
EL TERROR DE SEXTO B, LITERATURA INFANTIL SOBRE LO DIFÍCIL DE CRECER
En una libreta Yolanda Reyes pone lo que la impacta. Puede ser el modo de hablar de una persona, una frase suelta, la pinta de un transeúnte, cualquier cosa que sea una imagen que insinúe convertirse en relato. Un día lo que le contó una conocida se hizo cuento. Otro día, de boca de un amigo, escribió Era domingo en su peor hora, en la libreta, y luego en una máquina de escribir. El inicio de El día en que no hubo clase. Fue a finales de los ochenta.
Otro día a finales de los ochenta, Yolanda iba en un taxi. Sola, en una hoja blanca, concibió De regreso al estudio. Otra vez primer día de colegio. Falta tres meses, veinte días y cinco horas para las próximas vacaciones, el comienzo de Frida, el cuento que, según ella, llega más a los lectores de El terror de Sexto B. Frida la sueca de la que se enamoró Santiago, el protagonista.
“Fui recogiendo vivencias de mis amigos. En los relatos de El terror de Sexto B exploré mi niñez y la uní con esas historias”. Tal como se lee hoy, la obra se concibió lentamente. Antes de entrar en la década del noventa, el libro fue finalista de concursos literarios. Segundo puesto y diploma. Diploma y segundo puesto. “Yo sabía que en literatura las cosas eran difíciles. Me encontré con que en los concursos de literatura infantil premiaban los delfines rosados, la idea de la selva, cosas idealizadas por adultos. Las historias eran poco urbanas, y yo quería llegar a los niños que se levantan todos los días y se ponen el uniforme”, explica Yolanda.
“Tiene más de 21 años, porque el tiempo de creación de un libro no se cuenta, solo el de publicación. Va a tener casi treinta, porque yo lo empecé a escribir en 1989”.
De la desazón de su lugar natural en los concursos nació Saber perder. A las aulas ingresaba un nuevo personaje. “El colegio siempre ha sido el campo de los ágiles, los fuertes, los coordinados”, dice Yolanda. Precisamente de un ególatra y disciplinado nadador que no logra el campeonato nacional se trata el sexto relato. En siete años maduró el manuscrito de la obra Un amor demasiado grande y otras historias de colegio, como inicialmente se llamó El terror de Sexto B.
Hasta que por fin en 1994 obtuvo el Premio Noveles Talentos de Fundalectura. El sello del reconocimiento inspiró a Yolanda sin que ella se enterara. “Al ganarme el premio, Conrado Zuluaga, director de alfaguara, quería publicarlo. Me preguntó por otra historia del colegio y yo le respondí que no tenía, que estaba trabajando en otro proyecto, que odiaba el colegio”. Un amor demasiado grande y otras historias de colegio estaba incompleto, le hacía falta un capítulo emblemático: El terror de Sexto B. “Comenté la situación con amigos y hubo uno que me sugirió una idea. Yo ya me había dado por vencida, le comenté al director que no iba a añadir una línea y un viernes santo muy oscuro, me senté a teclear hace una semana yo era un tipo común y corriente. Digamos que sin problemas. Porque tener matricula condicional y el año prácticamente perdido no son problemas graves. Era la historia que me había contado un amigo, con la diferencia que el personaje del profesor al final no muere. Era El Terror de Sexto B”.
Tras más de treinta años dedicada a la escritura, Yolanda se sigue dirigiendo a los niños como le hubiera gustado que le hablaran en su infancia. En sus palabras, El Terror de Sexto B no es un texto sobre valores en la escuela, porque “cuando se hace literatura no se es consciente de lo que está haciendo”. Lo pensó en un tiempo en el que la literatura infantil se empezaba a considerar como un oficio serio. Por sobre todas las cosas, de su libreta Yolanda quiso sacar niños reales y eligió el colegio por ser un escenario en el que se descubre el amor, el miedo, la individualidad y en el que se replican modelos”.
Sobre esto, en una Circular para los lectores de estas historias, que funciona de prólogo a los cuentos, Yolanda deja claro al lector lo difícil que es estudiar. Y hoy, tras casi 21 años de publicación, no pierde vigencia:
“Los papás siempre dice cuando yo tenía tu edad, era el mejor de la clase. Dicen también que el colegio es la época más divertida de la vida, la más feliz y descomplicada…dicen y dicen mil maravillas por el estilo. Claro que los papás llevan muchos años fuera del colegio y son gente de pésima memoria. Ya no se acuerdan del prefecto de disciplina ni de las malas notas. Es más, yo creo que solo se acuerdan de las vacaciones. Estas historias del colegio no son así”.
Acto seguido, el lector entra al mundo que a pedazos nació en una libreta y que hoy se puede leer en América Latina y España.
Fotos: Alejandro Gómez.
