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Svetlana Alexiévich, el rostro femenino que relata la guerra

Reseña de una de las obras más importantes de la escritora bielorrusa, Premio Nobel de literatura 2015.

Por Germán Gómez Polo

12 de abril de 2016

Svetlana Alexiévich, el rostro femenino que relata la guerra. /EFE

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Twitter: @TresEnMil

De entrada, hay una cifra que es sorprendente: una gran cantidad de mujeres, casi un millón, integraron las filas del Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial. Y ahí había de todo, desde chicas con fusil al hombro en el frente de batalla, enfermeras que esquivaban los proyectiles enemigos y aviadoras, hasta cocineras, lavanderas, panaderas o partisanas.

La escritora bielorrusa Svetlana Alexiévich, periodista y premio nobel de Literatura 2015, quien estará en la Feria del Libro de Bogotá 2016, relata en su libro La guerra no tiene rostro de mujer, las historias de decenas de mujeres que dejaron sus casas y sus familias, incluso siendo muy jóvenes, para irse al campo de batalla bajo una convicción: defender la patria del ataque del ejército nazi. El texto, además, se convierte en un documento histórico de gran valor.

Tres cosas llaman la atención de la obra. La intención de la autora por contar una parte dolorosa de la historia del mundo desde la voz femenina, que se sustenta, incluso, en la protesta constante que se percibe en las palabras de las veteranas de esta guerra. Los hombres siempre, o casi siempre, son los que han contado su versión. De alguna manera, escuchar hablar a las mujeres —leerlas— destapa aspectos mucho más sentimentales de la crueldad de la guerra y logra humanizarla con éxito, en gran parte porque hoy crecimos en una sociedad (que ya es muy diferente a la de los años 40) en la que nos es impensable que las mujeres compartan espacios tan carniceros y violentos como una guerra mundial. Para nosotros, todavía, son los hombres los que van a la batalla.

Y parte de esa reivindicación, que es el segundo elemento interesante, es que el relato se construye desde lo femenino y desde las prácticas culturales y sociales que con el tiempo se volvieron estereotipos. En ningún momento, al menos no de forma manifiesta, hay un afán de convertirlas en heroínas, aunque lo sean. Las mujeres que entrevistó Alexiévich a lo largo de Rusia cuentan, sin dejar a un lado su condición y sin sonrojarse, cómo fue su participación en la guerra y lo difícil que era para ellas sentirse en la obligación de tratar de ser hombres.

Situaciones como no bañarse a menudo, tener que usar ropa interior masculina, botas gigantes, uniformes cuyas mangas eran mucho más largas que sus brazos y el anhelo de poder maquillarse, de verse en un espejo, y de preocuparse por estar lindas, incluso si alguna vez llegaban a morir, combinadas con el deseo de lucha y se ser útiles a la patria —algunas solo querían ir al frente para disparar—, permean lo escrito. Es un libro que afirma que en la guerra se puede dejar de ser rudo y, a pesar de todo, se puede amar.

Igualmente es destacable el fino trabajo periodístico, fiel a la palabra de cada mujer. Decenas y decenas de testimonios que hacen olvidar casi que por completo que hubo alguien que, tras viajes, visitas y tasas de café, los recolectó y los dispuso para la lectura. De hecho, muy pocas veces —solo algunas reflexiones— la autora toma un partido que vaya más allá del criterio para la elección y edición del material impregnado en las más de 400 páginas. La guerra contada por los hombres está llena de héroes, honores y medallas y ha sido pasada por el filtro de la diplomacia y el patriotismo. Es justo que se pueda conocer por boca de quienes nunca olvidaron que por más cruel que sea la guerra, y aunque la victoria sea el sinónimo del orgullo, los que se mataron con odio y sin conocerse fueron humanos.

Portada del libro "La guerra no tiene nombre de mujer"

Fotografía por: Cortesía

La guerra no tiene rostro de mujer

Autora: Svetlana Alexiévich

Editorial: Debate

Precio: $45.000

Foto de apertura: EFE.

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