Si tengo que describir este año en un color, diría que fue rojo. Es mi favorito y, además, representa el sacrificio que Jesús hizo por mí en la cruz. Su demostración de amor ha sido tan maravillosa, que mi manera de agradecerle es a través de mi fidelidad y de mi espiritualidad. Tengo una fuerte relación con él. Por medio de mi diario y de la oración continua, le pido que guíe mis días, con sus altibajos y matices, con todas las metas que quiero alcanzar. Gracias a su ayuda, enfrenté con mucha fuerza y entereza dos grandes retos en este 2016.
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El primero de ellos fue vivir lejos de mis papás. Nunca había estado en un lugar diferente a mi casa durante tanto tiempo. Ellos viven en Miami y no pude viajar en junio como lo tenía planeado, escasamente fui dos veces a visitarlos. Sin embargo, asumí de la mejor manera posible esta situación: aproveché para hacer mis cosas sola, aprendí a cocinar más rico, me gocé al máximo a mi sobrina Victoria, serví a mi Iglesia y compartí mucho más tiempo con mi novio.
El segundo desafío fue interpretar a Belky en La niña, la serie de CMO y Caracol Televisión. Siempre había querido saber hasta dónde sería capaz de llegar en un protagónico. El aprendizaje fue inmenso y los resultados ni hablar. No esperaba tanta acogida de los colombianos –especialmente por el momento por el que pasaba el país–. Esta historia dura, triste y linda nos ayudó a todos a entender que deben existir las segundas oportunidades, que no se debe juzgar a nadie por lo que ya fue y que el pasado no determina el futuro de una persona.
De esta gran experiencia me llevo el gusto por el olor del café, unos amigos maravillosos, el cariño de los televidentes, un conocimiento más profundo de mi país, el anhelo de que la violencia termine pronto y un sueño más: ganarme un India Catalina”.
Foto: David Schwarz