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5 cuentos para leer en el bus

Lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Eso reza el refrán de Baltasar Gracián y se confirma en estos relatos rotundos y eficaces.

Por Redacción Cromos

23 de febrero de 2018

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1. 19 de diciembre de 1971
Roberto Fontanarrosa  

 

Hay partidos que no se pueden perder. Esa es la premisa de este cuento, en el que el fútbol y la victoria son más importantes que la vida. Un grupo de hinchas de Rosario Central, en Argentina, está dispuesto a todo para ganarle a Newell's: hacer brujería, enterrar un sapo, botarles sal a los contrincantes, entregarse a las cábalas o llevar a la cancha al viejo Casale, un talismán que nunca ha visto perder al equipo pero que tiene prohibido ir al estadio, ya que ha sufrido un infarto y cualquier emoción fuerte podría matarlo.

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2. Solo vine a hablar por teléfono 
Gabriel García Márquez 

 

 

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María de la Luz Cervantes se vara en la carretera. En días en los que no había celulares, su única alternativa es esperar a que alguien la rescate. Pasa un bus repleto de mujeres y el conductor le ofrece acercarla a un lugar donde encontrará un teléfono. En al trayecto se queda dormida y, al despertar, descubre que se encuentra en un manicomio, donde la han confundido con una de las pacientes. Desde ese instante, la lectura es solo zozobra, angustia e impotencia.

 

3. La autopista del sur
Julio Cortázar

 

 

¿Qué pasaría si un trancón inmenso se armara, durante días, desde Rionegro hasta Medellín? Cortázar imagina esta situación hipotética, pero ubica el embotellamiento en Francia. De repente, los carros dejan de moverse y permanecen detenidos por un tiempo que se parece a la eternidad. La clave de este relato está en reflexionar sobre lo que le ocurre al ser humano cuando se enfrenta a una situación límite.

 

4. El corazón delator 
Edgar Alan Poe

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Hay vicios y rasgos de otras personas que a veces no resistimos. El olor a tinto y cigarrillo de la profesora de matemáticas. El tic del vecino de la oficina, que mueve el pie sin pausa. La sonrisa falsa de la novia de tu hermano. En esta historia, un narrador anónimo está obsesionado con el ojo enfermo de un anciano. Tanto, que un día decide matarlo. No se imagina, sin embargo, que su corazón nunca dejará de latir.

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5. Aceite de perro
Ambrose Bierce

 

 

Este cuento es ironía de principio a fin, y eso atrapa. Su primer párrafo lo anuncia todo: “Nací de padres honestos: mi padre era fabricante de aceite de perro y mi madre poseía un pequeño estudio, donde se ocupaba de los bebés no deseados. Me inculcaron hábitos industriosos: ayudaba a mi padre a procurar perros para sus cubas y era empleado por mi madre para eliminar los restos de su trabajo”. Cada palabra es delicada y espeluznante.

 

Foto: iStock.

Por Redacción Cromos

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