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"Me queda muy difícil pensar algo y no decirlo", Camila Zuluaga

Con 31 años recién cumplidos, la politóloga repasa sus inicios en el periodismo de investigación, en el que lleva ocho años.

Por Carlos Torres

31 de mayo de 2016

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La mayoría de las personas cambian con el paso del tiempo, pero hay un rasgo que siempre está en el ADN de cada una, que es único. En el caso de Camila Zuluaga, ella sabe bien lo que la identifica y la diferencia de las demás. Es un rasgo que ella analiza y ha llegado a la conclusión de que es una cualidad y un defecto. “A mí me queda muy difícil pensar en algo y no decirlo. Y por decir todo lo que pienso, a veces la embarro”, confiesa. Lo lleva desde niña, piensa que a estas alturas es inmodificable, aunque con el transcurrir de los años ha aprendido a domesticarlo. Sin embargo, hace poco una idea saltó de su cabeza y sus palabras brotaron frente al micrófono de W Radio, emisora en la trabaja. En la mesa de trabajo abordaban la competencia en el sector de San Victorino, en Bogotá, entre comerciantes colombianos y chinos. Ella lo dijo sin filtro: “a un chino le vas a comprar algo y te habla en español. En cambio, si le vas a reclamar, te habla en mandarín”. La primera reacción de sus compañeros fue de asombro, pero luego cayeron en cuenta de que se trataba de Camila y que ese es su estilo. “Cuando hablas conmigo, yo te voy a decir lo que estoy pensando, que puede ser imprudente y a veces molesta”, explica. 

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Después de soltar lo que se resiste a quedarse guardado, viene la reacción de los oyentes. Aquí brota otra de las características de su ADN: su capacidad para confrontar. Sin pretenderlo, incluso antes de dedicarse al periodismo, Camila forjó un carácter que encandila a sus interlocutores. “Al aire imprimo una cantidad de cosas de lo que soy; soy una mujer de carácter fuerte y, la verdad, contrario o lo que muchos dicen, peleo muy poco. Que soy tenaz es un comentario que recibo constantemente”, recalca. 

 

"No poder controlar  lo que pienso es una cualidad y un defecto. Mi novio me dice ‘tienes que saber que todas las cosas que tú piensas, no se pueden decir’".

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Una vez más se vuelve a presentar una dualidad en ella: lo que para unos es un defecto, para otros es una virtud. Podría decirse que es pendenciera o frentera, por hablar cerca de la delgada línea que divide ambas fronteras. Cuando la tratan de peleona, ella disiente y corrige. Es fácil que lo encasillen a uno. Da la impresión de estar acostumbrada. Lo tiene escrito en su defensa: se define como una mujer fuerte, de las que confronta con los ovarios bien puestos. Entiende que al mote de peleona lo acompañan otros adjetivos que, vistos en fila, van cambiando hasta la ofensa descarnada. “Somos un país machista, así no lo queramos reconocer. La gente no está acostumbrada a que las mujeres tengamos cierta forma de ser a la hora de hablar, sobre todo en el periodismo. Nos tratan más duro, a nosotras nos toca un poco más difícil”, dice.

 

 

La genealogía de su forma de ser encuentra la semilla cuando empezó en radio. “¿Qué personaje quiero ser?”, se preguntó. A simple vista, encontrar la idea parecía cuestión de sentarse a pensar un rato. La respuesta se cruzó con una convicción entrañable: “no estudié comunicación social, estudié ciencias políticas, y una opción en los medios era la sección de entretenimiento. Yo decía ¿por qué las mujeres no podemos ser un referente de otro tipo de periodismo? En el gremio del entretenimiento compites con talento y con belleza y eso es injusto, porque la belleza no la puedes controlar, en cambio sí la disciplina, la constancia, el estudio”. Una pregunta y una respuesta definieron la línea editorial de su vida profesional, que hoy conserva y defiende con convicción. “Quiero que las niñas, al ver mi trabajo, piensen en hacer periodismo político. Y me da gusto que las niñas hoy se lo planteen”. 

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Al principio quería denunciar, hacerse sentir. Sus apariciones al aire eran esporádicas. Dependían de lo que destapara. Comenzó incisiva, con apetito de conquistadora. Ningún reto lo percibía grande. Ya tenía el espacio al lado de Julio Sánchez Cristo y por nada iba a dar ventaja. ¿Qué tal que viniera una Camila con más ambición? “Entonces, casi no opinaba, porque es lo más difícil. Hace tres años empecé a hacerlo, luego de haber hecho reportería, de trabajar con las fuentes. Yo siento que la gente puede que no esté de acuerdo conmigo, pero consideran que tengo fundamento”, recuerda.

 

“La gente no está acostumbrada a que las mujeres tengamos cierta forma de ser a la hora de hablar, sobre todo en el periodismo”.

 

En el periodismo de investigación empezó en 2008. Con 31 años recién cumplidos, el trabajo se le multiplica. Además de La W, escribe para los diarios El Espectador y El Pueblo, y en las noches conduce el noticiero Red+Noticias, del canal Día Tv. Algo debe estar haciendo bien la periodista que no se acostumbra a su voz (no le gusta oírse). Sus colegas se lo reconocen. “Camila Zuluaga refresca el periodismo colombiano, tan anquilosado con sus figuras mediáticas agotadas. Me hace recordar a algunas de las aguerridas colegas que hicieron historia en la reportería en los años 80. Pero con la autenticidad típica de la juventud de hoy”, dice la periodista y docente Olga Behar, autora de investigaciones periodísticas como El caso Klein y El clan de los doce apóstoles. “Con sus notables cualidades físicas y su capacidad para la improvisación, el camino fácil hubiera sido el periodismo de farándula. Pero ella escogió una vía más empedrada y no exenta de peligros y del accionar de enemigos poderosos, entre los que están delincuentes de todo tipo. Es un ejemplo a seguir  y un motivo de satisfacción para quienes abrimos ese camino, hace ya décadas”.

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Cecilia Orozco Tascón, directora de Noticias Uno, tampoco escatima elogios hacia Camila. Aprovecha para hacerle una observación: “destaco en Camila su dedicación al trabajo y que, siendo joven, le asigne tanto tiempo a sus tareas periodísticas, cuando otros de su edad se van por la vía del menor esfuerzo. Me gusta que sea inquisitiva y que confronte al poder. Pero con la misma franqueza digo que la perjudica el tono y la forma en que pregunta, contrapregunta y conduce una controversia. A veces da la impresión al oyente de que es muy agresiva y que no atiende las razones de su interlocutor. Consejo de quien le lleva años de ejercicio profesional: el fondo puede ser duro, la forma debe ser suave o, si se quiere, elegante, sin perder la distancia”. 

 

"Yo estoy a favor de la paz, pero eso no me impide hacer la crítica. Creo que con el blindaje jurídico se están equivocando en el afán de salir rápido.".

 

Camila toma la observación con amabilidad. Es autocrítica, entiende que la imagen de agresiva la persiga sin cansancio. Fuera de los estudios de radio y televisión, reflexiona con cabeza fría: “con los años he aprendido a ser mesurada en la discusión sin dejar de ser contundente, la forma importa, uno puede mantener el mismo fondo y cambiar la forma y tal vez le puede ir mejor llevando el mensaje”. En el ejercicio de dibujarse, le da la razón a Cecilia. No obstante, la radio tiene una dinámica laboral que es espontánea, lo que la pone a caminar por una cuerda que desafía una altura considerable. Camila es pasional, por algo se ha mantenido en el lugar que protege. Cuando el tema es político o judicial, al controlmaster de La W le pide que le abra el micrófono. La carcomen las ganas de preguntar, las dudas la asaltan. “Cada vez peleo menos, los oyentes están aburridos de que uno les dé cátedra en los medios, que uno sea fiscal, los periodistas debemos adaptarnos al público”.

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De lunes a viernes madruga a las 5:00 a.m., para estar lista a las 6:00 a.m. El trote de todos los días le ha endurecido el pellejo. Bajo sus ojos verdes y su sonrisa felina, hay un tejido duro. Sin embargo, le duelen las críticas injustas, que tienen el umbral del dolor de un pellizco en el brazo. “Cuando me separé, un twitero me escribió “claro, por eso la dejaron, no se la aguantan”, comentario que es profundamente machista. Yo quiero ver cuando a un hombre le escriban “ah, por eso la mujer lo dejó”. De resto, me fascina la radio y me siento afortunada”. Se queja sin ser reactiva, las críticas les llegan a otros miembros del equipo de trabajo de las mañanas. Es el precio por ser una figura reconocida en la era de las redes sociales. “Cuando se meten con Julio no me siento aludida, pero sin duda una crítica hacia él también nos la hacen como equipo. De las grandes cosas que tiene el programa, es que podemos decir lo que sea, nos damos en la mula nosotros mismos, como pasó en las elecciones pasadas, que vivíamos agarrados y yo decía ¡que esto se acabe ya!”. 

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Es de las pocas personas que, a su edad, trabaja en radio, televisión y escribe para los diarios El Espectador y El Pueblo. 

 

Cada semana trae una conyuntura nueva. Ahora mismo Camila Zuluaga se está preparando para seguir informando en el posconflicto. Le sigue el paso a los diálogos de La Habana, es crítica cuando no está de acuerdo con algo. Sabe que los periodistas cumplirán un rol muy importante en tiempos de paz. “Si se firma, el gran reto que va a tener Colombia es la reconciliación y la inclusión de aquellos que han estado por fuera de la vida civil. La otra vez en Red+Noticias tuvimos de comentarista a un miembro del secretariado de las Farc que estaba en Cuba, analizando la situación de Venezuela. La gente se molestó por eso y hacia allá vamos, tenemos que incluirlos en la agenda”, dice en su versión más reflexiva, como suele ser, lejos del personaje que concibió línea por línea y por el que se la conoce: la periodista de hierro que se renueva a pesar de su juventud.

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Su rutina laboral

Camila está pendiente de las noticias hasta las 11:00 p.m. Por este motivo, encuentra familiares los titulares de la mañana siguiente, a no ser que haya una chiva publicada por la prensa. Se despierta a las 5 a.m. y lo primero que hace es prender el radio. Oye varias emisoras, menos La W, para escuchar el resumen noticioso. A las 6:00 a.m. llega a su trabajo. Cuando termina el programa, practica yoga o va al gimnasio. “Si no hiciera ejercicio, creo que enloquecería. Me encanta mi trabajo, yo le doy gracias a la vida por poder hacerlo, lo único duro es madrugar”, dice ella. A las 6:00 p.m. empieza a preparar el noticiero Red+Noticias, que se emite de lunes a viernes a las 8:00 p.m. por el canal Día Tv, de Claro.

 

Mini tómbola

Un miedo cuando está al aire.

Me da miedo preguntar cuando desconozco el tema. A veces Julio le dice a Mario, el del control del máster, ‘que siga Camila’. Es terrible porque estás al aire y me toca participar en algo de lo que no sé, no domino. Si yo controlo el tema, avanzo sin nervios, así esté equivocada. 

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Para tomarle el pulso a la opinión, todas las semanas leo a María Jimena Duzán, a Salud Hernández-Mora, Cecilia Orozco, Catalina Ruiz-Navarro y a Yolanda Ruiz.

¿Radio o televisión?

La televisión me apasiona, tengo proyectos que nacieron conmigo, que requieren  producción, mientras que la radio me permite ser más yo, menos acartonada. El periodismo se gradúa en los medios escritos, porque es en el que más cuidado debes tener. 

Una deuda pendiente.

Tengo 31 años, he hecho muchas cosas, pero me falta ser mamá. Cuando lo sea, le daré el tiempo que se merece a mi familia, lo que no quiere decir que vaya a dejar de trabajar.

 

 

Asistente fotografía: Esteban Hernández.

Styling: Marcela Ávila y Mayra Hernández de Oh Margot!

Maquillaje: Enrique Trujillo para Trujillo y Borja.

Escenografía: Devorah Goldd Studio.

Agradecimiento: Mónica Casas.

Producción: Mónica María Moreno Mesa.

 

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