Revista Cromos

“Un aumento de glúteos por $300.000 es la cuota inicial de un velorio”: Lorena Beltrán

Hablamos con la periodista de 24 años que, con berraquera y paciencia, sobrevivió a las manos inescrupulosas de un médico que se hizo pasar por cirujano plástico. Su propia experiencia la motivó para liderar ‘Cirugía segura ya’, una campaña que busca reglamentar los procedimientos estéticos en Colombia.

Daniel Álvarez

La reducción del tamaño de sus senos se convirtió en pesadilla. Cansada por los dolores de espalda que sufría, e inconforme con el tamaño de su busto, a los 21 años fue al consultorio de Francisco Sales Puccini, en un

exclusivo sector de Bogotá. Convencida de que estaba en las mejores manos, confió en un médico, cuyo consultorio estaba tapizado por diplomas que supuestamente certificaban su idoneidad. No se encontraba en una clínica de garaje, pero fue como si lo hubiera estado.

Una tarde del 2014, Lorena Beltrán cerró los ojos en el quirófano sin saber lo que iba a encontrar horas después. El resultado de la intervención que le pudo arrebatar la vida: uno de sus pezones estaba a punto de desprenderse del seno y sus heridas continuaban abiertas. “Sales Puccini decía que ‘todo era normal’, que usara gelatina sin sabor y toallas higiénicas en mi sostén, para no escandalizarme con los líquidos que salían de mis senos. De su quirófano salí viva, por fortuna, pero deforme”, escribió Lorena en el periódico El Espectador.

Sales Puccini, que sigue operando y ofreciendo sus servicios en redes sociales y en su página web, quiso corregir el daño ocasionado. Lorena sobrevivió a una segunda intervención, que empeoró la salud de sus senos. “El problema es de la costura, no del sastre”, aseguró el médico.

Ella tenía dos caminos: vivir mutilada o encontrar la respuesta a lo que había vivido. Se decantó por lo segundo. Pero primero tuvo que pasar noches en vela, lágrimas, necesitó ayuda psiquiátrica y muchos ovarios para denunciar el problema que vive Colombia: aquí cualquiera puede hacer una cirugía plástica porque esta práctica no está regulada.

Cirugía segura ya’ es un proyecto de ley que se fortalece en redes sociales, solo falta que los congresistas lo saquen adelante, que no lo hundan, como ya lo han hecho en cuatro ocasiones.

En redes recibo apoyo, sin embargo, las críticas sin fundamentos no dejan de ser desgastantes. He tenido la fortuna de tener acompañamiento psicológico durante el proceso, que me ha permitido asumir todo con más calma. No estaba segura de poner la cara y el pecho a la denuncia, finalmente el editor de Noticias Uno me convenció, pero acudí a consulta psicológica dos semanas antes de que la noticia se convirtiera en escándalo nacional. Me dijo que debía estar preparada para memes que me iban a hacer, para frases crueles, me acuerdo que me hizo memes que me daban mucha risa. Cuando vi las bromas en la vida real, ya estaba preparada.

¿Se le han ido encima por promover la ley que reglamenta las cirugías estéticas en el país?

Hay dos episodios que han sido críticos: un día estaba en los juzgados de Paloquemao y algunas mujeres que apoyaban a mi contraparte, es decir, al grupo de cirujanos cuestionados, sacaron fotos de mi mamá. Me decían “¿Ya le pudo comprar la casa?” y “¿Cuánto le están pagando por hacer este escándalo?”.

Para mí fue muy duro, soy millennial y tenía la mala costumbre de compartir absolutamente todos los detalles de mi vida privada. No medí las consecuencias de lo que publiqué en redes. Lo segundo es la frustración de ir contra la corriente. En octubre del 2018 me contactaron unas mujeres panameñas, me dijeron “Estamos en tal barrio, operadas por tal médico, y quedamos muy mal. Somos varias y queremos hablar contigo”. Uno no es consciente de sus privilegios. Pude pagar mi reconstrucción, que me costó más de quince millones de pesos. También pude pagar tratamiento psiquiátrico, porque no es suficiente con que te hagas una reconstrucción. Lamentablemente, somos una minoría las que podemos acceder a una reconstrucción tanto física como mental.

 ¿Cuáles fueron las consecuencias psicológicas del mal procedimiento?

Fui diagnosticada con trastorno depresivo mayor, ansiedad generalizada e ideación suicida. Mi personalidad nunca había sido triste ni melancólica, al leer ese diagnóstico casi me voy de para atrás. Pude salir adelante.

 ¿Cuánto tiempo tardó en denunciar?

Hice la denuncia en el 2016, pero a mí esto me ocurrió en el 2014. Duré dos años guardándome este asunto. Tenía un novio con el que estuve cinco años, le terminé, justo cuando me ocurrió, porque no fui capaz de continuar con mi vida de pareja. No era capaz de salir con amigas, estuve encerrada. Afortunadamente, era reportera, es decir, no tenía mucho espacio para pensar. Pero un día mi mamá me dijo que me veía diferente, callada; siempre soy la que hace chistes. Ya no era así, ahí supe que debía hacer catarsis.

A mediados de febrero murió Ana Bolena Carvajal, en Armenia, tras someterse a una liposucción. ¿Qué sintió al leer la noticia?

Sabía quién era ella, me acordaba perfectamente. Cuando vi lo que le pasó sentí rabia. Y cuando me dijeron que la operó Ricardo Urazán, me dio ira, porque, tres semanas antes de la muerte de Ana Bolena, yo había hecho una denuncia en W Radio de una persona que falleció por operarse con Urazán.

¿Por qué la gente sigue cayendo en manos de médicos que no son cirujanos plásticos?

Alrededor de esto hay tres problemas. El primero es la falta de control del Estado, que no es riguroso al revisar la capacitación académica en el exterior. En Colombia hay pocos cupos para especializarse en cirugía plástica. Mi cirujano actual se presentó tres veces a la Universidad Javeriana hasta que pasó al programa. Él se esperó, hay otros que no quieren esperar o que no pasan y lo que hacen son cursos cortos en el extranjero. Lo que pasa con los títulos de afuera es falta de control del Estado, a través del Ministerio de Educación y de las secretarías de salud, que dan la habilitación para abrir centros médicos. El segundo problema es la falta de legislación del Congreso. No hay una ley que diga que tienes que haber estudiado cirugía plástica para operar.

Mis detractores me han acusado de querer dejarle el monopolio de estos procedimientos a la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica, que es la agremiación científica que reúne a varios profesionales. El proyecto de ley que regula esto se ha caído cuatro veces. Lo presentó Juan Lozano, cuando Jessica Cediel tuvo una lesión en los glúteos. Cuando se van las cámaras y se apagan los micrófonos, los debates se caen. Hay mucho lobby. De hecho, he estado en las plenarias y he visto cómo cambian los votos.

 ¿Cuál es el tercero?

Aquí nadie va a evadir la responsabilidad, el paciente debe informarse. Me asesoré y aun así me engañaron. El consultorio de Sales Puccini queda a un edifico del cirujano que me corrigió su error. No me atendió en un garaje. Pero también está el caso de la que vio la promoción en Instagram y creen que hacerse una cirugía estética es hacerse un manicure. Aquí no hay una cultura de la prevención, en redes sociales son impresionantes las ofertas sospechosas. Un aumento de glúteos por 300.000 pesos es la cuota inicial de un velorio.

¿En qué momento estuvo preparada para la reconstrucción de senos?

Reconstruirme fue parte de la recomendación de mi psiquiatra. Había hecho una promesa: hasta que el proyecto de ley no se aprobara, no me operaba de nuevo. Lo sentí como un compromiso conmigo. El psiquiatra me dijo que no esperara. Empecé a buscar y varios cirujanos plásticos me recomendaron a Hugo Cortés Ochoa.

¿Qué le dijo Cortés Ochoa?

“¿Por qué te hiciste la reducción con el médico que te operó, si él es ginecólogo?”, me preguntó. Le conté con detalles lo que me había hecho. Sales Puccini me recetó Roacutan, porque la piel se me puso muy grasosa después de la segunda cirugía. Cortés Ochoa me dijo que ese medicamento incide en la mala cicatrización y puede influir en la salud mental. Salí de su consultorio, sintiéndome estúpida: hasta ese día pensaba que solo era víctima de una cirugía que había salido mal.

¿Se hizo operar de inmediato?

No se pudo. Mi cuerpo debía esperar seis meses hasta que saliera lo último de isotretinoína. Noté la diferencia al conocerlo. Me acuerdo que en una consulta, antes de la cirugía, le dije a Hugo que me quitara determinado gordito, y él me dijo: “Usted tiene 23 años, si quiere le recomiendo a una nutricionista, haga ejercicio, pero no le voy a hacer una cirugía que no necesita”. Le llegas a decir esto a uno de estos sujetos que son mercaderes de la salud y te hacen de todo con tal de lucrarse. Tuve valoración con mi anestesiólogo semanas antes, en cambio con Sales Puccini conocí al anestesiólogo en la puerta del quirófano.

¿Qué les diría a quienes critican a las personas que se someten a cirugías plásticas?

Culturalmente aceptamos modificaciones corporales, como cambiar el color del pelo y hacernos un diseño de sonrisa. La cirugía es una modificación corporal, aunque, por supuesto, tienes unos riesgos más grandes. Ambos actos parten del deseo, son decisiones autónomas y respetables, hacen parte de la construcción de la personalidad, de la corporalidad, de la imagen. Todos somos libres de modificar el cuerpo en condiciones seguras.

 ¿Qué reflexión le quedó en este largo camino que aún no finaliza?

Cambió la relación con mi cuerpo. Después de esto, de verme mutilada, dime si no voy a abrazar mi cuerpo. Ojalá las mujeres puedan aceptarse sin vivir una experiencia dolorosa.

¿Por qué hay tanto inescrupuloso haciéndose pasar por cirujano plástico?

Es un negocio muy lucrativo. Fijas el precio, negocias, entra todo en efectivo, no hay un intermediario, cobras lo que quieras. Aquí en Colombia tenemos un turismo médico que va en aumento, es rentable y hay gente que se presta para eso sin importar la integridad de los demás.

 ¿Son capaces de convencer a cualquiera para un “retoque”?

Son unos expertos en vender. Cuando Sales Puccini me hizo la reducción de senos me dijo que tenía el morro en la nariz, algo en lo que nunca me había fijado. En realidad, algunos son unos vendedores de defectos, tal vez eso le pasó a Ana Bolena. En redes sociales, para que la gente caiga, les pagan a influenciadores para que digan que se hicieron esto y lo otro. A Urazán le hacía promoción Ginna Calderón, una exprotagonista de novela.

¿En qué va su caso?

En etapa de juicio, estamos a la espera de lo que suceda. Entregué una lista de 41 médicos con títulos sospechosos y la Fiscalía está imputando por grupos. Es un proceso lento, confío en la justicia, los implicados han jugado sucio diciendo que soy una paciente psiquiátrica. Sales Puccini filtró a los medios de comunicación parte de mi historia clínica, con fotos mías desnuda. Lo hizo para que tire la toalla.

 ¿Él sigue operando?

Hace poco subió a Instagram una placa que supuestamente lo acredita como uno de los cien mejores doctores del mundo. Continúa operando. A las pacientes les entrega una hoja en la que dan un consentimiento, que dice “Yo estoy investigado por tales y tales motivos, pero mi experiencia habla por mí mismo”. A su quirófano va mucha gente, lanza promociones con frecuencia.

¿Qué recomendaciones les daría a los lectores y lectoras que tengan pensado operarse?

Desconfíen de los precios bajos, una cirugía plástica no es barata. Tampoco accedan a los combos estéticos, combinar los procedimientos puede complicar la intervención. No juzgo a las personas que se operan, porque si el día de mañana tengo un hijo y la piel me queda floja y quiero operarme, pues me opero. Analicen las razones por las que se van a operar, porque una cirugía plástica puede mejorar la autoestima. Si uno se opera por presión de la pareja o por moda, piénsenlo más de una vez. Una cirugía no te consigue un mejor trabajo ni retiene a la pareja.

Denuncias

Lorena Beltrán denunció a 41 médicos que operan con títulos falsos de cirujanos plásticos, presuntamente obtenidos en Brasil, Perú y

Argentina. En la lista se encuentran los hermanos Francisco y Carlos Sales Puccini.

En cifras

-23 millones de personas en el mundo se sometieron a cirugías plásticas en el 2017, según la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética. Colombia es el cuarto país en el que más se realizan procedimientos estéticos.

 

 

 

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Carlos Torres Tangarife

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