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"La espiritualidad se vive en la vida cotidiana", Alejandra Borrero

“Me volví actriz el día que me conocí, cuando me conocí como ser humano, y eso es, en esencia, el espíritu”.

Por Alejandra Borrero

04 de marzo de 2016

"La espiritualidad se vive en la vida cotidiana", Alejandra Borrero

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Alejandra borrero

Actriz, activista, directora de Casa Ensamble.

@alejaoficial 

 

Soy de esas convencidas de que la espiritualidad se vive en la vida cotidiana, en el día a día. Para mí no tiene nada que ver con encerrarme y ser un monje para poder llegar a mi espíritu y a trascender de alguna manera. Es todo lo contrario, es estar en el presente, por ejemplo, empezar un proyecto con víctimas del conflicto armado, con mujeres que han tenido que vivir en carne propia todo el proceso político que ha atravesado el país. Ese es el mundo espiritual para mí.

Cuando perdí la vergüenza de hacer lo que hago, me di cuenta de que me importaba de alguna manera el qué dirán, y he hecho una búsqueda posiblemente muy heterogénea, he pasado por muchas cosas. Cuando protagonicé La otra mitad del sol hice regresiones a mi infancia, por una semana entera realicé todo un trabajo de sanación. Fue impresionante. Lo hice con mi hermana, fue un ambiente muy sanador.

Respeto mucho las celebraciones, creo que todo tiene un fin espiritual, sin embargo, prefiero la filosofía oriental, es un equilibrio en el que creo y siento. A veces hago un ritual constante por un determinado número de días, es una meditación, pero generalmente me invento el ritual de la vida, y eso hace que sea mágica, sagrada y que tome un carácter diferente. Ahí es donde me la paso en este momento. 

Cuando uno hace un personaje también le transmite su espíritu, el hábito de vida se lo da uno, así que es un recorrido por las diferentes “Alejandras” que hay en mí. Si no hubiera tenido la posibilidad de explorar todos estos sentimientos por medio de mis personajes, no me habría encontrado. Creo que para mí ser actriz es un psicoanálisis, muy equilibrador, me ayuda mucho a conocerme y centrarme en mí misma. 

El estado en el que más estoy es en el estado de gozo y plenitud, pero me cuesta, porque hay cosas que como ser humano uno no quisiera sentir. Poder estar en un lugar donde no deba preocuparme del mundo exterior, es tranquilidad; eso me ha permitido encontrarme con seres increíbles y con momentos alucinantes. Así fue mi encuentro con Victoria, una víctima del conflicto armado, que vive en Londres. La traje a Colombia el año pasado, la llevé al Chocó, que fue el lugar donde le sucedieron todos estos eventos. Quise montarla en una lancha, y me decía “Por qué hiciste esto 25 años después”, y le dije: “porque valió la pena estar contigo en este río”. 

Creo que trabajar con este tipo de víctimas es un acto simbólico, es un estado del arte, de sanación para todos, para ellos y para nosotros. Uno no alcanza a entender la dimensión del silencio de esta gente. Creo que es ahí donde la luz del espíritu deber estar más presente, conocer a las víctimas del conflicto, es conocer gente sabia, es gente a la que le han pasado cosas horribles, y a pesar del dolor y el sufrimiento tan brutal que han tenido que experimentar, siguen pensando en reconciliación, en un nuevo país.

Hay que dar luz en todos los sentidos. Eso es lo que tenemos que hacer todos los colombianos, transmitir esa luz. Este país está cambiando, yo sí creo en eso, creo que ha sido difícil, pero vale la pena cada ser humano que podamos salvar de la muerte, del dolor, somos un país de desplazados. Todo vale la pena.

Así que es el momento de mirar los espíritus y no los rótulos, empezar a retejer nuestras herencias, a aceptar nuestras diferencias. Todo tiene que ver con el espíritu. Todo es espiritualidad.

 

Foto: Gustavo Martínez. 

 

Por Alejandra Borrero

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