Yepes: “No puedo ser desagradecido, he tenido una carrera muy sana”

Al anunciar su retiro del fútbol, lo recordamos con esta entrevista que nos dio antes del Mundial Brasil 2014 en la que nos confesó qué haría fuera de las canchas. ¡Gracias Yepes!
«Estoy seguro de que este equipo va a dejar el alma en la Cancha» Mario Alberto Yepes

Este caleño, ciudadano francés desde el 2006 y con tres hijos nacidos en Europa, donde juega hace más de una década, nos recibió con su familia en su apartamento en Milán. A los 38 años llega, por fin, a un mundial de fútbol. 

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Tan pronto llegamos a Bérgamo, la ciudad sede del equipo Atalanta, donde juega Mario Alberto Yepes, lo llamamos para coordinar nuestro encuentro. A él le parece bien vernos en el Hotel Meliá de Milán, donde va a comer en la noche con su familia. Pensamos que sería mejor encontrarnos antes en su casa en Bérgamo. «¿Bérgamo?», pregunta, sorprendido, Yepes. «¡Nunca he vivido allí!». Todavía estamos lejos de nuestro entrevistado. De Bérgamo a Milán son cuarenta minutos. Se siente culpable de no haber sido más explícito. Igual, al día siguiente vamos a visitarlo en la mañana. Su apartamento queda muy cerca al mítico estadio de San Siro. Habita en un conjunto de edificios alrededor de un jardín central con grandes árboles. Según Yepes, en estas torres viven muchos de los futbolistas del Inter y el Milán. Le pregunto a Yepes si Iván Ramiro, su gran amigo, también vive allí. No he terminado de preguntar cuando la respuesta ya viene en el aire: «¡Nooo, Iván Ramiro vive junto al Lago de Como!». Más tarde es el mismo Iván Ramiro el que nos confirma que tiene una «casita» en Como; por el atlas podemos imaginarla frente a los Alpes italianos. Ahora oficia de director deportivo del Inter de Milán. Volvemos con Yepes. Abraza a su hijo menor, de año y ocho meses. No tiene ningún problema en conversar frente al televisor, prendido con monos animados y sin volumen, para que Valentino se distraiga mientras su papá responde unas preguntas. Sus tenis Nike azul con rojo y blanco van muy bien con la Marilyn Monroe psicodélica que cuelga al fondo contra la pared blanca.

 

¿Cuánto lleva detrás de una pelota?

De mis 38 años llevo 27 jugando al fútbol, comencé a los once años.

 

Ha jugado en Colombia, Argentina, Francia e Italia, ¿dónde se juega el fútbol más recio?

En el fútbol francés. Francia es un país que colonizó media África, por eso muchos de sus jugadores son potentes. Vienen de Marruecos, Túnez, Argelia, Costa de Marfil y Senegal. Entonces, tener esa parte del fútbol africano hace que el fútbol francés sea más fuerte físicamente.

 

¿Cuáles son los jugadores más groseros?

Los argentinos y los italianos. A mí no me dicen nada, se supone que yo soy el que tengo que decir. (Se ríe). 

 

¿Y los más caballerosos?

El jugador colombiano es el jugador más educado que hay.

 

Dígame algo del fútbol que hoy se le facilite más a sus 38 años.

Entrenarme cada día es más fácil, porque el cuerpo ya se sabe de memoria lo que tiene que hacer.

 

¿Y algo que hoy le cueste más trabajo?

La concentración, dormir fuera de casa la víspera del partido, me cuesta mucho más por la familia. En mi caso, la concentración no valdría la pena porque podría estar en la casa sin problema y jugar al otro día.

 

¿Cuál es el inventario de heridas importantes en el juego?

¡Esas han sido muchísimas! Mentiras, no puedo ser desagradecido, he tenido una carrera muy sana. 

 

¿Las más graves?

En mis dos tobillos. Me fracturaron el tobillo derecho en un partido jugando para el París Saint Germain.

 

¿Quién le pegó?

Fue un jugador francés que se llama Djibril Cissé, que jugaba en el Marsella en esa época.

 

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¿Cómo fue la lesión del otro tobillo?

El otro tobillo fue jugando contra el Milán. Me rompí un ligamento interno y me tuvieron que operar. Esas han sido las dos lesiones más graves que he tenido.

 

El público frente al defensor es más implacable, le perdona más al atacante que falla un gol, que al que se deja hacer uno

Puede ser porque muchas veces cuando se equivoca el defensor hay gol en contra. En cambio, cuando se equivoca el delantero el partido puede ir 0 a 0, o puede ir ganando el equipo, y no sucede nada. Pero esos son lo gajes del oficio.

 

¿Por qué cambió, entonces, de delantero a defensa?

Más bien me cambiaron. Toda la vida jugué de delantero, pero el tema es que se dio la oportunidad de jugar con la selección Colombia sub-20 en ese puesto y decidí hacerlo ahí.

 

¿Cómo sucedió eso?

Todo sucedió en un partido, yo estaba jugando en el Cortuluá y el técnico, Reinaldo Rueda, me dijo que iba a jugar un tiempo de delantero y otro de defensa. Entonces, el técnico de la selección Colombia, Luis Fernando Montoya, que me estaba viendo, me mandó a la convocatoria como defensor y ahí me tocó tomar una decisión. La decisión era ir a la selección sub-20.

 

Con tantos años en el oficio, ¿en qué ha cambiado el jugador de fútbol de hoy?

No solo el jugador de fútbol de hoy, el fútbol en general ha cambiado. En la generación anterior los colombianos tenían más dificultades para llegar a Europa. Los jugadores tenían una adaptación menos rápida, y hoy hay muchos jugando en el exterior, lo cual hace que se tengan que adaptar sí o sí. Porque el tiempo de aprobación acá es muy corto, los equipos no dejan mucho tiempo al error.  Creo que el jugador colombiano ahora está más preparado para salir del país. Antes era uno o dos jugadores, ahora prácticamente el 90 % de la selección Colombia juega en Europa, y eso antes no sucedía.

 

¿Cuál fue para usted la prueba de fuego para llegar a Europa?

Yo llegué con Nantes a Europa y fue difícil para mí porque yo llegué en enero, en pleno invierno europeo. Me tocó empezar de cero. Fue difícil porque mi esposa estaba en embarazo. Llegamos con un clima terriblemente frío. Nosotros veníamos de Buenos Aires, que era una ciudad muy grande y cosmopolita. Llegamos a algo diferente y no sabíamos hablar francés. No hablar la lengua fue una prueba muy difícil. Era terrible. Era un problema ir a un restaurante. Lo primero que aprendimos fue a pedir la carne bien cocida porque allá te la dan muy cruda. Entonces pedíamos que estuviera ¡bien cuit! Eso fue hace 12 años, exactamente, pero la sacamos adelante los dos.

 

Usted pasa del fútbol argentino al francés. ¿Qué tal el cambio?

Bueno, el fútbol francés era mucho más rápido que el argentino. Es decir, yo pasé del fútbol colombiano, que era más lento, al argentino, y después al francés que era más rápido. La especificación era esa, se trataba de llegar lo antes posible al arco contrario.

 

¿Y se mantienen estas diferencias?

Es difícil dar una opinión del fútbol profesional en Colombia, pues desde 1999 no juego un partido allá. Sinceramente, estoy desactualizado porque hace quince años no juego en el fútbol colombiano. No sé, de pronto ha cambiado y está más rápido. Seguramente el fútbol colombiano es ahora igual que el argentino, o la diferencia es  mínima, antes era muy marcada y ahora no. Con el europeo sí hay diferencia todavía.

 

 

Con el calor de Cali 

 

¿Qué le llama la atención del fútbol italiano, donde ahora juega?

El fútbol italiano es un fútbol en el que toca estar prácticamente los noventa minutos muy concentrado. Cualquier error se paga caro, porque toda la semana se trabaja mucho la táctica, en cómo afrontar el rival, cómo priorizar las virtudes del otro equipo o las del tuyo o tratar de no dejar ver tus cosas negativas. Es un fútbol muy libreteado.

 

¿Nadie se sale de lo planeado?

En mi caso me debo salir lo menos posible por la posición en la que juego. Pero hay jugadores que, obviamente, se salen del libreto porque tienen que hacer la diferencia de la mitad de cancha para adelante.

 

Jugó en Chievo, Milán y ahora en Atalanta, y en estos seis años siempre ha vivido en Milán. ¿Por qué no ha salido de esta ciudad?

Estoy instalado aquí porque mis hijos van al colegio francés y el más cercano es el de Milán. Desde cuando jugaba en el Milán no cambié nada, todo sigue siendo igual. Hoy, para llegar a Bérgamo, viajo cuarenta minutos. Antes, para ir al sitio de entrenamiento del Milán, me gastaba una hora.

 

Como jugador ha vivido en varias ciudades. ¿Cuál es la más cómoda?

Creo que París y Buenos Aires, en la época que a mí me tocó.

 

Casado hace catorce años con Carolina Villegas, y papá caleño con tres hijos europeos. Una familia muy internacional. ¿Qué diferencias ve?

Luciano, mi hijo mayor, tiene doce, y habla mejor el francés que mi hija, Miranda, de nueve, que habla mejor el italiano. Él ha tenido una vida más repartida y creo que tiene más recuerdos de Francia.

 

¿Y Valentino qué va a hablar?

No habla nada todavía, tiene año y ocho meses, pero seguramente seguirá los pasos de sus hermanos, con el francés sobre todo; obviamente español, porque es el que se habla en la casa, y no sé si sus hermanos en su momento le enseñarán italiano.

 

¿Ciudadanos franceses desde el 2006?

Sí, creo que sí. Me ayudaba mucho en Francia porque antes uno tenía que renovar la estadía cada nueve meses, entonces era un montón de papeles y era difícil porque mucha gente anda haciendo ese mismo proceso.

 

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Gustavo Martínez

 

¿A sus hijos les gusta la salsa?

¡No! (Sonríe). A mí me encanta la salsa, pero a mi hijo mayor no le gusta mucho la música, y a Miranda le gusta mucho Violeta Parra, la argentina, Katy Perry, Rihanna, One Direction, que se presentó en Bogotá… ¡No podía creer que les dieron la camiseta vieja de Colombia! ¡¿Qué tal?! Vi la foto de los pelados con la camiseta vieja. ¡No hay derecho!

 

¿Escucha salsa aquí en la casa?

En la casa no, solo en el carro. Me gusta la salsa fuerte y la salsa romántica. Me gusta la salsa desde que tenía diez años.

 

¿Niche?

Claro, el Grupo Niche me marcó, como a todos los caleños; y Guayacán, por hablar de los grupos colombianos. No me gustó cuando se fue Willy García del Grupo Niche, entonces lo seguí mucho cuando estuvo en Son de Cali y ahora que está solo, también.

 

Aparte de la música, ¿tiene otra diferencia cultural con sus hijos? ¿En la comida?

No, la comida no, a ellos les encanta la comida colombiana, es más, les gusta mucho más. No solo comemos comida colombiana cuando viajamos, acá en la casa se vive Colombia. Ángela trabaja con nosotros, es del Cauca y tiene la sazón colombiana.

 

¿En qué otra cosa no se pone de acuerdo con sus hijos?

En el frío. Llevo muchos años acá y no lo puedo soportar, y mi esposa, que es caleña, tampoco. En cambio ellos viven tranquilos, nunca tienen frío. En invierno quieren llevar una camiseta y chaqueta liviana para el colegio; el frío no es un problema, mientras que nosotros lo vinimos a conocer  cuando teníamos veinte años, entonces nuestra memoria está con el calor de Cali.

 

¿Su hijo mayor va a seguir la tradición de fútbol de la familia?

No creo. Lo noto apasionado del fútbol, de verme en la Selección y en los equipos donde juego. Le gusta ser arquero, pero no lo veo con eso metido en la cabeza porque, para llegar a ser un jugador de fútbol, uno tiene que pensar en fútbol todo el día y él no es así.

 

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Gustavo Martínez

 

¿Cómo es vivir con una esposa periodista?

Bien, súper. Es chévere, la verdad es que, aparte de que es periodista, sabe de fútbol, entonces puede dar una opinión sin problema. Eso es algo muy bueno porque le puedo hacer preguntas y ella me responde tranquilamente.

 

¿En la casa quién manda?

En la casa manda ella.

 

 

Un recuerdo feo

Con 38 años, ¿hizo un plan para cuidarse para este mundial? 

A mí no me servía estar en competiciones europeas con el Milán, porque se venía el mundial. Y terminé jugando en Atalanta muchísimos más partidos de los que tenía que jugar, pero bueno, por lo menos podía hacer todas mis semanas completas de trabajo, es decir, jugábamos solo los domingos y no tenía que estar viajando o jugando entre semana.

 

¿Qué significó jugar en el Milán?

El Milán es una familia, el jugador que se ha puesto su camiseta siempre tendrá las puertas abiertas del club, puede venir cuando quiera; es su casa y se lo hacen saber. Es otro mundo, ojalá aprendiéramos eso en Colombia.

 

River, Nantes, París Saint-Germain, Milán, Atalanta, en ese peregrinaje futbolero, dígame tres grandes que haya conocido.

Cuando jugaba en el Milán tuve la fortuna de conocer a mis máximos ídolos: Van Basten, Paolo Maldini y Franco Baresi.

 

Ha estado en las eliminatorias de los mundiales de Corea-Japón, Alemania, Suráfrica y Brasil. ¿Cómo llega a este mundial con ese fogueo?

La verdad, es mucho fogueo, pero respecto a la enseñanza del Mundial, llego igual que todos porque voy a vivirlo por primera vez. Estoy seguro de que este equipo va a dejar el alma en la cancha con tal de llegar lo más lejos posible.

 

En el 2004, en el partido con Camerún, un jugador murió en la cancha. ¿Cómo recuerda ese episodio? 

Un recuerdo muy feo y duro, yo quedé muy golpeado. Lastimosamente, en el fútbol colombiano he perdido muchos amigos. Por ejemplo, cuando estaba en el Cortuluá, perdí a un amigo que jugaba conmigo. Se llamaba Otoniel Tascón, era arquero y tenía 18 años. Murió durmiendo, amaneció muerto, súbito. Después fueron Giovanni Córdoba y «Carepa» Gaviria, los del Deportivo Cali que murieron por el rayo que cayó en la cancha. Después murió Martín Zapata, lo mataron en Cali. Y la última que me dolió mucho fue la de Miguel Calero. Lastimosamente en Colombia ha sucedido todo esto.

 

¿Le tiene miedo a la muerte?

Antes no. Ahora sí le tengo mucho miedo, por mis hijos, no me gustaría dejarlos chiquitos. Le tengo miedo a que mis hijos no puedan cumplir sus sueños.

 

¿Algo a lo que le va a costar acostumbrarse de nuevo cuando vuelva a Colombia?

(Se ríe). Hoy venía por esa autopista y decía: «¿Cuándo tendremos en Bogotá una así?».

 

¿Qué va a hacer cuando se retire?

Este deporte me ha permitido hacer de todo, pero me encantaría poder volver donde he estado y hacerlo con calma, estar en Buenos Aires un buen tiempo, después venir a Nantes otro tiempo, volver a París, Milán y Verona. Tener el tiempo necesario para conocer. Llevo desde el 2002 en Europa y no la conozco bien; conozco estadios, pero me encantaría conocer muchas partes que no he podido por estar jugando.

 

¿En qué momento se dio cuenta de que podía cotizarse en el mercado del fútbol?

Creo que fue en el 98, cuando ganamos el título con el Deportivo Cali. Ahí me di cuenta de que podía llegar a ser un jugador con una carrera en el exterior. Y ahí me llamaron para jugar en River Plate.

 

¿Fue la confirmación de lo que estaba pensando?

En ese momento el fútbol argentino era muy diferente al de ahora, era mucho más competitivo, y River era un gran equipo. Fue un paso importante en mi carrera, el primero fuera de Colombia. Me fue bien, estuve dos años y medio y conseguimos títulos. Tengo la fortuna de que he ganado en los países en que he jugado.

 

¿Va a volver al Cali?

No, eso está decidido que no. El Cali y yo lo habíamos considerado, pero creo que no es el momento adecuado. Ellos me propusieron ir a jugar, pero yo pienso que voy a volver al Cali en otra situación y no como jugador.

 

¿Hasta cuándo hay Mario Alberto Yepes en las canchas?

La verdad es que a mi edad no me planteo muchas cosas a futuro, ahora estoy tratando de meterme de lleno a la Selección. De lo que venga después del Mundial, ya veremos.

 

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Gustavo Martínez