Teresita Gómez
Por: Mirabay Montoya.
Teresita Gómez
(1943 -)
Ser hija de Teresita ha sido una bendición para mí. Pero también un reto. Sobre todo a la hora de elegir una carrera en el arte, porque no podía ponerme con pendejadas. Tenía que estar a la altura. Tenerla como referente ha sido un camello, porque ella representa la excelencia del artista en todos los sentidos. (Si quieres conocer las historias de otras mujeres que dedicaron su vida a transformar a Colombia en un mejor país para las mujeres, entra aquí)
La nuestra no fue una niñez convencional. Salíamos del colegio directo al Teatro Colón y ahí almorzábamos con la Compañía de Ópera. Compartíamos con cantantes, actores y escenógrafos. Nos tocó ser niños en medio de los montajes y en vez de jugar con barbies jugábamos en los vestidores o hacíamos las tareas en el palco presidencial.
Éramos los niños mimados de los artistas y cada tanto nos regañaban porque jugábamos con los cables de alta tensión. “Niños bájense de ahí”, gritaba. Conocimos los teatros más importantes del país y presenciamos los montajes de La Bohemia, La Flauta Mágica y Turandot.
Desde pequeños siempre tuvimos libertad y mi madre nunca interfirió en nuestras decisiones. Yo dije que quería ser cantante a los 15 años. A los 21 grabé un demo de un bolero de Armando Manzanero. Se lo llevé muy contenta y me dijo: “Sí, está muy bonito, pero para cantar bolero primero hay que vivir”. Para mí, más que mi madre, ha sido mi maestra. Con ella he tenido una relación intelectual.
En nuestra vida lo primero ha sido el piano, todo ha girado en torno a su don. El piano como instrumento motor de una familia y de un ser humano.
Me tocó ser testigo de momentos difíciles, como las vicisitudes a las que se enfrentó como artista liberal en plena década del setenta. Yo tenía nueve años. Acabábamos de regresar de Cuba tras un intercambio cultural en La Habana —allí se había reunido con Pablo Milanés en La Casa de Las Américas—. Entonces, Turbay Ayala intentó meterla presa y estuvo detenida en la Cuarta Brigada acusada de ser activista del M 19. Querían darle 40 años de prisión. Con ayuda de contactos, la dejaron en libertad.
Años después, Belisario Betancur la nombró Agregada Cultural en Alemania. Empezó una época de oro en la que giró por Europa y se dedicó a exaltar la música nacional en escenarios internacionales.
Desde entonces ha trabajado activamente en el rescate de compositores y en la formación de generaciones de músicos colombianos. Mi madre es una persona rica en experiencias de vida. Ha podido observar y enfrentar la realidad colombiana como artista, dirigente y como mujer negra que incluso llegó a estar privada de su libertad. Ha vivido a contracorriente pero siempre con honestidad. La suya es una historia muy bella, desde su nacimiento todo ha sido un rompecabezas que ahora encaja de manera perfecta. .
Nosotras practicamos la meditación y somos cercanas al budismo. Esto le ayudó muchísimo a superar la muerte de mi hermano, Vladimir. Tal vez por eso hoy estudia una maestría en religiones en Eafit.
Una vez, en una entrevista, mi madre dijo: “Soy un toro que merece ser indultao”. Pero más que indómita, ha sido curiosa, ávida de conocimiento. Lo que sí ha tenido claro es que merecía ser indultada por la sociedad, su vida ha estado atravesada por la sombra del racismo. Sufrió episodios de discriminación que jamás lograron mancillar su amor propio. Como esa vez en que no nos pusieran los cubiertos completos en la mesa porque pensaban que usábamos solamente la cuchara.
La he visto llorar tantas veces: escuchando un poema de Mario Benedetti, algunos boleros, una sonata de Chopin bien interpretada o cuando vio tocar a Astor Piazzolla, por ejemplo.
Este año mi mamá celebró 60 años de trayectoria y es apenas lógico que reciba toda esa gratitud de un público que ha construido a lo largo de tantos años. Nosotras como hijas (Adriana y yo), y Daniel, como nieto, somos conscientes de todo el camino que ha abierto para que tengamos más posibilidades.
Mi mamá es una genio. Cuando decides ser pianista a los 3 años, no te preguntas si vas a tener la plata o si eres blanco o negro.Por eso es única. Ella nunca encajó en ningún molde. Ahora estudia, con esa avidez por comprender el mundo, y la necesidad de aprender todos los días algo nuevo como antídoto ante el paso del tiempo. Es una persona inagotable, que toma clases de tango, que siempre tiene un libro en las manos.
Teresita es una mujer en permanente creación, por eso es difícil considerar el valor de su legado. Ella fluye, va, no se siente una leyenda. No deja que eso la frene de seguir evolucionando como artista, como mujer.
Foto: Archivo Cromos.