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Paola Ochoa: "Jamás volví a la iglesia, busqué mi propio camino"

“Tuve tres profesoras inolvidables de piano, todas rusas, quienes con paciencia y dedicación me enseñaron a amar los clásicos”.

Por Paola Ochoa

04 de marzo de 2016

Paola Ochoa: "Jamás volví a la iglesia, busqué mi propio camino"

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Me bauticé como católica a los 11 años,  más por presión social que por afinidad. Mis papas jamás quisieron imponernos ninguna religión y por eso nos dieron la libertad para escoger. Pero en la preadolescencia me angustié y quise ir a misa como el resto de gente. Fui algunas veces, pero no me gustaron los mensajes hacia las mujeres: obediencia ciega y sumisa; sometimiento total al hombre sin razón, sin argumentos, ni respeto. Jamás volví, busqué mi propio camino.

Mis papás nos llevaban los fines de semana a escuchar opera o conciertos de música clásica, a mi hermano y a mí. Eso y ver la serie documental Cosmos, escrita por Carl Sagan, cuando era pequeña, me sirvieron para entender que hay una dimensión que trasciende lo que podemos ver y tocar. 

Por ese motivo, mi lado espiritual lo encuentro en la música clásica. Toco el piano desde que era muy pequeña. Recuerdo que  tuve tres profesoras inolvidables, todas rusas, quienes con paciencia y dedicación me enseñaron a interpretar los clásicos. En mi familia yo no fui la única en tener la oportunidad de formarme musicalmente. Mi hermano se involucró tanto en el mundo de la música, que hoy es pianista concertista, graduado de doctorado en fortepiano. Vive en Vancouver. En cambio yo me incliné por el periodismo, inicialmente por el económico, pero las personas trascendemos nuestro oficio, no los recuerdos, y aquí es cuando aparece la música. Soy una periodista que se muere por los nocturnos de Frederick Chopin, son mi debilidad, y en ellos encuentro paz.

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Es difícil encontrar el equilibrio entre mi labor profesional y mi intimidad espiritual.  Me toca desconectarme de las redes sociales, de los noticieros de televisión. Es complicado hacerlo, porque los que amamos este oficio dependemos de lo que ocurre a diario. En el deporte también encuentro un refugio para alimentar mi espíritu. Nado varias veces a la semana. Estar en contacto con el agua me relaja, me tranquiliza, me cambia el genio. Recargo energías para seguir la jornada, en la que cumplo rol de periodista, esposa y mamá. Lo que más me llena y alegra el alma es jugar con mis tres hijos: hacerlos reír a carcajadas. 

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En tiempos en los que 24 horas no alcanzan para hacer todo, es fundamental estar en contacto con uno mismo. Y si uno no lo hace, nadie lo hará, de modo que debe ser un regalo personal. Hay que dejar las preocupaciones, el estrés, el trabajo, los disgustos y los afanes que deparan los días. Para un acto cotidiano como respirar, hago una pausa real, saco tiempo. Entre mis quehaceres, uno de los más importantes es tener tiempo para saber respirar. Lenta y profunda, inhalo y exhalo el aire, sin apurarme, procurando ser  conciente de lo que estoy haciendo. De esta manera acallo la mente, la pongo en blanco por un rato antes de enfrentarme a los retos de la vida. 

 

Periodista de Blu Radio en Washington, Estados Unidos, y columnista de El Tiempo

1. “La música clásica y Carl Sagan me sirvieron para entender que hay una dimensión que trasciende lo que podemos ver y tocar”.

2. “En el deporte encuentro refugio para alimentar mi espíritu. Nado de lunes a viernes. Estar en contacto con el agua me relaja, me tranquiliza”.

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Foto: Gustavo Torrijos - El Espectador. 

Por Paola Ochoa

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