Un truco para que el insomnio no te haga perder la cabeza

Entre más vueltas das en la cama, más difícil es que te quedes dormido. Un nuevo estudio señala qué hacer para que no te enloquezcas y para conciliar el sueño eventualmente.

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Han pasado 30 minutos y sigues con la mirada clavada en el techo. Después de un ahora te impacientas. Llegaste exhausta del trabajo, durante todo el día soñaste con tu almohada y ahora no logras dormir. Buscas con tu cuerpo ese pedacito del colchón que aún está frío. “Seguramente es ese calor infernal el que no me deja descansar”, piensas. Pero el minutero avanza y sigues con los ojos abiertos de par en par. Te ataca la ansiedad. Piensas en el día que te espera mañana, en el estado miserable en el que te vas a encontrar durante ese montón de reuniones que tienes agendadas. La ansiedad muta: ahora tienes angustia. No vas a tener cabeza para terminar el proyecto que te pidió tu jefe. Das una vuelta y otra más. Nada. Empiezas a oír pájaros y los maldices. Con ellos llega la luz de la madrugada. Eventualmente te resignas y vas por la primera taza de café del día.   

La peor parte del insomnio es esa ansiedad, que se entremezcla con una zozobra existencial. Una vez estás en ese hueco, es difícil huir. Muchos recurren a la ayuda farmacológica, sin embargo, los expertos aseguran que esta solución no ofrece un sueño restaurativo y tampoco ayuda a tratar el problema desde la raíz. Es como si nos pusiéramos una curita: puede dar alivio pero no sanará la herida. Recomiendan, mejor, cambiar el ambiente del lugar donde dormimos, hacer terapia de comportamiento y aprender técnicas de relajación, entre otros.

A esas fórmulas, un estudio reciente les aporta un planteamiento simple, pero interesante: tenemos que anular la ansiedad. La investigación australiana, publicada en el diario Behaviour Change, sugiere una terapia de meditación y toma de conciencia, de quedarse en calma y presente. La clave es alejarse de lo que será mañana, solo importa el hoy. La propuesta busca que nos aproximemos al insomnio de otra manera: dejar de verlo como algo que tenemos que combatir para que se convierta en un destino que deberíamos aceptar. De esta manera, paradójicamente, tal vez logremos transformar nuestro destino.

Según The Cut, esta aproximación al insomnio reorganiza los patrones de pensamiento para que no nos quedemos atrapados en el desasosiego. En lugar de obligarnos a quedarnos dormidos, deberíamos decirnos que está bien si no logramos hacerlo. El sueño es necesario para la supervivencia humana, por supuesto, pero si tenemos un par de malas noches no nos vamos a morir. Tal vez seamos menos productivos al día siguiente, pero eso es manejable. Si aceptamos que está bien que eso ocurra, si nos ajustamos a la idea de que no podremos dormir, se nos quitará la presión de encima, nuestra mente entrará en un estado más sereno y, entonces, cuando menos lo esperemos, quedaremos profundos en el quinto sueño.

 

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