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"Tenía un 30% de chances de salir con vida", Luisa Gómez

La presidenta de la Fundación Compartir, tuvo dos trasplantes de médula espinal a causa de una leucemia. Esta es su historia.

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Por Redacción Cromos
25 de mayo de 2016
"Tenía un 30% de chances de salir con vida", Luisa Gómez

"En el año 91 fui al ginecólogo. Los dos creíamos que mi debilidad se debía a un desorden en el cuadro hemático, a raíz de mi embarazo. No sé por qué me dio por ver el examen y me encontré con que todo estaba fuera de lo común. Se lo llevé a mi cuñado, que es médico y él organizó una junta de colegas. Al otro día me remitieron a un especialista hematólogo. Yo hubiera podido esperar un mes o a la siguiente consulta con el ginecólogo y hubiera sido muy tarde para enfrentar la leucemia.

El recuerdo de ese episodio se me va borrando. Cuando superamos situaciones duras, uno tiende a poner otros recuerdos adelante. Se guardan algunos porque pueden servir para ayudar a la gente que esté en las mismas circunstancias. Mi enfermedad fue inesperada, estaba muy joven. Por mi embarazo y por mi curiosidad me descubrieron la leucemia. En Colombia había muy pocas posibilidades para las embarazadas que presentaran esta enfermedad. Afortunadamente pude viajar a Estados Unidos. En ese país me hicieron un tratamiento muy complicado, que consistió en un trasplante de médula. Pedro, uno de mis hermanos, fue el donante. Desafortunadamente perdí el bebé que estaba esperando, esa fue la parte más dura.

El proceso fue exitoso, fueron seis años en los que estuve bien. Al cabo de ese tiempo de vida tranquila, tuve una recaída, que me obligó a regresar a Estados Unidos. Llevaba una vida normal, llevaba rato sintiéndome bien. Pero el cáncer regresó por una falla en el primer tratamiento. Por tratarse de un caso complicado, los médicos que me habían visto, no me ofrecieron mucha ayuda. Pero algunos me recomendaron otro centro, mucho más abierto a intervenciones innovadoras y riesgosas. Ellos me practicaron un segundo trasplante, del que me recuperé con la ayuda de mi familia y de unos oncólogos muy especiales de la Clínica Marly.

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En estos años, en ocasiones me pregunto cómo pude salir de esta situación después de que las probabilidades de supervivencia fuera mínimas. Tenía un 30% de chances de salir con vida; los médicos me decían que debía luchar para que fuera de un 100%. Fue muy duro, la compañía de mi familia fue indispensable para sobreponerme. Su sentido del humor me permitió salir adelante en momentos de crisis. Entonces tenía tres sobrinos chiquitos y los veía con ganas de vivir.

De los recuerdos que conservo, me acuerdo cuando los médicos me dijeron que había llegado un punto en el que el cuerpo no estaba respondiendo a las medicinas ni al alimento. Si no respondía en 48 horas, iba a entrar en estado crítico. Me asusté muchísimo, la vi terrible, pero el espíritu de mi familia era increíblemente positivo. Aunque estaba asustada, me acuerdo de mi familia diciéndome “de esta salimos también”. Es increíble cómo responde el cuerpo, en esas circunstancias, uno tiene que ser muy disciplinado. Hay que estar convencido de que uno se va a mejorar, de que lo va a lograr. Yo tuve muchos compañeros niños de tratamiento, que tenían una visión de la vida de “hoy me levanto y salgo a correr”, a pesar de estar enfermos, con la ingenuidad de que no les va a pasar nada. Yo creo que a los adultos nos falta eso, esa necesidad de despertarse, de querer hacer cosas.

Después de otra difícil experiencia, con disciplina y amor pude sobrevivir. Hoy tengo una hija de 16 años que nació luego del segundo trasplante. Ella fue mi mejor recuperación. Tenía muchos deseos de tener un hijo, era una ilusión muy grande traerla.

Yo le digo a la gente que hay que pensar en lo que nos queda por hacer. Vale la pena luchar, someterme a esos tratamientos porque yo estaba muy joven, tenía muchos planes que no habían concluido. De igual manera, le digo que hay una fuerza suprema con la que uno negocia constantemente. No sabría nombrarla, creo en tantas cosas que tenemos, en tanta perfección, hay algo más inteligente y poderoso que nosotros. Tengo un ritual de agradecimiento, por tener lo que tengo, por mi trabajo y las oportunidades que he tenido en la vida”.

 

Foto: David Schwarz

Por Redacción Cromos

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