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Una mirada sobre la “Noche herida” de Nicolás Rincón Gille

La película documental narra las penurias de las mujeres para cuidar a sus familias y evitar que se acaben por el conflicto armado.

Por Redacción Cromos
28 de abril de 2017
Una mirada sobre la “Noche herida” de Nicolás Rincón Gille

Por Daniela Rodríguez Peña.

Estudiante de la Universidad Nacional de Colombia.

Miembro del colectivo feminista Blanca Villamil.

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Noche herida es una película documental del 2015 dirigida por Nicolás Rincón Gillé. Fue premiada como mejor película en el FICCI en 2016 y hace parte de la trilogía Campo hablado, que busca reflejar la realidad del conflicto armado. Noche herida es la que culmina esta serie de películas, centrada particularmente en la vida de la ciudad después de vivir crudamente las consecuencias y causas del conflicto armado. Sumado a Noche Herida, la trilogía está conformada por las películas ‘En lo escondido’ (2007) y ‘Los abrazos del río’ (2010).

 

En una zona periférica de la ciudad de Bogotá, donde las luces a lo lejos parecen encarnar los ojos brillantes de la herida, se encuentran Blanca Rodríguez y sus tres nietos: Didier, Jhon y Camilo. En una situación de huida de un contexto de guerra, de grupos armados, de los cruces de fuego, de la amenaza constante, se asientan en la marginalidad de Ciudad Bolívar. Sin embargo, como si persistiera una figura espectral, la violencia retoma su encrucijada y vuelve con dramas familiares que envuelven a Blanca, a sus nietos y a su compinche en largas horas de incertidumbre, de desencuentros, de algunas evocaciones de la guerra, y finales de pequeñas huidas como la de su nieto Didier. La noche, sin embargo, insiste y cae durante toda la película sobre sus cabezas y sobre sus sueños, dejando claro que la que cae, es esa herida que se explaya en el mar de noche que acompaña el desarrollo de la vida de Blanca y sus nietos.

 

Dar una opinión sobre esta película que representa el cine documental político, si se quiere, remite -personalmente- a analizar elementos de una escena en particular; la inicial, la de las raíces. Un arbusto frondoso sobre un tronco fuerte y grande. Esa es la primera imagen de Noche herida ¿Su significado? La vida, resistencia, origen e historia. Nicolás Rincón Gillé cristaliza en esa escena lo que podría ser el desarrollo de esta historia.

 

 

Foto ciudad Bolívar

Ciudad Bolívar es el escenario en el cual se desarrolla la película. 

 

 

Una película documental que hace gala de una sencilla belleza; presenta el retrato de la cotidianidad de Blanca, una mujer de carácter fuerte, decidido e inquebrantable que ha pasado por la dura violencia política armada y no armada. Es igualmente, un retrato del papel de las mujeres en las historias de conflictos, porque refleja esa tarea intensa del cuidado que problematiza afectiva y socialmente la vida de esas mujeres como Blanca que huyen de un contexto de guerra para entrar a otro de violencia más naturalizada e invisibilizada, que devela algunas de las causas estructurales de los conflictos en Colombia; la desigualdad, el olvido, la criminalidad junto a la marginalidad, el desencanto de un futuro imposible de divisar.    

 

Noche herida es también una voz del campo, de la guerra y del desarraigo; una que denominan experiencia. Sin mediaciones muestra la realidad densa a la cual nos adentra Blanca con el sólo hecho de ser ella y con el ejercicio oral de su memoria. Representa la palabra hablada y no hablada, esa que es expresada por sus silencios y lágrimas que brotan al fervor de una oración o de una conversación. Y justamente ahí reside una de las cualidades de la película. Y es que es una propuesta de cercanía, de aproximaciones a las emociones, pasiones y vivencias de personas que se les brinda el lugar de víctimas pero que en sus realidades trascienden esa etiqueta a veces disiente y otras veces limitante; aquí, en Noche Herida está la historia de un país contada por una de sus protagonistas, Blanca, sus nietos y amiga de horas de catarsis promovidas a través del diálogo, de la escucha y la comprensión. Tal vez, elementos de los cuales carece Colombia no sólo como país político sino también, social. 

 

El cine habla de variadas maneras, en ocasiones es explícito, pero en otras hay que develarlo un poco a tientas o con un poco de intuición que te exige dejar pedazos de sentimientos en cada lectura. Noche Herida exige ser pregunta, tener los oídos ávidos, conservar la mirada atenta que ayuda sostener Nicolás Rincón Gillé con su cámara que mirando a Blanca nos busca, como reconociendo historias y pasados. Y por esto, finalmente me remito a la imagen y escena del árbol inicial. Un niño escala las ramas, sube a la vida, camina la historia, pero sus raíces lo miran desde abajo y él sabe que sus ojos se posan en él y estas lo dejan crecer mientras trepa. Ver una película también es apostarle al mundo de las interpretaciones, hurgar en ellas y ver qué surge; Noche Herida nos habla de noches, de heridas, de metáforas y realidades. Habrá que hurgar en ese árbol, a ver qué sale a la luz del momento actual que atravesamos como país. Esperemos, realmente esperemos que no sea momento de huidas ni tampoco de noches heridas que se prologuen en el tiempo. A lo mejor puede ser un definitivo comienzo, un amanecer inquebrantable como el que Blanca Rodríguez intenta sostener con su tibio carácter de entereza total.

 

Por Redacción Cromos

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