
Manos Sucias, una cinta que retrata la realidad de Buenaventura
«¿Cómo un pueblo tan pacífico como Buenaventura ahora está en este drama?», se pregunta Jarlin Martínez. Sus ojos tienen la distracción de quien mira el mar. Un día una cabeza en un costal, otro día un cuerpo tirado sobre la calle. A Jarlin le sobraron razones para marcharse de su pueblo y probar suerte en otro lugar. Probar suerte en lo que fuera, aunque lo suyo es la actuación. «Yo alcancé a venir cuatro veces a Bogotá y, por falta de oportunidades, me regresaba a Buenaventura», confiesa. El sueño de ser actor lo alimentó siendo vendedor ambulante, pizzero y obrero. Cuando sintió que el tren se le estaba yendo, apareció en su camino Manos sucias, la película que los estadounidenses Josef Kubota y Alan Blanco querían filmar en Buenaventura. Confianza no le faltó para presentarse al casting. Fue un intento de muchos que lo devolverían sobre sus pasos en Buenaventura.
Lo que los estadounidenses vieron en él durante su interpretación de Jacobo, le abrió la puerta que había estado tocando durante años. «Lo que más me enganchó de Manos sucias fue la dignidad de sus personajes. Hay una frase de Tego Calderón que dice: “Los niches ni sufriendo dejan de ser felices”. Esta frase, a su vez, resume el argumento de la película», dice Jarlin.
No iba a estar solo en el proyecto. A Cristian Advíncula, quien encarna a Delio, el otro protagonista, lo agarró el papel empezando la carrera de arte dramático en la Universidad del Valle. Se presentó a audición y, de igual manera, dio con lo que estaban buscando los productores.
Lo que Kubota plasmó en 78 minutos se enfrenta al prejuicio del típico tema latinoamericano visto por estadounidenses. Al respecto, el guionista Alan Blanco opina: «El nuestro es un punto de vista de dos foráneos que apuntaron a una visión única. Nosotros tratamos sin prejuicios a Colombia, con la intención de describir sin clichés una realidad dura. Manos sucias es el resultado de años de investigación y diálogo con todos los que fueron parte de este proyecto. Yo no creo que sea la típica versión estadounidense del problema; espero que los espectadores juzguen como una historia profunda y vívida».
Ahora el público tiene la última palabra. El premio a Mejor director en el Festival de Cine de Tribeca 2014 puede ser el presagio de una taquilla que devolverá el esfuerzo de una producción que quiso retratar con dignidad a un pueblo que se desangra.
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