
Ubicación: Calle 53 N° 43-81. Al lado del Colombo Americano.
1. Hay que probar:
El pollo crocante. Tiras de pechuga bañadas en salsa de la casa y acompañadas de unas papas a la francesa que no le quedan mal a ningún plato. Viene en la porción exacta para quedar satisfecho y deja espacio para el postre, que puede ser una rica torta de chocolate blanco.
2. La música:
Conocí El Acontista por las fabulosas presentaciones de los viernes. Siempre va una banda de jazz o rock alternativo de la ciudad. Para ese momento, las cervezas artesanales son ideales. Casi nunca está lleno y la música, en lugar de ser adorno, es el complemento perfecto.
3. El servicio:
Los paisas se jactan de su amabilidad y no es para menos. En el restaurante nunca hay presión por dejar propina, por pedir rápido o por desocupar la mesa después de terminar. Todos atienden con eficacia y buena cara. Dan ganas de quedarse y volver.
4. La librería:
Si para usted es difícil ver un libro y abstenerse de ojearlo y tocarlo, tiene que entrar a la librería de El Acontista. Además de ser físicamente bella –llena de cuadros de escritores, con un tablero donde se escriben citas y un antiguo proyector de cine–, es una de las librerías más completas de la ciudad. Tiene libros de editoriales comerciales e independientes. Venden, además, libretas y agendas hermosas diseñadas por artistas paisas. También tiene club de lectura y encuentros con escritores cada mes. Vaya.
Para la billetera: Los precios son razonables. Pueden ir desde $10.000 hasta $35.000.
Fotos: Cortesía El acontista.
