Publicidad

"Mi hijo se fue, pero nos dejó una misión", mamá de Jerónimo

A pesar de padecer leucemia linfoblástica aguda, Jerónimo le enseñó a Natalia Torres a ser madre. Conoce la historia.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Por Redacción Cromos
03 de mayo de 2016
"Mi hijo se fue, pero nos dejó una misión", mamá de Jerónimo
"Mi hijo se fue, pero nos dejó una misión"

"Mi hijo se fue, pero nos dejó una misión"

Tuve a Jerónimo finalizando cuarto semestre de economía. Yo no aspiraba a quedar embarazada en ese momento, a los 22 años, pero traerlo al mundo fue lo mejor que me pudo pasar. Siempre fue un niño muy vital y risueño. Como yo era una madre universitaria, tuve ayuda de sus abuelas. Gracias a su apoyo y al de su padre, pude seguir mi carrera.

Cuando Jero tenía nueve años le diagnosticaron leucemia. Fue un golpe duro e inolvidable. Nos demoramos veinte días tratando de entender qué era lo que le pasaba, porque la leucemia no se detecta fácil. Recuerdo que lo llevamos a urgencias y nos dijeron que tenía fisurada una costilla. A mí se me hizo extraño y solicité un examen de sangre y llevamos los resultados a su pediatra. El médico lo auscultó y en un papel escribió Leucemia Linfoblástica Aguda. La hospitalización fue inmediata. Para esa época yo ni siquiera entendía bien qué hacía un oncólogo.

Desde el comienzo, tratamos todos de ser muy optimistas. Los médicos nos decían que el 95% de niños en similar situación salían adelante. Pero la llegada de su enfermedad nos cambió la vida. Es difícil enfrentar todos los días el miedo ante la incertidumbre de perder a un hijo. En los momentos más difíciles, mi fortaleza la sacaba de Jerónimo. Él siempre fue muy consciente de su enfermedad y me motivaba a dejar a un lado la tristeza. A pesar de que durante sus tres años de lucha tuvo que alejarse del entorno normal de un niño de su edad, nunca dejó que la leucemia le arrebatara la alegría. Ni siquiera cuando le contábamos que la enfermedad había vuelto, una y otra vez. Siempre se levantaba para seguir dando la pelea con dignidad, con la mejor actitud que se puede tener.

Sigue a Cromos en WhatsApp

Ya al final del tratamiento, cuando todo parecía estar bien, Jerónimo tuvo una recaída en su médula ósea. Aunque ya me había acostumbrado a las constantes hospitalizaciones y cuidados extremos, nada lo prepara a uno para recibir noticias de esa magnitud. El siguiente paso era un trasplante, un procedimiento con muchos riesgos al que esperábamos no tener que llegar después de tres años de lucha.

Para esa época también me enteré que estaba embarazada de mellizos. “¡Dios mío, en qué me metí!”, pensé. Y con los malestares del embarazo y el corazón en la mano por el futuro de Jero, nos encerramos tres meses en un hospital a esperar el transplante. Las noches en el hospital eran largas. No es fácil descansar mientras tratas de seguirle el ritmo a los aparatos que le miden los signos vitales a tu hijo. Cualquier señal de alarma, por leve que fuera, me hacía salir corriendo a buscar ayuda. Noches interminables.

Los resultado iniciales del transplante apuntaban a un milagro. Jero salió del hospital y todo parecía indicar que se había curado. Esto fue hacia diciembre de 2015 y en esa Navidad, la última que pasamos juntos, tuvimos los momentos más felices de los últimos años. La esperanza había vuelto a mi vida. Mi hijo y mis bebés gestantes estaban bien. Empezando enero, nos dieron la noticia más desesperanzadora: la leucemia había vuelto y en Colombia no existían más tratamientos que le pudieran salvar la vida. No lo podía creer, con mis casisiete meses de embarazo. La expectativade vida de Jero era de cuatro a doce semanas. Su padre y yo logramos hablar con un médico en Estados Unidos y, cuando nos dijo el costo del tratamiento, nos dimos a la tarea de recaudar el dinero, ya que la EPS no lo iba a cubrir.

Iniciamos una campaña para recaudar fondos la última semana de febrero. Jero quería seguir viviendo. Él me decía que tenía una misión en la vida, aunque no sabía cuál era; decía que tal vez lo sabría en un tiempo, cuando creciera. Colombia se solidarizó con nosotros, recogi mos una parte del dinero, lo luchamos, pero la muerte de Jero llegó repentinamente. Él estaba bien, habíamos hecho lo posible para mandarlo un lunes a Estados Unidos en un avión ambulancia. Lamentablemente, se puso malito antes, el viernes, y ya el sábado estaba en cuidados intensivos. El lunes, el día en que se iba a recibir su tratamiento, se nos fue.

Solo un costoso tratamiento experimental en Estados Unidos podía salvar a Jéronimo Lozano Torres de morir a causa de una leucemia linfoblástica aguda. A través de la campaña #letsgojero, a finales de febrero, su madre trató de recaudar 800 mil dólares para cubrir los gastos del viaje. Estuvo a punto de lograrlo, pero una recaída del niño minó sus esperanzas y se lo llevó el mismo día que pensaba viajar.

Jerónimo se fue, pero nos dejó una misión. De nuestra experiencia nació la idea de la fundación VamosJero, que ayudará a niños en la misma situación de Jerónimo: Los que quieran luchar por su vida. Todos los días recibo mensajes que me ratifican que la lucha de Jero cambió la vida de muchas personas. Fue un ejemplo de vida.

Su pérdida es irremplazable, deja un hueco imposible de llenar en mi vida. Es que más que mamá e hijo, tuvimos una relación de amigos. Sus abrazos, su tranquilidad, su cariño inmenso, su preocupación por los demás, su sentido del humor (era muy bueno imitando acentos y haciendo chistes); pero me queda la satisfacción de que hice hasta lo imposible por complacerlo (cada vez que podia le daba sus alitas o sus costillitas BBQ.), por hacerlo feliz, por salvar su vida. Jero me enseñó a ser madre. A amar incondicionalmente, a sacar la mejor sonrisa en las situaciones más adversas, a ser paciente ante la incertidumbre”.

 

 

Foto: Daniel Álvarez.

Por Redacción Cromos

Sigue a Cromos en WhatsApp
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.