
Él es Álvaro Gómez, el diseñador de Jeans
Nació en el mismo pueblo antioqueño de Juanes, Carolina del Príncipe, a 101 kilómetros de Medellín, y comparte con el cantante un trozo de su propia historia. Un capítulo memorable que se abre cuando trabajando a los 15 años en una discoteca, le tocó en varias ocasiones sacar a empellones y coscorrones al intérprete de La Camisa Negra -mucho más joven que él- porque se colaba a bailar en la pista de La Tumbadora. De ahí viajó a Medellín a trabajar en lo que fuera, todo con tal de poder cumplir su gran sueño de convertirse en un fabricante de bluyines. Treinta años después, a los cincuenta recién cumplidos, su empresa vende 10 mil pantalones para mujer al mes y, como si fuera poco, su marca Trucco's desfiló este año por una pasarela de Colombiamoda. Para Alvaro Gómez, el de los jeans: “el dinero ya está hecho, solamente tienes que crear un plan exacto para atraerlo hacia tí. El que lea esta entrevista que se grabe esta frase: nadie consigue lo que quiere, a no ser que sea de verdad lo que quiere”.
Álvaro Gómez, ¿conservador?
No, no, no. De política muy poco. Me propusieron un día meterme en la política para usar ese nombre, pero no me gustó la idea.
¿Y qué se le viene a la cabeza con el nombre Álvaro Gómez?
¡Ah! bueno, recuerdo a un gran político, buen abogado, que se destacó mucho en la Constitución del 91. Y de ahí, pues, se debatió entre miles de pensamientos que llevaron a consecuencias nefastas.
¿Usted es el rey de los jeans?
No me considero el rey, hay otros muchos mejores que nosotros, pero sí me considero una persona que ha sabido incursionar en el negocio. Lo que siempre he sido es un apasionado de los jeans. ¡Muero por esa prenda! Yo jamás he querido hacer otra cosa. Mire, varias personas han querido regalarme estudio y yo siempre he dicho que yo quiero ser empresario y contratar a todos los profesionales que salgan de la universidad.
De sus 50 años ¿cuántos en el negocio de los jeans?
En este trabajo tengo unos 24 años. Compré mis primeros jeans muy joven, con mi propia platica, y yo me ponía a mirar esta prenda y decía: “¡qué es esto tan maravilloso! ¡Cómo harán!” ¡Fue amor a primera vista!
¿Cuántos jeans vende hoy en día?
Pongámosle 10 mil jeans al mes.
¿De dónde son sus clientes?
De Barranquilla, Bogotá, Cali, Pereira, Cartago, Santa Marta, Cúcuta, Bucaramanga. También tenemos buenos clientes en Ecuador, Canadá, México, Guatemala y Panamá.
¿Se considera parte de esa Colombia que viene de abajo?
Pero por supuesto, soy un ejemplo de la superación, y quiero decirlo así francamente, aunque suene un poquito orgulloso de mí mismo, pero, modestia aparte, quiero decirlo así. Mi testimonio es para que todos se den cuenta de que sí se puede. El dinero está hecho, solamente tienes que crear un plan exacto para atraerlo hacia tí".
De mesero en una discoteca en Carolina del Príncipe a empresario de jeans, ¿eso era lo que usted quería?
Claro, y créame que no he llegado a todo lo que quiero. Seguimos trabajando, obviamente si no nos alcanza la vida, ya nuestras futuras generaciones van a continuar el proyecto.
¿Cuántos hijos tiene?
Dos hijas, de 13 y de 20 años. La mayor, Melissa, estudia Negocios Internacionales en Eafit, y la pequeña, María Isabela, está en el colegio Teresiano.
Una generación con menos dificultades.
Por supuesto, tienen que aprovechar. Pero nosotros le hemos enseñado a ella a que no mire la comodidad. Ella fue a Australia, y consiguió su propio empleo y obtuvo sus propios recursos económicos limpiando el edificio de la policía de Melbourne.
Álvaro, ¿hasta qué curso estudió?
Bueno, yo estudié mi bachillerato en mi pueblo y me vine hacia Medellín, acá estudié inglés en Patio Bonito, tres años, y cinco meses un curso de Planeación Financiera a distancia con la Universidad de la Sabana.
¿Su primer palabra en inglés?
(Toma impulso, mira al techo y suelta su frase). My name is Álvaro. I’m from Colombia. (Al final sonríe).
Después de su curso de inglés, ¿qué pasa?
Hay un vacío ahí porque la construcción de la empresa nos mantuvo un tiempito ocupados, y también el Banco de Colombia, ellos muy analistas, notaron que nos hacía falta un poco de conocimiento en el tema, y nos capacitaron con un curso a distancia para las PYMES. Eso fue hace trece años. En ese entonces tenía 38 años, creo. Hoy acabo de cumplir 50.
¿Qué le hubiera gustado estudiar?
Me gusta ser dinámico y, de hecho, nos han dado premios por el dinamismo de la misma empresa. Me hubiera gustado mucho estudiar Derecho y Negocios Internacionales.
Coscorrones para Juanes
¿Qué música oye?
Me inclino por el vallenato y también me atrae la música romántica, las baladas.
Dígame un baladista de sus favoritos.
Julio Iglesias y Rafael, escuchándolos se le pone a uno la piel de gallina. Y en música americana, el grupo Air Supply, los Beatles y los Bee Gees, espectacular.
¿Y la música de Juanes le gusta?
Por supuesto, me trae a la mente la época en que compartí con Juanes, cuando estábamos en nuestro pueblo, él era un poco menor que yo, obviamente.
¿Tienen en común que son del mismo pueblo?
Sí. Ambos somos de Carolina del Príncipe. Un pueblo maravilloso que tiene magia, tranquilidad, paisaje y agua, la cual es utilizada para las hidroeléctricas.
¿Y qué tiempo compartieron?
Juanes es una persona maravillosa que desde pequeño ha sido muy inquieto. Nosotros nos conocemos porque yo trabajaba en una discoteca. Ahí trabajé durante ocho años de mi infancia.
¿A qué edad?
No debería de haberlo hecho porque hoy es mal visto que un niño trabaje, pero yo trabajé más o menos de los 13 años, prácticamente, hasta los 18 años.
¿Qué hacía en la discoteca?
Me tocaba atender a los clientes. Se llamaba La Tumbadora.
¿Y cómo se cruza Juanes en el cuento?
Juanes era un niño demasiado pinta, demasiado apuesto con su cabello dorado, que se metía a la discoteca a bailar porque las niñas lo llevaban, y yo tenía que sacarlo de allá porque era menor de edad.
¿Y lo sacaba?
Obviamente, a coscorrones muchas veces y él me devolvía unas patadas cuando me descuidaba.
¿Y volvía y entraba?
Por supuesto, me ocupaba todo el tiempo, pero no solo era él sino todos los niños. En esa época todos querían divertirse y la mayor atracción era el baile. Era una diversión sana, ellos no consumían licor ni nada de eso, solo les atraía la pista de baile.
¿Qué sonaba en la pista?
La música de Lucho Bermúdez, de Lisandro Meza. Tanta música alrededor suyo, creo que inspiró a Juanes para llegar al éxito.
¿Y cuando usted se va, Juanes todavía vivía en el pueblo?
No, no, no. Juanes nos visitaba cada fin de semana y en las vacaciones. Él no vivía totalmente allá, pero es un hombre que le ha encantado el pueblo y yo sé que lo ama demasiado.
Una maleta llena de pantalones
¿Para usted qué es el éxito?
Es cómo uno se inventa un cuento con la vida, con final feliz.
¿Cuál es la clave del éxito en su negocio?
La clave del éxito en nuestro negocio es la innovación. Mira, nosotros hacemos cinco colecciones de jeans al año. Y lo mínimo que debe ir en las maletas de los vendedores son ochenta diseños diferentes.
¿Qué clase de mujer quiere comprar sus jeans?
La que busca mantener su ego impecable. La mujer que le gusta sentirse coqueta, tranquila y bien vestida. Lo que pasa es que nosotros tenemos diversidad de siluetas, aparte de eso sacamos otras telas y más diseños.
¿Qué modelos ha utilizado para sus campañas?
Entre las que han hecho la imagen de Trucco's, podemos destacar a Verónica Velázquez, María Patricia Montoya, y nuestra actual modelo se llama Marcela Gutiérrez.
¿Por qué Trucco's?
A mí me encanta que me hagan esa pregunta porque es bueno explicar que hacer jeans es hacer trucos. Es coger una tela de jean azul totalmente simple, y con la imaginación poder ser capaces de ponerla a volar y hacerla deseable. Esa es la magia de los jeans. Que la correa, el tache, el desteñido, la pedrería, miles de cosas.
Volvamos atrás, después de la discoteca ¿a qué se dedicó?
Luego vendí naranjas en la plaza de mercado, los domingos.
¿Y cómo era el negocio de las naranjas?
Muy bueno porque me las regalaban. Descubrí que tengo una habilidad para convencer, porque yo iba donde una señora, doña Rosalina, y le decía: “mire que esas naranjas se le van a podrir, están muy maduras”, y ella me respondía: “mijo, bien pueda, ¿quiere llevar un poquito?” Y ahí mismo me llevaba medio bultico.
¿Cuál fue el obstáculo más fuerte que tuvo que superar?
La ansiedad de comenzar, definitivamente. ¿Sabes por qué? Porque yo estaba sin un peso y tenía una idea maravillosa. Terminé el bachillerato en mi pueblo, me vine para Medellín con el ánimo de empezar a trabajar en cualquier cosa que me generara recursos. Y empecé a trabajar en un restaurante bar que se llamaba Carbón, desde las 4 de la tarde a las 4 de la mañana, era una situación muy atípica.
¿Y qué hacía?
Asar carne y servirla. Me dijeron: “los términos son estos, bien asado, tres cuartos y término medio”, y me inauguré de chef.
¿Cuánto ganaba?
Al mes llegaba millón ochocientos, muy bueno en esa época. Estoy hablando de hace veintiocho años. Las propinas eran muy buenas. Más o menos, acumulé unos nueve millones de pesos.
¿Gastaba mucho?
Yo era el financista nato, más bien avaro. Compraba poca ropa, solamente le ayudaba a mi hermana con los gastos de la comida y del arriendo. La verdad no me quedaba tiempo de gastar porque yo era el profesional de la noche. Imagínese que corrí a abrir una cuenta, eso se lo enseñan ahora en las universidades.
¿Cuál fue su primer negocio?
Comenzamos con un localcito en El Hueco, pleno centro de Medellín. Ese local nos valió 4 millones quinientos mil pesos y Gladys, mi cuñada, tenía esa platica ahorrada y de una lo compró, y nos dijo que conformáramos una sociedad con ella y con mi novia, ahora mi esposa, Gloria Amparo Zuluaga. A partir de ahí empieza esa sociedad hermosa.
Al estilo de los marinillos
¿En qué momento entran los marinillos?
No. Marinillos no. Ellos no tienen que ver nada con nosotros. ¡Granadinos sí! Mi esposa y mi cuñada son oriundas de Granada, Antioquia. Es un pueblo muy particular donde el 90% de su población encamina su vida hacia el comercio.
¡Igual que los marinillos!
Los marinillos también tienen esa particularidad. Viven bajo esa premisa de encaminar a sus pupilos al comercio.
¿En qué creen los granadinos?
Bueno, los granadinos creen en que la vida se simplifica. Hoy en día ellos creen en que la vida se reduce a vendo, obtengo ganancia y con eso sostengo mi familia.
¿Cuáles son las reglas de juego de los granadinos?
La principal es la de mantener la familia y la fe y el negocio. Ahí están pintados.
¿Cuánta gente gira alrededor de su negocio?
Ahorita tenemos más o menos unos 43 empleados fijos en nuestra oficina, pero nosotros generamos empleo indirecto para unas 1.200 personas que manufacturan nuestros productos.
¿Usted en quién cree?
Creo en Dios primero que todo.
¿Y en quién no cree?
Bueno, no creo en las personas que se sientan a criticar y a ver qué hacen las otras personas, en vez de dedicarse a su trabajo.
¿Sigue en El Hueco?
Sigo en la misma zona, pero en un lugar un poco más cotizado, gracias a Dios. Pasé de un local de dos metros y medio a una oficina de 256 metros.
Fotografía: Esteban Escobar / Cámara Lúcida



