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Té y semillas de chía: una fórmula sanadora

Es una combinación asequible y fácil de hacer, que le ayudará a tener una vida más saludable y una sensación de bienestar, que lo acompañará durante todo el día.

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Desde tiempos ancestrales, el té ha sido consumido por el ser humano debido a sus propiedades, beneficiosas para la salud. Tomar una o dos aromáticas de té al día es un hábito maravilloso. En la actualidad, no obstante, hay tantas variedades que uno no sabe cuál escoger.  Vamos a repasar algunas opciones, para que elija su preferida, pero le anticipamos una excelente alternativa:  mezclarlos, poner una bolsita de cada uno de ellos en su taza.

Té verde

Es el mejor, el que más antioxidantes tiene. Se elabora a partir de hojas no fermentadas. Es beneficioso para la salud cardiovascular, la memoria y la piel; tiene la capacidad de reducir el estrés; combate infecciones y ayuda a controlar el peso. Por todas estas razones, es el té más popular. 

Té rojo

Se elabora a partir de un proceso de semifermentación de las hojas. Algunos estudios han señalado que libera histamina, por lo cual es indicado para las personas que sufren alergias. Estimula el metabolismo y tiene un efecto depurativo en el aparato digestivo, así que es útil para las personas que quieren bajar de peso. 

Té blanco

Es rico en polifenoles y antioxidantes. Entre sus propiedades se ha destacado su poder para ayudar en las tareas intelectuales, ya que actúa de manera favorable sobre la memoria y la capacidad cognitiva, además de influir en la reducción del colesterol malo.

Té negro

Es el que más teína contiene. La teína, cabe recordar, parte de la misma molécula que la cafeína, así que las personas que tengan problemas para conciliar el sueño deberían tenerlo muy en cuenta. Un pocillo de té contiene más cafeína que una gaseosa de cola.

 

El poder de las semillas de chía

Muchos conocen las semillas de chía, pero es posible que no sean conscientes de que son alimentos maravillosos para un estilo de vida saludable. ‘Chía’ es una palabra de origen Maya, perteneciente a la familia de la menta, que significa fuerza.

Durante miles de años, estas semillas han sido básicas en la dieta de las civilizaciones Maya y Azteca, en la que les aporta vitaminas, minerales y ácidos grasos, que ayudan al cuerpo a combatir las grasas. A muchos, su sabor les recuerda el de la nuez y, al igual que ese fruto seco, se pueden usar de muchas formas a la hora de cocinar. 

Las semillas de chía ayudan a bajar de peso. Gracias a la fibra, favorecen  el proceso digestivo y controlan el hambre. En contacto con el agua, además,  forman una capa hipocalórica que hace que aumente su peso diez veces más dentro del estómago, lo que produce sensación de saciedad.

Es recomendable para todo tipo de personas, pero son ideales para deportistas y para quienes tienen el colesterol malo y los triglicéridos altos, ya que los reducen de forma garantizada. Estas nutritivas semillas se pueden incorporar en cualquier comida, sin cambiar su sabor. En las sopas, en las ensaladas y, por supuesto, en nuestro termo.

Las semillas de chía están exentas de gluten. Son ricas en omega 3, antioxidantes y fibra. Tienen:

5 veces más calcio que la leche.
3 veces más antioxidantes que los arándanos.
3 veces más hierro que las espinacas.
2 veces más fibra que la avena.
2 veces más proteína que cualquier verdura.
2 veces más potasio que el plátano.
 

¡Entérmate!

La combinación de las semillas de chía y el té es una gran costumbre. Esta fórmula puede cargarse todo el día en un termo, al que podemos recurrir en los momentos en los que el cuerpo pide beber o picar algo. Con esta fórmula, además, cubrimos otra necesidad: la de hidratarnos. 

Para preparar el termo, debemos diluir las bolsas de té en un pocillo de agua caliente. Dejamos que escurran un buen rato. 
Mientras tanto, echamos agua fría en el termo, ponemos dos cucharadas de semillas de chía y, si lo deseamos, hielo.

Una vez que el té ha soltado, procedemos a añadirlo al termo. El último paso (y el más importante) es introducir dentro de la preparación las bolsitas que hayamos usado. Antes de sumergirlas, quíteles las etiquetas. ¿Por qué van adentro? Porque cada vez que se nos acabe el agua vamos a volver a llenarlo, de este modo el té seguirá soltando.