Dirección: Guillermo del Toro.
Reparto: Sally Hawkins, Doug Jones, Octavia Spencer y Michael Shannon.
Sigue a Cromos en WhatsApp
Es hermosa. Solo por eso hay que verla. Tiene los colores del agua, no los que uno ve en la superficie sino esos que habitan en lo profundo, que oscilan entre la luz y la oscuridad y lo mantienen a uno en medio de un fluir hipnótico, pausado, sereno. Así avanza la historia –bella y poética– de un amor entre una princesa sin voz y un ser mitológico y salvaje que nadaba por los ríos de Suramérica cuando los cazaron y lo llevaron a Estados Unidos, a analizarlo, en nombre de la seguridad nacional, en plena Guerra Fría. Apenas vemos a esta especie extraña y diferente podemos sentirnos inquietos, curiosos, intimidados. Muy pronto, sin embargo, se convierte en un ser seductor, tan fuerte como delicado, tan elegante como amenazante, tan inofensivo como espléndido. Y, entonces, este amor entre especies deja de incomodar. Todo lo contrario, queremos ser ellos. La película abraza la figura del otro, del extraño. El que es de otra especie, de otro color, de otro género. Y lo hace frente a figuras monstruosas, depredadoras, intolerantes a las diferencia, machistas. Personajes que se parecen, y no por coincidencia, a ciertos líderes políticos que se niegan a ver el brillo que transita un poco más allá de las fronteras. Por eso, también, hay que verla.