“Falcao ha avanzado por ser un buen ser humano, amigo e hijo” Papá de Falcao

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Me interesa que otros confíen como yo en sus capacidades. Me interesa que sea feliz.

Siendo un niño, Falcao tenía talento. Fue un adelantado a los de su generación; siempre quiso destacarse y trabajarlo. En Santa Marta, en Venezuela, en Bogotá, ciudades en las que vivimos. Tuvimos una vida itinerante porque yo fui futbolista profesional. En mis tiempos libres, entrenaba a mi hijo. Me tenía dos o tres horas todos los días. Pero el momento clave de ese proceso —y el más difícil para mí— fue cuando se montó en un avión a Buenos Aires. Antes de que se subiera yo le dije que tenía que estar seguro, que se iba lejos, que estaría a seis horas por aire y a quince por tierra, que si se regresaba quedaría en ridículo. Le hablé con severidad, pero con el alma arrugada. Él, sin dudarlo, aseguró: “Esto es lo que yo quiero”. Y yo me quedé insomne durante tres años. Fue terrible dejarlo ir. Noche tras noche me despertaba a las dos de la mañana. Mirando al techo me preguntaba si todo andaría bien en Argentina, si Falcao estaría pasando trabajos o hambre. Porque él llegó a una casa de familia y no le pagaban un peso, así que eran inciertas las condiciones en las que se encontraba. 

En Buenos Aires, Falcao adquirió las costumbres de los argentinos y su forma de pensar. Ellos son amantes del triunfo, no se dan por vencidos, y asumir de esa manera el deporte —adicionalmente a todo el aprendizaje técnico– le dio las herramientas para luchar y llegar a Europa.

Pero claro, no todo fue por los argentinos ni por su talento. Más que por cualquiera de estas razones, Falcao ha avanzado a la cima por ser un buen ser humano, un buen amigo, un buen adversario y un buen hijo. 

Por eso, si solo me quedara un consejo para darle, no escogería repetirle que deje de adelantarse al balón. Ni le diría que corra de otra forma o que espere. No. Le recomendaría que nunca abandone su esencia, que no deje de ser la persona que ha sido, ni que aparente ser algo que no es. Es gracias a su forma de ser que ha llegado lejos y que me ha dado la tranquilidad de volver a ver los partidos en los que él juega sin destrozarme las uñas. 

Ahora que ha alcanzado tanto, disfruto más y me preocupo menos. Ahora confío en mis intuiciones sobre él y sé que si se mantiene fiel a sí mismo, seguirá sumando triunfos. Poco me importa que se demore en responder mis mensajes y que lo haga con pocas palabras. Me interesa que esté presente en nuestras vidas cuando es clave que esté. Me interesa que otros confíen como yo en sus capacidades. Me interesa que sea feliz, que siga alcanzando metas y que esté tranquilo”.

 

131114_ReproduccionesFalcao_DS_010Flickr
Foto: Archivo 

 

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