Una charla con María del Mar Ramón, autora del libro 'Tirar y vivir sin culpa'

La activista colombiana, que integra la organización no gubernamental argentina Red De Mujeres y el colectivo feminista Las Viejas Verdes, comparte algunos detalles de su testimonio cargado de recuerdos personales y reflexiones que proponen desmontar el machismo.

Julieta María

Su libro es una reflexión que se instala frente a la culpa, le mira los dientes (los colmillos) para confrontarla.    

Para mí era importante hablar de la culpa desde un punto de vista feminista. La culpa es un dispositivo aleccionador en la vida de las mujeres. Trae vergüenza, silencio, miedo. La culpa está en todo lo que no se dice. El ejercicio que propongo en estas páginas es de desobediencia, escribir sobre lo que no se dice. Le puse palabras a la violencia y al patetismo.

 

Su relato es descarnado y, aunque, como usted dice, “el placer es feminista”, el lector y la lectora se encuentran con algunos pasajes dolorosos.

Cuando uno se guarda cosas, estas adquieren un tamaño incalculable y aleccionador sobre nuestras vidas. La palabra es finita, se puede ver, se puede decir, con la palabra se puede jugar. El silencio limita. El ejercicio en primera persona tenía que estar desprovisto de las cosas que me averguenzan. Las mujeres necesitamos generar empatía sobre nuestras historias, necesitamos ponerles cuerpo y voz a las experiencias de violencia. 

 

¿El placer está captado por los hombres?

Nuestra vida tiene que ver más con el deber que con el deseo. El libro lo escribí desde un lugar feminista, para mí es importante contar que ese camino estuvo tallado por la violencia del sistema.  A pesar del aleccionamiento, nosotras vamos a sentir placer. No nos vamos a negar, lucharemos para que eso también sea un derecho. Las mujeres queremos vivir nuestro deseo y no vamos a renunciar a esa dicha y a ese acto de resistencia. 

 
 

 

Usted vive en Argentina hace años. ¿La distancia la ayudó para retratar su experiencia en una sociedad machista?

Tirar y vivir sin culpa critica la clase social, hacerlo desde adentro es muy difícil. Las relaciones colombianas, principalmente las bogotanas, están mediadas por una clase social que es casi un sistema de castas. Uno nunca renuncia a sus privilegios, pero al menos se desliga un montón. 

 

¿Qué piensa de la nueva línea editorial de algunas marcas, que apuntan al empoderamiento femenino? ¿Cree en su intención incluyente?

No creo en conjuros neoliberales de la autoayuda, en mensajes como "si tú te quieres, el mundo te va a querer".   La publicidad usa estereotipos y también los desmonta. Evidentemente la industria sabe que la sociedad aspiracional ya no es el hombre blanco heterosexual dedicado a su empresa ni la mujer blanca consagrada a las tareas del hogar. La sociedad necesita otras formas de representación, siempre fuimos diversos y diversas, lo que pasa es que ahora todos exigimos representación. El capitalismo es tan brutal y salvaje, que una vez detecta un nicho de mercado, ahí apunta. 

 

La figura del cuerpo femenino, su cuerpo, está muy presente. De hecho, la obra empieza por la relación que llegó a tener con la María del Mar que veía en el espejo.

Creo que el chantaje del amor es algo muy fuerte, si estás gorda es más difícil que te quiera un hombre. El problema del amor heterosexual y heteronormado es que es una institución. Si no hay otras representaciones del cuerpo, es muy difícil cambiar el sistema. Si las modelos ultradelgadas son las que están diciendo "yo me amo como soy y el problema que tienes es que no te amas como eres”, es más jodido  amarte cuando creces con la idea de amar el cuerpo que no es tuyo. ¿Qué hacemos con los otros? 

Algunos pasajes son descarnados, se nota que no se reservó nada. ¿Hubo algo que dejó por fuera?

El último es un capítulo cuya escritura no fue difícil, pero la reescritura sí. En un momento llegué a pensar que era demasiado crudo y, al mismo tiempo, el lector no iba a saber cómo sentirse. Eso me trajo un montón de reflexiones y dilemas. ¿Cómo voy a retratar un abuso sexual? No me di ninguna concesión, me retraté con muchísima crudeza y énfasis en sobre si eso fue o no un abuso, si fue o no culpa mía. 

Su relato no tiene un tono pedagógico, virtud difícil de lograr cuando se narra desde la experiencia personal.

Para mí el libro nunca da respuestas, no las tengo, pero si las mujeres logramos realizar el análisis a través de nuestras historias y sobre nuestras biografías, algo que pueda pensarse enmarcado dentro de una serie de violencias generalizadas, podemos ver la manera de desmontarlas. 

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Redacción Cromos

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