Jonathan Franzen, en el Olimpo de las letras

Si le preguntan a Jonathan Franzen qué conoce de Colombia, es posible que se refiera a una reserva natural ubicada sobre la Cuchilla de San Lorenzo en la Sierra Nevada de Santa Marta que muy pocos colombianos conocen.
Jonathan Franzen, en el Olimpo de las letras

En ese lugar tan específico estuvo hace unos meses viendo pájaros, una de las pasiones que lo sacan de su biblioteca y de la escritura de novelas. Es más, pertenece a la junta directiva de la fundación The American Bird Conservancy.

Franzen también escribe de aves. Hace más de un año publicó en la revista The New Yorker un artículo sobre el asesinato de aves migratorias en el Mediterráneo. Este escritor y protector de pájaros es el novelista estadounidense de la actualidad, y en agosto de 2010 apareció en la portada de la revista Time gracias a su novela Libertad, considerada por la crítica como “la gran novela de nuestro tiempo”.

Franzen ha escrito otras tres novelas: Ciudad veintisiete (1988), Movimiento fuerte (1992) y Las correcciones (2001), que  vendió más de 2,8 millones de copias en todo el mundo. Libertad, sin embargo, parece ser su consagración, calificada como una “obra maestra” por The New York Times.

Libertad es el retrato ácido de una familia acomodada social y financieramente que disfruta todas las libertades de la democracia estadounidense, aunque sus miembros están acosados por la insatisfacción. La historia transcurre durante el gobierno de George W. Bush, con personajes desgarradores y frases apabullantes.El éxito de la novela ha tenido diferentes análisis. Algunos le atribuyen la forma que Franzen le da como “fuente de placer”; otros la ubican muy cerca de un “estudio antropológico de la neurosis colectiva de nuestra civilización”. El autor ha dicho, después de ser comparado con grandes como Tolstoi, Dickens o Stendhal: “Busco un tono en el que el lector se pueda sentir en buenas manos. Quiero traer placer con todo lo que escribo. Placer intelectual, emocional, lingüístico y estético”.

Pero llegar al éxito ha sido también un duro trabajo de disciplina para este hombre de cara sonriente, pelo desordenado, gafas de moda y  apariencia relajada, estilo que lo aleja de cualquier estereotipo de escritor estrella, a pesar de ya estar en el Olimpo de las letras y de haber aumentado su cuenta bancaria.

Esta especie de nuevo estado de vida se lo dio Las correcciones, de la que HBO prepara una serie de cuatro temporadas;  luego se tomó ocho años para escribir Libertad con su dinámica estricta: encierro, nueve horas diarias, siete días a la semana y desconexión total de internet. Esta última fue una de las reglas para escribir que publicó en el diario The Guardian hace casi dos años: “Es dudoso que alguien con una conexión a internet en su lugar de trabajo escriba buena ficción”.

Franzen la cumple y su buena escritura es la que ha generado la reacción excitada de la crítica. Él dice que no escribe para todo el mundo y al comienzo su frustración provenía de querer escribir novelas complejas para ser disfrutadas por el público masivo. Por eso afirma que escribe para los que no están satisfechos y sienten vergüenza, para los inadaptados. “Pertenecen a todas las clases, razas, sexos y edades. Son esas personas que leen y que quizá visitan las tumbas de sus escritores preferidos, porque se sienten menos solos haciéndolo. Esa es la gente que realmente me preocupa”, dijo hace poco en una entrevista en París.

Lo paradójico es que el éxito, ese al que parece no darle mucha importancia, fue el que le permitió descubrir que su literatura no tenía que gustarle a todo el mundo. Después de Las correcciones entendió que no tendría que prestarle más atención a eso y confiesa que saberlo fue “liberador”.

Pero Franzen no es el tipo tan normal que parece y, como la mayoría de escritores, termina confesando ciertas debilidades ligadas a su oficio. Afirma que no tiene una sola personalidad y no está seguro de quién es. Por supuesto, una especie de juego con el que justifica su talento para ser escritor de ficción y, a lo mejor, superar su historia personal, simple y sin sorpresas para quienes lo siguen.

Nació en las afueras de Chicago en una familia modesta, pero fue criado en un suburbio de San Luis, Misouri. Obtuvo un grado en alemán en el Swarthmore College y después estudió en la Universidad Freie de Berlín. También trabajó en un laboratorio de sismología en Harvard. Hoy su vida se mueve entre viajes, su apartamento de Manhattan y su casa de Santa Cruz (California), junto a su mujer, la escritora Kathryn Chetkovich.

Franzen es, como los pájaros que admira, una especie no tan común. Es tal vez un determinante de su talento. No en vano ha dicho: “Siento como si fuera claramente parte de una tendencia, la de los escritores que se toman a sí mismos seriamente. Y confieso que me tomo a mí mismo tan seriamente como al siguiente escritor”.

El escritor estadounidense Jonathan Franzen será la estrella del Hay Festival, que se realizará del 26 al 29 de enero en Cartagena. Un invitado de lujo, considerado el gran novelista de la actualidad, gracias a su obra Libertad.