
Por: María del Carmen Perrier - Escritora y comunicadora uruguaya
A comienzos de agosto abrieron nuevamente las puertas del Museo de Arte Colonial, después de tres años en los que permaneció cerrado. Durante ese tiempo se llevó a cabo un trabajo de restauración del edificio, se reescribió el guión curatorial y se modernizó el material educativo, entre otras muchas actividades, que permiten tener un espacio adaptado, de manera brillante, a la Colombia de hoy. Basta con atravesar la inmensa puerta del siglo XVII para convertirse en testigo de esos meses de esfuerzo y palpitar con la emoción que invade a quienes trabajaron incansablemente durante todo el proceso.
Tal como se revela en las primeras instancias del recorrido, el nuevo guión busca ‘romper mitos’, y sí que lo han logrado. El principal objetivo es desterrar la noción de que la época de La Colonia es un tema que ronda pura y exclusivamente la religiosidad y que los acontecimientos de esos tiempos son, simplemente, hechos del pasado. De esta forma se pretende expandir el conocimiento y mostrarles a los visitantes que, en el presente, muchas veces ‘somos coloniales’. El recorrido por la muestra delata que en nuestras costumbres, festivales e incluso en nuestra gastronomía contamos con espacios que son fruto del intercambio cultural proveniente de ese periodo histórico.
Sala a sala se aprende sobre estos temas de una manera pedagógica y entretenida. Gracias a la modernización de las instalaciones es posible poner en práctica los conocimientos, a través de dinámicas que se apoyan en pantallas táctiles interactivas, proyecciones y videos. De esta manera, se desestima la idea de que un museo no puede ser un espacio de risa y entretenimiento.
Esta exposición no hubiera sido posible sin el trabajo incansable de un grupo de mujeres jóvenes especialistas en historia, administración, literatura, comunicación y restauración. Desde el momento en que se tomó la decisión de renovar el espacio, todas ellas se propusieron llevar el museo a otro nivel, y que el conocimiento y las obras traspasaran las fronteras del edificio para llegar al resto del país y del mundo.
Mujeres apasionadas
Tienen entre 24 y 36 años, y todas son cómplices en la aventura de darle un nuevo aire a ese espacio y magnificar su rol en la sociedad. El equipo está conformado por Viviana Arce, Viviana Olave, Anamaría Torres, Nayibe Ruiz, María Fernanda Bastidas, Irene Meneses, Tanit Barragán, Natalia Caguasango y Yeimi Bojacá, y sus funciones cubren todas las actividades relacionadas con las áreas de educación y cultura, curaduría, conservación, editorial, comunicación, divulgación y prensa, servicios al público, dirección y, realmente, todo lo que tenga que ver con brindar una experiencia única.
Desde el cierre, en el 2013, hasta su reapertura, todas participaron en cada actividad en la que pudieran aportar, fuera específica a su trabajo o no. Al revivir diferentes situaciones que dejó el proceso, se enorgullecen de recordar que participaron desde el embalaje de las obras hasta la curaduría y, finalmente, la preparación para la visita del Presidente Santos el día de la apertura. Es evidente lo que sienten por el museo y su compromiso a futuro; la misión se les ha metido debajo de la piel.
El equipo destaca que el proyecto fue posible porque el proceso se llevó a cabo desde una perspectiva optimista. En cada decisión se tuvo en cuenta que lo más importante era brindarles la mejor experiencia a los visitantes y crear un contenido atractivo para todo el público. Aseguran que el hecho de ser un grupo de mujeres apasionadas por su trabajo les permitió tomar decisiones de forma ejecutiva, con convicción y especial atención al detalle.
Luego de oírlas y verlas transmitir su pasión de esta manera, queda clara una cosa: el mito de La Colonia no es el único que rompieron. Son mujeres que hablan de atravesar barreras y fronteras, y de eliminar prejuicios. Por medio de su trabajo esperan acabar con la noción de que un museo es un lugar de restricciones, de aburrimiento, de polvo. Son un ejemplo de empoderamiento y perseverancia.
Inconscientemente, su esfuerzo logró consolidar una idea y transformar un espacio donde personas apasionadas por la historia, la educación y la memoria pueden enriquecerse para luego generar cambios positivos en una sociedad que sana y crece consciente de su pasado y en camino hacia el futuro.
Fotos: Juan Zarama.