¿Existe el ginecólogo ideal o las mujeres están condenadas a asumir un pésimo momento?

La mayoría prefiere ahorrar dinero para pagar un particular a dejarse examinar por un profesional de EPS

Por: Carolina Sierralta

 

Muchas variables se presentan cuando una mujer asiste a la citología. Inevitablemente, por naturaleza la revisión es incómoda, pero la actitud del profesional puede hacerla aún más pantanosa.

 

Parece que están en extinción los encargados de hacerla llevadera. Estoy exagerando, por supuesto que existen, algunas mujeres dicen que son pocos, contados con los dedos de la mano. Los que dejan un recuerdo positivo pueden elevarse a la categoría de seres con una capacidad única y escasa en la actualidad: la capacidad de ponerse en los pies de las demás.

 

Para ellos es nuestro agradecimiento.

 

Gloria Echeverri

 

“Mi ginecólogo ideal, para empezar, tendría que ser cálido, pero no confianzudo; es decir, en la intimidad de ese consultorio en el que uno está tan vulnerable, necesita amabilidad, pero profesionalismo. Los límites son claves. Además, es importantísimo que tenga buena mano, que sea delicado, que entienda que cada uno de sus movimientos y decisiones afecta mi cuerpo. Por otra parte, debería tener suficiente tiempo y disposición para resolver dudas, para dar explicaciones, para hacer preguntas determinantes, para hablar con la verdad pero con prudencia. También debería ser un especialista que no trata de imponer sus posiciones morales o su punto de vista, sino que plantea realidades y deja que la paciente tome sus propias decisiones. Como hablamos de ideales, a la hora de hacer intervenciones, incluso tan sencillas y cotidianas como una citología, los ginecólogos deberían estar en compañía de una enfermera o un pasante, que ayude a evitar esas historias en las que los médicos (que en ocasiones abusan de su posición de poder) se sobrepasan con sus pacientes, las tocan de maneras indebidas o les hablan de una forma inadecuada”.    

 

Diana Castaño

 

“Como mi experiencia con ellos no ha sido la mejor, la citología se convirtió en un martirio. Sin embargo, la última vez que fui, justo en abril, me atendió un profesional que procuró ponerse en mi lugar, me hizo suavecito, al tiempo que me llenaba de confianza. Fui de las últimas pacientes del día, tenía miedo de que él estuviera cansado y quisiera salir pronto de mi consulta. Para nada fue así”.

 

María Alejandra Torres

 

“Yo prefiero que me atienda un hombre, lo digo sin pelos en la lengua. Considero que ellos son más sensibles, se les facilita ponerse en nuestro lugar. Lo digo por experiencia, aunque quiero pensar que las médicas indolentes que me han tocado son producto de una mala coincidencia. Lo suyo ha sido la rapidez, de cumplir el trabajo en detrimento de la integridad de la paciente.  Quizás suponen que el especulo no duele, dan por sentadas un montón de cosas y en la citología las cosas no pueden ser así. Tampoco pido demasiado, pido calma y paciencia. En cambio, los hombres médicos (insisto, en mi caso) han mostrado respeto por mi cuerpo”.

 

Camila Cortés

 

“En EPS mujeres y hombres médicos son lo mismo. Por eso procuro ahorrar para pagar un particular.  No voy a cualquiera, antes de separar cita consulto con amigas, que me dan sus razones para señalar si la médica o el médico es el más idóneo. En mi ciudad natal tengo mi ginecólogo, pero desde que vine a vivir a Bogotá tuve que cambiar y me ha ido bien”.

 

Paola Colón

 

“Para una citología tiene que haber una ginecóloga al otro lado. Nunca he ido a consulta en la que me atienda un hombre. Por suerte, tengo mi ginecóloga de toda la vida, la descubrí en la adolescencia y me acostumbré a su profesionalismo. Tenemos una relación de confianza, no somos unas extrañas. Me produce ansiedad imaginar el día en que ella no esté. Claro, buscaré a otra, mujer, por más que me digan que X o Y médico es el mejor. Mientras pueda, no me dejaré auscultar de un hombre”. 

 

Foto: Getty Images.