"Descubrir la magia de las canciones de Jairo Varela, me acercó al objetivo de dedicarme a la música", Goyo

Gloria Martínez Perea confiesa que tuvo una adolescencia marcada por el rap, género que reflejaba su posición de mujer independiente.

“Desde chiquita he tenido aptitudes para cantar. Hoy, que estaba en el grado de mi sobrinita, me acordé que cuando cursaba cuarto de primaria, en uno de los actos de clausura, yo canté la canción Ritmo, tambor y flores. En el toque estaba un hermano de mi mamá con su guitarra, mi mamá haciéndome los coros y yo cantando una canción de Celia Cruz. Entonces tendría nueve años, lo que significa que sentía la música, pero no dimensionaba que me iba a dedicar a esto. Los escenarios para mí eran las comparsas en Condoto, en el Club de la Televisión, un proyecto que hacía mi papá con los curas en donde nos ponían a cantar. Los niños del pueblo nos veían por Teleplatino, el canal de Condoto.

 


Mi hermano Slow y yo siempre hemos compuesto canciones. Ahora estamos trabajando en un tema que justamente escribimos hace dos décadas. Recuerdo que la agrupación Los generales R y R iban a tocar y al otro día Slow y yo repetíamos su show en casa y con los amigos. Mi hermano rapeaba y yo le hacía los coros. Jugábamos a eso, con mucha voz e imaginación. De ese ritual al de ahora no hay diferencia. Así como escribíamos canciones cuando jóvenes, lo hacemos hoy. Lo único que de pronto es distinto es la presión autoimpuesta por cumplir lo que me propongo, llevando las riendas de las situaciones. Hago lo que quiero, todo lo que tenga que ver con la música de Chocquibtown debe llevar mi sello. Esa es mi lucha diaria.

 

 

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"Con mucha voz e imaginacion, Mi hermano y yo Jugabamos a rapear. De ese ritual al de ahora no hay diferencia".

Foto: Andrés Valbuena.

 


Mi pasado se esparce por varias ciudades. También viví en Quibdó, Buenaventura y Cali. Mi llegada al puerto del Pacífico fue una revelación. Recuerdo que empecé a ver el mundo de otra manera. Fui a terminar el bachillerato. La marca de esa época es mi fascinación por el Grupo Niche. Tanto, que aprendí los arreglos de vientos de sus canciones. Descubrir la magia de las composiciones del maestro Jairo Varela, me acercó al objetivo de dedicarme a la música. La posibilidad de estudiarla en la universidad estaba un poco descartada, no era la primera opción para mi familia. Sin embargo, conocí a amigos que estaban en mi misma onda. Con la masificación del acceso a Internet, descubrí a otros artistas que me llenaron de inspiración. 

 


Buenaventura engloba una etapa importante. La visitaba en vacaciones y luego la viví como una porteña más. Además de desarrollar mi vocación musical, en el colegio me destaqué como jugadora de voleibol, por eso me empecé a perfilar como estudiante de fisioterapia o de artes. Tuve una adolescencia muy activa. Practiqué casi todos los deportes. Tenía unos amigos en el barrio con los que iba a la ciclovía, escuchaba rap, hacíamos parche para ir al Festival Petronio Álvarez. Recuerdo esos días al lado de mis tías, a quienes les saqué varias canas. Siendo menores de edad, con mi hermano Slow organizábamos eventos en un bar de hip hop. A mis tías no les gustaba que trasnocháramos y yo, en contravía, ya estaba metida en el cuento. 

 

 

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"Mientras me decidIa a dedicarme a la música, estudié dos semestres de psicologIa en Cali y después di el salto a Bogotá, donde pude dedicarme a escribir y a cantar".

Foto: Foto: David Schwarz.

 


Fui rebelde por ese lado. Siempre fui una mujer contestataria e individual, porque ponía mis expectativas por encima de todas las cosas. Hubo un momento en el que me corté el pelo, me lo rapé bajito, bajito. Me vestía como rapera, con pantalones y sudaderas anchas, porque mi hermano Slow me prestaba la ropa. Pronto la música se convirtió en mi estilo de vida. Cuando yo estaba en noveno de bachillerato, en el salón de clase nos ponían a escuchar Snoop Dog y 2 Pac, en vez de Selena. Con una juventud atravesada por ritmos urbanos, en Buenaventura, era imposible escapar de la música. A los 15 años me gradué como bachiller y experimenté otro cambio. El camino siguiente fue Cali, ciudad en la que comencé la carrera de Psicología. En paralelo, seguí cultivando mi carrera musical. Hallé nuevas amistades, anduve con los urbanos de Cali Rap Cartel y todo el combo de hip hop caleño mientras cuajaba la idea de cantar en escenarios, como cuando lo hice en Condoto con mi mamá y su amigo cantando el tema de Celia Cruz.

 


Puedo decir que mi experiencia en Cali fue bonita como ninguna otra. De igual forma aseguro que en Buenaventura tuve unos años maravillosos con mis amigas, con las que continúo comunicándome. En Cali tuve la oportunidad de hacer trabajo social con Jhon J, integrante del grupo de raperos Zona Marginal, que me enseñó con ejemplo que se puede ayudar a la comunidad y cantar a la vez. Los fines de semana íbamos a clase de un profesor de la Universidad del Valle que donaba su trabajo para que nosotros supiéramos de las masas folclóricas en la música, para que no nos quedáramos con lo que adquiríamos empíricamente. Al borde de los 18 años, formé un grupo de raperas llamado La Colonia, con las que hacía crítica social y por ahí derecho ponderábamos la fiesta. La música era una sabrosura, con La Colonia conocí a muchos grupos de rap caleños. Era tal la conexión que veníamos en buses a Rap al Parque. 

 


En Cali construí mis gustos y tuve la determinación de elegir a la música como estilo de vida. Estudié dos semestres de Psicología en la Universidad del Valle. A los 17 años me vine con mi hermano para Bogotá. Ya habíamos tocado puertas en Cali y tuvimos que convencer a mis papás de nuestro proyecto musical. Como he sido dedicada al estudio, nos apoyaron. Finalmente me gradué en la capital como psicóloga en la Universidad Iberoamericana. Mientras obtenía el título, viajé con el colectivo Sidestepper por Europa. Hicieron una convocatoria a raperos en la casa de Andrea Echeverri y yo quedé seleccionada. A la semana me fui de gira con ellos. Mi sueño de ser cantante se hizo realidad. 

 

 

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"He vivido en Condoto, Quibdó, Buenaventura, Cali y Bogotá, por eso a veces mis recuerdos se mezclan con otros".

 


Si juntara cada episodio de mi vida y los viera desde el aire, encontraría a la joven que se dejó llevar por su pasión más genuina. Por eso en el programa La Voz Teens procuro no ser tan técnica con los participantes. Mi intención es acercarlos a lo que he vivido. Quiero darles trucos a la hora de subirse a la tarima, darles trucos de expresión corporal. Desde eso hasta las prendas que deben escoger el día de la presentación. Ha sido una experiencia en donde he aprendido muchísimo, en la que siento esa energía transparente de querer conquistar al público con tu talento. Me lleno de esa energía, que nunca se pierde, y viviendo con ellos sus sueños se despierta en mí el deseo de salir adelante. Hago el ejercicio de ponerme en sus zapatos. Es complicado no dejarme tocar por historias como la de Darlin, una chica del Pacífico que se fue a vivir a Tuluá, Valle, mientras sus padres trabajan en Italia. Me dan ganas de acompañarla, porque en algún momento de mi vida yo me sentí como ella, que estuve con mi hermano luchando por la música en Bogotá, sin mis papás. 

 


La experiencia de La Voz Teens permite que uno se identifique con los concursantes. También está la otra cara de la moneda, de niños que desde pequeños reciben clases de música y técnica vocal. Ese contraste me sirve para saber que en el país todavía falta mucho por hacer para que los ciudadanos tengamos las mismas oportunidades, que el arte esté a la mano y no sea lujo de unos. Afortunadamente, cuando hay gente talentosa, que nace con aptitudes, con el 440, las clases de técnica vocal quedan en un segundo plano. Me emociona poder compartir con adolescentes de diversos orígenes. A los que crecieron con oportunidades, les puedo contar mi historia, para que vean la otra cara de la moneda y a los que no, puedo decirles que se puede. Qué chimba que Colombia le apueste más a las escuelas comunitarias de música, para que sea un estilo de vida, basado en las ganas, la pasión y la disciplina”. 

 

 

Un ídolo

 

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En la juventud me inspiraba Beyonce cuando estaba en Destiny's Child Replicaba sus looks, al igual que el de raperas como Laurin Hill y Queen Latifah. Las tres fueron un punto de referencia, por ser negras. yo trataba de combinar colores como lo hacían ellas y los movimientos llenos de energía y poder femenino en el escenario. 

 

 

Fotos: Mauro González - Caracol TV.

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