Publicidad

Paula y Tatiana Calderón, las hermanas que corren por un sueño llamado Fórmula 1

Son inseparables y, aunque hoy solo una se sienta frente al timón, llegar a la Fórmula 1 se convirtió en un anhelo compartido.

Por Mariana Suárez Rueda
27 de marzo de 2017
Hermanas aficionadas a los carros

Hermanas aficionadas a los carros

 

Crecieron juntas en las pistas, aprendieron al tiempo a manejar un kart, descubrieron la emoción de la velocidad y hasta tuvieron que competir en la misma categoría. 

 

Sigue a Cromos en WhatsApp

Paula Calderón tuvo que apretarse los audífonos contra los oídos para cerciorarse de que no era una broma ni un mal entendido lo que el ingeniero le decía a su hermana. "Cuando el semáforo esté en verde, aceleras". Una instrucción obvia, no solo porque Tatiana ya llevaba 14 años corriendo sino porque cualquier persona lo sabe. Rabia. Eso fue lo que sintió al comprobar una vez más el machismo que reina en el automovilismo y que fuera de las pistas colombianas han sentido con más crudeza. 

 


Ambas se graduaron del colegio Helvetia, en Bogotá, y han pasado más de la mitad de su vida al frente de un timón. Su obsesión surgió la primera vez que se sentaron en un kart alquilado en una pista cerca al colegio. Tatiana no había cumplido los 9 años y Paula llegaba a los 16. Iban todas las tardes. Al principio, en compañía de amigos. Luego, su constancia venció el pasajero entusiasmo del resto. En esa cita diaria terminaron solo las dos. 

 

 

Desde muy pequeña, Tatiana disfrutaba los carros. Antes de conocer los karts, ya se divertía manejando. 

 

 


Un día, el dueño del lugar las animó a competir. Entonces vinieron las súplicas a sus padres para que les regalaran un kart. Insistieron. Una vez y otra más. Fue tal su obstinación que finalmente les sacaron un sí. 

 


Primero compraron el carro de Tatiana. La más aplicada y dedicada. No quisieron contratar a un ingeniero ni a un mecánico para que las guiara. Prefirieron hacerlo a su manera. Con su papá, sus tíos y primos se iban a dar vueltas a la pista sin saber muy bien lo que estaban haciendo ni cómo mejorar los tiempos o la técnica. Cuando llegó el kart de Paula comenzaron a competir. Corrían en diferentes categorías, pero eventualmente terminaron en la misma y llegó el día en que tuvieron que enfrentarse en la pista. 

 


Como una especie de agüero, las hermanas Calderón siempre han tenido dos rituales. Escuchar la canción Welcome to the Black Parade, de la agrupación My Chemical Romance, antes de cada carrera, y subirse al carro por el lado izquierdo. Habían clasificado en los dos primeros puestos. Arrancaron. Al llegar a la primera curva, ninguna quería pasar a la otra. Hasta que el tercer competidor las adelantó. Entonces, entre ambas buscaron la forma de arrebatarle la posición. El nombre de la persona que llegaría a lo alto del podio era lo de menos, siempre y cuando fuera una de ellas. Y lo lograron. 

 

 


La universidad comenzó a alejar a Paula de las pistas. En 2013, viajó a Europa a especializarse mientras su hermana seguía concentrada en su sueño de triunfar en el automovilismo. Durante este tiempo representó a Colombia en tres mundiales. Paula viajaba a acompañarla cada vez que sus estudios se lo permitían. "Prácticamente dejé de correr porque hacerlo en Europa era más costoso y no me parecía justo con mis papás que me siguieran patrocinando".

 


Su plan era regresar al graduarse, pero finalmente se quedó. Aplicó a la visa y, como no podía trabajar mientras su situación se resolvía, se convirtió en la mano derecha de Tatiana. Hoy es la encargada de manejarle las comunicaciones, ayudarla con los patrocinios, conseguir los equipos, acompañarla a los entrenamientos y a las carreras, y encargarse de los presupuestos. 

 

 

 

A mil por hora

 


Tatiana tiene su apartamento en Madrid y Paula en Barcelona. Pero uno podría pensar que viven juntas. Este año no han pisado sus casas más de tres veces. Sus vidas transcurren entre aviones, hoteles, entrenamientos y pistas. Hace una semana estaban en Francia en un acondicionamiento físico. Siete días de jornadas que comenzaban a las 9:00 de la mañana y terminaban a las 7:00 de la noche. 

 


Normalmente, sus días en España arrancan una hora más temprano. A las 8:00. "En este país, antes de esa hora, el mundo no existe", cuenta riendo Paula. Entrenan toda la mañana en el gimnasio, almuerzan, Paula va a trabajar y Tatiana sigue entrenando. Se encuentran más tarde para ir por un café y luego a comer. El salmón al horno y la lasaña de berenjenas son dos de sus platos favoritos, que cocinan cada vez que pueden descansar de la comida de la calle. 

 

 


"Encontrar a una persona tan dedicada y profesional como Tatiana es difícil. Su llegada a la Fórmula 1 es el reconocimiento a un esfuerzo de años". Y es que esta joven promesa del automovilismo, la quinta mujer en la historia que llega a este nivel en un deporte que ha sido considerado masculino, hasta hace un año probó su primera cerveza. Nunca ha ido a fiestas y prefiere quedarse en casa antes que salir de compras o a divertirse con amigos. "Ha vivido en menor medida lo que experimenta cualquier adolescente. Ha estado tan concentrada en su carrera deportiva que es como si nada más le interesara", asegura Paula. 

 

 

Correr en un mundo de hombres 

 


Que le explicaran que debía arrancar cuando el semáforo se pusiera en verde no es la única muestra de machismo con la que se han encontrado Paula y Tatiana en el automovilismo. Cada vez que la deportista colombiana llega a un equipo tiene que demostrar que es tan capaz como cualquiera de los demás integrantes, todos hombres. Durante los primeros días, es a la única a la que no le piden su retroalimentación sobre el carro, y si la da, no la tienen en cuenta hasta que consideran que es lo suficientemente buena como para ser escuchada. 

 

 


Negociar con los equipos también es duro. "Siempre van a preferir un hombre", se lamenta Paula. "A las mujeres que corren como mi hermana no les falta talento sino oportunidades". Y es justamente este mensaje el que llevan a los colegios de Europa, de la mano de figuras femeninas como Susie Wolff, la última mujer piloto de prueba detrás de un Williams. Juntas, hacen charlas durante las cuales les explican a niñas y adolescentes que no hay que ser hombre para ser bueno al volante. Tatiana es una de las embajadoras de esta idea.

 


El futuro aún es incierto. Es uno de los pocos temas de los cuales no hablan. "Me gustaría tener mi propia familia, pero siempre he pensado en estar involucrada de alguna forma con el sueño de Tatiana, que al final es un sueño que compartimos, porque verla me llena y me hace feliz". 

 

 

Fotos: Dutch Photo Agency

Por Mariana Suárez Rueda

Sigue a Cromos en WhatsApp
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.