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Una carioca muy colombiana

Por Redacción Cromos

06 de septiembre de 2016

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Millones de dólares, 7 años de construcción, 20 días de caos en la ciudad y un despliegue gigante de seguridad. En pocas palabras, así pensaba el brasileño que serían los Juegos Olímpicos. Como brasileña y periodista me resultaba muy difícil no estar pendiente de la organización de las justas. No sabía (y era un miedo latente) si sería o no un fracaso mundial, si íbamos a ser capaces de sacar adelante el evento deportivo más importante del mundo. Creo que después de haberlo vivido intensamente,  puedo decir que Río de Janeiro cumplió con su deber y sacó adelante la difícil tarea de volverse capital del mundo por unos días. 


Sobre todo porque Brasil vive todavía el episodio más duro de su reciente historia. Una crisis política y económica que tiene a todos los brasileños viviendo  con pesimismo. Ni el más optimista pensaría que en el mes de agosto de 2016, el país sería capaz de olvidarse de todo y recibir a atletas, periodistas, turistas y personalidades de la manera alegre y fiestera que nos ha caracterizado siempre. 


Al comienzo solo se escuchaba hablar de problemas, de riesgos de terrorismo y del incansable zika, pero rápidamente, cuando todo empezó, y la arena se llenó de color y cánticos, Brasil se despertó nuevamente. 

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Confieso que viví Río 2016 como una colombiana más. Vibrando y haciendo fuerza a los 147 deportistas que viajaron a participar. Y así como ellos me contagié de la fiebre carioca, y debo decir que las victorias de los colombianos fueron un logro continental,  para todo Sudamérica. 
Lo digo tras escuchar a compatriotas de todas las edades gritando ¡Vamos Colombia! en la emocionante conquista del oro de Caterine Ibargüen en el estadio olímpico, después de ver cómo tres pequeños se acercaron a tomarse foto con Óscar Figueroa y su medalla de oro en el pabellón olímpico de pesas, y lo confirmo después de ver cómo una señora que lucía la camiseta de Brasil lloraba escuchando el himno colombiano, en la entrega de  la medalla a Mariana Pajón. 

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Río de Janeiro fue la casa, pero fuimos todos los suramericanos los que la pintamos de emoción. Mostramos al mundo que sí somos capaces, pese a todas las adversidades. No somos los más ricos, pero tenemos un corazón gigante, y sí, valemos oro. Los cariocas que pensaban que invertir en los juegos olímpicos era malgastar la plata, finalmente abrieron sus puertas y dejaron que los bellos paisajes y las calles se volvieran el escenario perfecto para hacer de Río 2016 una fiesta inolvidable. Queda el orgullo, pero sin duda, quedará también mucha nostalgia por los gratos momentos. 

Por Redacción Cromos

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