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Inteligencia, sexo y territorio

Vivimos en los tres como en nuestra propia casa. En su intimidad crecemos, sobre sus paredes imaginarias dibujamos nuestros atrevimientos, recreamos nuestros sueños y afrontamos nuestros miedos.

Por Redacción Cromos

14 de abril de 2010

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 Jugamos con nuestras sombras y creamos mundos paralelos. Nuestra realidad se impregna de sus bondades y de sus fanatismos, de sus ángeles y de sus demonios.

Inteligencia, sexo y territorio. Gracias a ellos nos atrevemos a ser lo que somos en el fondo o nos extraviamos en delirios frente a espejos rotos. Con su luz reteñimos nuestra imagen ante el mundo o la distorsionamos para vivir como fugaces destellos. Inteligencia, sexo y territorio. Espacios muy personales y a la vez rincones de todos.

Evidentes y misteriosos. Alrededor de ellos se forman ruidosos ejércitos, cofradías silenciosas y hombres y mujeres solitarios. Tres grandes anclas con la fuerza de la gravedad para arrastrarnos como la lluvia, a través de la tierra sedienta, a lo profundo de nuestras esencias. Tres conjuros ambiciosos y peligrosos, alentados con el ímpetu del viento para llevarnos muy lejos hasta convertirnos en extraños. Inteligencia, sexo y territorio. Trampa o salida. Campos sin límites para la verdad, el placer y el patriotismo.

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Muros muy gruesos y muy altos para encerrarnos en nuestras inhibiciones y vergüenzas. Cárceles de nuestra indecisión. Inteligencia, sexo y territorio. Tres amigos que nos cuidan y nos animan o tres enemigos que nos retan y nos laceran. Sensación de descubrimiento continuo o algo oscuro y silencioso que nos mortifica. Adicción de querer más, de saber más, de imponer nuestra lógica. Tentación de aislamiento total. Respiro o asfixia. Comprensión de todo. Negación de todo. Inteligencia, sexo y territorio.

Realidad de nuestros límites. Genios que viven sin aparentar. Genios que viven de las apariencias. Famosos y grandes seductores de Hollywood, con vidas entre comillas perfectas, enfermos por el sexo de las odaliscas, extranjeros que se sienten cómodos siendo colombianos pese a la incomodidad de la visa y una bailarina eslovena que disfruta la independencia reciente de su tierra. Todos ellos habitan en nuestra revista.

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Por Redacción Cromos

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