
Por eso el más noble sentido de la columna se ve en otro terreno, que es el de la argumentación. Una columna bien argumentada es un modelo de pensamiento que sus lectores, quienes están de acuerdo y quienes no, pueden reproducir en sus conversaciones, bien sea para adoptar unas ideas o para contradecirlas. Me pasa con Vargas Llosa. Sus afirmaciones me irritan, pero su modo de argumentar es más estimulante que el de otros con quienes estoy de acuerdo. Si nos circunscribimos al terreno político, prefiero al columnista incómodo, al que no le tiembla la mano a la hora de hacer denuncias y señalar lo que está podrido. ¿Cómo? Dando información de primera mano (en casos como el de Salud Hernández-Mora) o poniendo en relación ciertos hechos de un modo revelador, algo que luego, de acuerdo al calibre de la denuncia, la justicia se encargará de continuar. En esto se han especializado periodistas como Daniel Coronell, María Jimena Duzán o Ramiro Bejarano, entre otros.
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Foto: Inaldo Pérez.