Cinco años tenía cuando aprendió en el Colegio Montessori. Gabo dijo que se enamoró de su profesora Rosa Elena Fergusson. Para Dasso Saldívar, autor de la biografía El viaje a la semilla, el narrador creció en un lugar único, lleno de diversidad en la cultura y hasta en la flora y fauna: “Aracataca era una especie de pueblo de Babel, muy cosmopolita, en donde hablaban cuatro o cinco idiomas y donde llegó gente de todas partes, gente de Europa y del mundo árabe. Eso, junto al hecho de que él vivió con unos abuelos muy especiales y que le contaban historias, y que lo trataron de una manera muy especial, entonces lo que es Aracataca, lo que es la casa de los abuelos, lo que son los abuelos mismos y las tías y la gente que llegaba y pasaba y contaba y le sucedían”.
En cada uno de sus libros y relatos, Gabriel García Márquez dejó plasmados frases que valen la pena recordar.
Un pedazo de su pueblo natal está diseminado en su obra. Conoce algunas de las mejores frases del genio colombiano que nació un 6 de marzo de 1927.
Te invitamos a leer más contenidos como este aquí.
Sigue a Cromos en WhatsAppDel amor y otros demonios (1994)
“No tenía más corazón que para Sierva María, y aun así no le bastaba. Estaba convencido de que no habría océanos ni montañas, ni leyes de la tierra o el cielo, ni poder del infierno que pudieran apartarlos”.
Más noticias sobre García Márquez en Cromos
El amor en los tiempos del cólera (1985)
“El problema del matrimonio es que se acaba todas las noches después de hacer el amor, y hay que volver a reconstruirlo todas las mañanas antes del desayuno”.
Vivir para contarla (2002)
“Mi vida estuvo siempre perturbada por una maraña de trampas, gambetas e ilusiones para burlar los incontables señuelos que trataban de convertirme en cualquier cosa que no fuera escritor”.
El otoño del patriarca (1975)
“Había empezado a vislumbrar que no se vive, qué carajo, se sobrevive, se aprende demasiado tarde que hasta las vidas más dilatadas y útiles no alcanzan para nada más que para aprender a vivir”.
Cien años de soledad (1967)
“Se sintió olvidado, no con el olvido remediable del corazón, sino con otro olvido más cruel e irrevocable que él conocía muy bien, porque era el olvido de la muerte”.