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«Nunca aprendí a escribir con buena ortografía», Totó La Momposina

La cantautora colombiana pasó por nuestra tómbola y además de confesarnos que sus errores ortográficos los corrige con diccionario, habló de sus sueños, del amor y de su inspiración.

Por Redacción Cromos

05 de septiembre de 2014

«Nunca aprendí a escribir con buena ortografía», Totó La Momposina

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Tributo a una artista que durante cincuenta años ha llevado su melodía a todos los continentes y que por estos días se encuentra de gira con su disco El Asunto.

 
¿Qué es la música?
Libertad.
 
 
¿Cuál es su nota más alta?
Dicen que soy soprano, así que debo dar notas muy agudas.
 
 
¿Quién es Sonia Bazanta Vides?
Una ciudadana colombiana, hija de un zapatero y perteneciente a una dinastía de músicos.
 
 
Y, ¿quién es Totó La Momposina?
Es la señora que tomó la bandera dela identidad de las escuelas musicales de mi padre y madre, de una región y de un país.
 
 
¿Quién lleva la voz cantante en su casa?
Yo.
 
 
El sonido que más le gusta.
Los de la madre naturaleza.
 
 
¿Y el que menos?
La música estridente y las malas palabras.
 
 
La mejor tradición colombiana.
Todo nuestro acervo ancestral, nuestra manera de amar, de gesticular, de comer.
 
 
El mejor aporte de la raza negra a Colombia.
De la cultura africana vienen los tambores y las líneas melódicas y armónicas. 
 
 
Una inspiración.
Llega cuando uno está en paz con uno mismo y con la madre naturaleza.
 

¿Quién es el amor de su vida?
Mis tres hijos y la música de identidad a  la que le he entregado sesenta años de  mi vida. 
 
 
Un maestro.
Mi papá, mi mamá, mis abuelos.
 
 
Lo mejor de Mompox.
Todo.
 
 
Una pasión.
La música. 
 
 
¿Con cuál canción aprendió a cantar?
Con las que me cantaron de niña como la tanguita tanguita o el pinguero pinguero.
 
 
¿Con quién le gustaría compartir un escenario?
Es un sueño: con Tina Turner, canta muy bonito. 
 
 
¿Qué la enamora?
Mi país, mi Locumbia (locos con cumbia).
 
 
¿Cuándo miente?
Cuando se me hace tarde porque había trancón. 
 
 
¿Su ídolo de la infancia?
Primero mis papás, luego la Sonora Matancera, más adelante preferí a los Rolling Stones por encima de los Beatles.
 
 
Algo que quiso aprender y nunca pudo.
La ortografía, pero con un diccionario me ayudo.
 
 
El mejor piropo que le han echado.
En Cuba, un hombre me dijo: «Usted es una caballa, yo me casaría con usted ahora mismo». 
 
 
Un espectáculo que la haya dejado sin aliento.
El ballet de Rusia en el Lincoln Center y un espectáculo de varias escuelas de ballet de bulería de flamenco con la influencia de los moros.
 
 
¿Cuál es su mayor defecto?
Ser muy directa, decir la verdad a veces no le gusta a la gente.
 
 
Una canción que siempre la hace bailar.
Si escucho una banda, un millo o una gaita, puedo amanecer bailando. 
 
 
¿Dónde le han ofrecido los mejores aplausos?
En todas partes del mundo. La lista es larga.
 
 
¿Cuál es su posesión más preciada?
El reconocimiento de que existe la espiritualidad, levantarse y saludar primero al Padre Supremo.
 

¿Qué es ser afro?
Todos somos afro porque la cultura del mundo nació en África.
 
 
 
¿Cuál es su primer recuerdo?
Mi mamá en Talaigua, echándonos fresco debajo de un toldillo amarillo y espantándonos los mosquitos en una cama doble de horqueta.
 
 
¿En qué es experta?
Puedo hacer un par de zapatos.
 
 
¿Qué canción la hace llorar? 
Cuando oigo la música que hace el pueblo y no la ponen en la radio me da sentimiento. 
 
 
¿Cuál ha sido su mayor sacrificio?
Tal vez un hogar, un núcleo familiar, pero descubrí que se puede construir de otras maneras.
 
 
¿De qué se arrepiente?
De nada. Todo lo que le pasa a uno en la vida es porque está escrito.
 
 
¿Dónde le gustaría pasar sus últimos días?
En la Costa, echándome fresco.
 
 

 

 
Foto: Archivo Cromos // EFE
 

Por Redacción Cromos

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