"Estoy aprendiendo a perdonar", Luis Fernando Montoya
La Copa Libertadores ganada en 2004 me mostró lo que era capaz de hacer en mi carrera profesional. Y en mi vida. En un principio, la Copa la tomé como un premio personal; sin embargo, a medida que fue pasando el tiempo, supe que el título es la demostración de las capacidades positivas que caracterizan a los colombianos. Nosotros necesitamos apoyo y garantías para trabajar. Yo lo pude aplicar en el fútbol, así como muchos lo han aplicado en sus ámbitos.
Desafortunadamente, el año en que conseguí mi campeonato más importante, sufrí el atentado que truncó mi vida. En un instante pasé de la gloria a pelear contra la muerte. ¿Quién está preparado para dar semejante batalla? La idea de saber que no podía volver a las canchas a laborar directamente con los jugadores, porque era un técnico de trabajo en el campo, no de oficina, hacía mi recuperación más complicada. Me inquietaba saber qué sería de mí en adelante, con mi hijo José Fernando siendo un niño. Entonces no encontraba fuerzas. Sentía que la fortaleza me era esquiva, que se escondía. Fue realmente duro para mí y para mi familia. Pero finalmente la encontré. Si me preguntan en dónde estaba, digo que la tenía en mi mente. Mi fortaleza mental sirvió para dejarme ayudar, para sentirme útil, para producir pensamientos en la parte ocupacional con el apoyo de mi amigo Luis Alfonso Sosa, la intervención de los médicos, las enfermeras, las terapeutas respiratorias, las fonoaudiólogas, el fisioterapeuta, en fin, un gran equipo interdisciplinario, que se han entregado en cuerpo y alma para que hoy yo esté mucho mejor. Su dedicación y su sacrificio los aprecio a diario. ¡No saben cuánto! Si no fuera por ellos y por el esfuerzo de mi esposa Adriana y mi hijo, hoy la historia sería diferente. Ellos son los pilares en mi proceso de recuperación, representan las claves en lo que he sido y lo que soy. Del mismo modo, debo agradecer a mis hermanos por estar a mi lado, incondicionalmente.
En cuanto a mi salud interior, reconozco que al principio me dio rabia con los que me atentaron. Sin embargo, así como aprendí a hablar y a respirar, estoy aprendiendo a perdonar. Con Dios comogran aliado, yo digo que jamás empuñemos un arma para conseguir lo que queremos. El camino que él nos ha trazado es el del trabajo. Solo esforzándonos con dignidad y respeto al prójimo, podemos subsistir como comunidad. La prueba está en los miles de colombianos que lo hacen a diario, que se esfuerzan en silencio, que se van a dormir con sus consciencias tranquilas.
Es que quedar en estas condiciones de cuadriplejia no es fácil, pero con fe, paciencia, apoyo familiar, apoyo de amigos, mentalidad fuerte y trabajar diario, mi situación es más soportable. Hacerme sentir productivo en entidades como el Sena, la Personería de Bogotá, al Instituto de Deportes y Recreación de Medellín y El Espectador, me llena de fuerzas para continuar con mi vida. Aprovecho este espacio para decir a los colombianos que, a pesar de nuestras condiciones, nos deben dar oportunidades académicas y laborales para salir adelante. Hemos demostrado que cabemos en este país, aunque todavía falta bastante para que los chances sean los mismas para todos, sin importar quién seas.
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