
País: Estados Unidos y Gran Bretaña.
Director: Martin McDonagh.
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Arranco escribiendo que tampoco es para pedir la devolución del dinero. Tres anuncios por un crimen es digna y entretenida. En una escala de uno a cinco estrellas, merece tres.
Primero, lo bueno
Empiezo con lo mejor de este relato: Mildred Hayes, una mujer cuya hija fue violada y asesinada, decide desafiar la institucionalidad y la memoria de un pueblo conservador, llamado Ebbing (Misuri). Lo hace con tres llamativas vallas en las que se lee “Violada mientras moría”, “¿Todavía no hay arrestos”, “¿Cómo es posible, jefe Willoughby?”.
La comunidad reacciona, asimila como una gastritis la crítica al jefe de policía Willoughby que, aunque no ha resuelto el homicidio, es carismático y amable, alejado del estereotipo de policía sureño, representado en el oficial Jason Dixon, el antagonista.
El jefe Willoughby tiene un segundo problema: padece de cáncer.
El conflicto de la historia motiva al espectador a atornillarse frente a la pantalla. La situación que se plantea es fascinante. Una mezcla explosiva de mujer atrevida, memoria colectiva y policía incompetente, pero honesto.
Pero en el camino la historia cojea sin avisar. Cojea hasta convertirse en una película de tres estrellas.
Suicidio apresurado
De un disparo el policía Willoughby se vuela la cabeza. Si no se mataba él, pronto lo haría el cáncer de páncreas. El policía era carismático, inspiraba cierta autoridad en el sur salvaje, era autocrítico, a regañadientes aceptaba su deuda con Mildred Hayes, que busca al victimario de su hija Angela. Imposible no reconocerse en su causa.
La ausencia de Willoughby parte en dos la historia. Desvincula lo mejor para desarrollar lo peor. El suicidio le quita fuerza, afecta su buen nivel narrativo, en el que quizás se refugian las mejores críticas. Tres anuncios por un crimen se convierte en la peor versión de sí misma.
La película ahora se ubica en un pedazo flojo e inverosímil. A modo de testamento, Willoughby deja cartas. Una es para la mujer que reclama justicia por la muerte y violación de su Ángela, en la que deja claro a la comunidad que el suicidio no fue causado por las vallas (“Violada mientras moría”, “¿Todavía no hay arrestos”, “¿Cómo es posible, jefe Willoughby?”).
La otra carta es un mensaje que nunca debió tener efecto. “Tu corazón está lleno de amor”, lee Jason Dixon, el irascible antagonista. De una escena a otra, el agente racista y pendenciero se transforma en un ciudadano arrepentido, identificado con la sed de justicia de Mildred Hayes. Aquí Tres anuncios por un crimen se hace un filme efectista, en la que la historia se acomoda a la medida de los personajes.
Relevancia difícil de digerir
James es un enano de fácil recordación porque es interpretado por Peter Dinklage (Juego de tronos y X men). En la mitad del relato cobra una relevancia que, de nuevo, se acomoda a la historia. ¿Era necesario que un don nadie sea la excusa de Mildred Hayes para evitar la cárcel?
La escena a la que me refiero es la siguiente: harta de la policía, Mildred atenta contra la estación. La incendia con bombas caseras, lanzando botellas desde el local de enfrente. Esa noche las evidencias apuntan a ella, pero el destino suele ser generoso y el imperceptible James, al ser preguntado por un policía, sostiene que ha estado con Mildred en una cita, en otro lugar, mientras la edificación se cae a pedazos.
De este modo la protagonista evita las rejas.
Odio al antagonista, lo hago con placer, para después amarlo porque el director, en un pésimo giro, así lo dispone.
Solo una cosa para este párrafo: además de buscar compasión para el arrepentido Jason Dixon, el director de la película pretende que el espectador pase por alto una casualidad propia de las malas películas. En un bar Dixon escucha al presunto violador de Angela, que en una conversación con otro hombre confiesa su agresión sexual.
Ahora su razón de ser es identificar de quien se trata.
No me detesten los que la prefieren por encima de La forma del agua
De verla en Netflix, Tres anuncios por un crimen me hubiera gustado un poco más. Me molesta que esté nominada en la categoría Mejor Película en los Premios Oscar. Su grandeza no da para tanto. Es una propuesta correcta y punto.
La forma del agua arrasará en los Oscar, porque carece de competencia.