Felicidad a todo color
Y al igual que todas las artes, la moda nos permite expresar no solo lo que somos, sino también lo que queremos ser. Por tanto, escoger de qué color nos vestimos tiene mucho más significado que un simple gusto o el dictado de alguna tendencia pasajera cada temporada.
Durante el transcurso de la historia, se le han asignado a los colores ciertos significados. Blanco, pureza. Negro, duelo. Púrpura, nobleza. Verde, esperanza. Y así podríamos seguir enumerando todos. Pero no hay que ser un científico ni un diseñador de modas para saber que vestirnos de ciertos colores tiene un efecto en nuestras personalidades. Por solo citar unos ejemplos, las mujeres se sienten elegantes, seguras y estilizadas vestidas de negro. Están cómodas y frescas vestidas de blanco. E invitan a seducir y provocan en rojo, que además es un color que generalmente se usa para expresar felicidad y amor.
En mi caso, el blanco es mi color predilecto. Es paradójico porque los expertos en moda dicen que el manejo del color es uno de los atributos que me caracterizan. Quizás por eso mismo me gusta vestirme y rodearme de un color que me permita «depurar» mi entorno y apreciar todo desde otra dimensión. El blanco, así, se convierte en una especie de lienzo perfecto para contrastar, imaginar y reinventar. Me transmite paz y tranquilidad y en ambientes como estos es donde me siento feliz.
Sigue a Cromos en WhatsApp
Soy consciente del efecto de los colores en las personas y no solo desde el punto de vista estético. Muchas mujeres llegan a mi taller y se prueban vestidos buscando una silueta o un color específico. Así puedo ver cómo un cambio de color les cambia inmediatamente la actitud, la forma de caminar e incluso la forma en que se comportan... La felicidad se refleja perfectamente en el espejo del vestidor. La escogencia del color también tiene mucho que ver con otro tema que siempre me gusta resaltar: si se visten para ellas mismas o para los demás. Si se visten para ellas mismas, buscan colores que les gusten, que las hagan felices, mientras si se visten para los demás, buscan complacer a su pareja o llamar la atención de sus amigas.
Podemos también conocer mucho de una mujer por la forma en que combina los colores. A no ser que sea una minimalista declarada o una vanguardista en potencia, la mujer que se viste de un solo color suele tener temor a combinar; prefiere estar segura de su selección monocromática y no tomar riesgos. Por lo general es prudente y discreta, tanto en su atuendo como en su personalidad. Otro tipo de mujeres son artistas en mezclar colores y texturas y convierten su look en su propia obra. Otras tienen esa misma intención, pero no el ojo educado, y terminan convertidas en víctimas de la moda. Pero a ambas les gusta experimentar y arriesgarse. Esa es la clave para desarrollar un estilo.
Sin embargo, el lenguaje del color y sus efectos va mucho más allá de la moda. Seguramente les ha pasado que han llegado a lugares placenteros y armónicos donde pueden disfrutar a plenitud, mientras otros lugares invitan a despedirse desde el momento que entran. Es muy probable que uno de los factores de esa sensación está dada por los colores que usan. Es por eso que cuando creas el ambiente de un hotel, un restaurante o una boutique, la paleta de color y la iluminación son un elemento primordial.
En mi caso, me gusta crear lugares placenteros que inspiren, que despierten la creatividad y que ofrezcan una experiencia placentera; pero, sobre todo, espacios de los cuales pueda «apropiarse» quien los disfrute. Siguiendo mi filosofía en cuanto a color, me gustan las gamas tenues, los colores no invasivos ni protagónicos que, además, van muy de la mano con mi visión de estilo de lujo casual.
No sé si existan colores milagrosos o sanadores que garanticen un resultado con solo usarlos, pero sí les puedo asegurar que los colores tienen un efecto en las personas. Sin embargo, creo que es más efecto de nuestra propia apreciación del color, que del color mismo. Por tanto, si hay un color particular que te traiga felicidad y alegría, no hay que dudar de usarlo con frecuencia.