialmente por la relación que tuvimos, no sean memorables por el sexo; en absoluto. Pero, debo contradecir a mi buena amiga y fuente de inspiración: el recuerdo erótico no está necesariamente ligado al corazón. 

Recordamos a ciertas personas porque han marcado los momentos en que estuvimos con ellos. Porque nos han enseñado algo que no conocíamos, porque tocaron justo el punto que nadie más había tocado o, porque sencillamente, los cuerpos se juntaron como piezas de un mismo rompecabezas, cosa difícil de encontrar.

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 Seguro nosotras también seremos memorables para alguna de nuestras parejas. Creo que la permanencia de nuestros recuerdos sexuales recae en la calificación del momento, no necesariamente en la calificación de las destrezas del otro. Muchas veces recordamos personas que no fueron quienes nos dieron más placer pero llegaron en el momento oportuno, o a veces se quedan en la memoria esos que pasaron la lengua justo donde nadie más la había pasado y queremos volver a experimentar esa sensación algún día, nada malo; se vale indicar a los nuevos amantes aquello que deseamos y que tenemos grabado en la memoria y en el cuerpo. 

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Sexo para bien y más

 

1. Un estudio de la Universidad de Maryland (EE.UU.) reveló que “el coito beneficia la función cerebral pues se liberan dopamina y oxitocina, la primera es responsable del pensamiento positivo y la segunda favorece la comunicación”.

2. La revista The Atlantic realizó un estudio donde afirmó que el sexo mejora los procesos cognitivos y el sexo simulado (el porno) puede tener efectos contraproducentes en el individuo.

3. Según el Instituto del Cerebro de Queensland en Australia, el sexo aumenta los niveles de una sustancia química cerebral llamada prolactina, que ayuda a crear y cultivar células nerviosas en el cerebro.

 

Ilustración: Odalisca. 

Foto de apertura: Google etiquetada para reutilización. 

Por Odalisca

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