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"He domesticado un poco mi talante", María Elvira Samper

La periodista colombiana que nació en una familia liberal, le contó a Cromos lo que no se calla.

Por Redacción Cromos

03 de junio de 2016

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Decir lo que pienso, cuestionar, preguntar, confrontar ha sido una característica no solo de mi vida profesional, sino de toda mi vida. Siempre fui contestataria, rebelde, con causa o sin causa. He odiado las imposiciones, las verdades reveladas, esas que en una educación de carácter confesional como la que recibí en un colegio más papista que el Papa, me rehusaba a tragar enteras. Cuestionaba a los profesores, protestaba por las injusticias, terminaba el año con matrícula condicionada. Pasé muchos sábados castigada, no encajaba en el molde. 

Pertenezco a una familia muy liberal —sobre todo la materna—: mi abuelo Luis Eduardo Nieto Caballero era masón grado 33, y mi abuela, María Calderón, una mujer de mente abierta que opinaba con independencia. Viví con mis abuelos durante la dictadura de Rojas Pinilla en medio de un caldeado ambiente político y veía cómo mi abuelo salía de tarde en tarde a llevar personalmente al Palacio unas cartas en las que cuestionaba al general por sus actos y la corrupción de su gobierno. En esa casa se conspiraba contra la dictadura, se organizaban marchas y protestas. A mi abuela y a mis tías las llamaban “las policarpas”.

Mi mamá, Lucy Nieto de Samper, fue de las primeras mujeres que tuvo columna de opinión en El Tiempo —y ahí sigue al pie del cañón a los 93 años—. Fue pionera en la defensa del control de natalidad. El cura de la iglesia a donde nos llevaban a misa, la vaciaba desde el púlpito. Esa es mi herencia.

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Me tocó vivir la época de transición de los años 60. Mi generación fue una generación puente, la de la revolución sexual, los anticonceptivos, la liberalización, el ingreso masivo de las mujeres a la universidad, la revolución cubana, el movimiento estudiantil. Las mujeres querían ser algo más que mamás, hacer una carrera, tener  una profesión, un mundo propio distinto al doméstico.

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Foto: Cortesía.

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