"Todas las mujeres somos un cliché" Susana y Elvira

Conozca por que estas blogueras, con una voz independiente y genuina, se han tomado internet.
"Todas las mujeres somos un cliché" Susana y Elvira
Dos colombianas mayores de 30 decidieron contar sus verdades sobre el mundo femenino, en un blog que terminó convertido en una serie web que hoy es un fenómeno de audiencia. Como prefieren el anonimato, las actrices Mábel Moreno y Manuela González ponen la cara por ellas. Espejo para muchas.  Ellas saben que para una mujer es imposible pasar al lado de una vitrina y evitar mirarse en el reflejo. Saben que en una primera cita está prohibido cortarse el pelo o pedir un plato de fríjoles. Saben que menos maquillaje siempre es más y que el delineador líquido solo va en el párpado superior. Saben que llamar al exnovio implica terminar con el corazón hecho pedazos. Saben que “el amor de la vida” es un invento de las comedias románticas. Saben que ser mujeres del siglo XXI es una fortuna, pero también saben que serlo no es tan bonito ni tan fácil como parece.  Susana y Elvira, como el resto del género femenino que alcanza los 30, saben que la felicidad no se alcanza como en las películas de Disney y que, para llegar a ser lo que siempre han soñado ser, tendrán que superar decepciones, secarse muchas lágrimas y llenarse de fuerza y de ganas. En medio de una de esas crisis vitales, que muchas veces llegan de la mano del aburrimiento laboral, Susana y Elvira –cuyos nombres verdaderos desconocemos porque desde hace cinco años se las han arreglado para mantener el anonimato y, así, una voz genuina–, decidieron crear un blog en el que mujeres comunes y corrientes les escribían a personas comunes y corrientes. Hablaban sin tapujos, sin censura, sin pudor, sobre el sexo, el amor, el despecho, el trabajo, la vida. Sobre ese desafío que conlleva ser una mujer moderna en una sociedad retardataria en la que el género todavía tiene muchas batallas para dar –empezando por el machismo– y en medio de una cultura que se encarga de lavar cerebros e imponer modelos que esa mujer moderna intenta romper aunque no siempre se atreve a hacerlo –nacer, estudiar, trabajar, casarse, tener hijos, criarlos y morir–.  La frescura y la sinceridad que emanaban de ese blog creado en 2008 terminó por convertirse en una divertida –y no por ello menos profunda– reflexión acerca de lo femenino con la que miles de mujeres se identificaron y en la que no solo encontraron respuestas a sus conflictos cotidianos, sino compañía: no existía un espacio que les hablara con sus palabras, que las entendiera, que les permitiera no sentirse solas en esa aparentemente titánica tarea de ser mujeres del siglo XXI educadas con la mentalidad del siglo pasado.  La propuesta fue tan llamativa que en 2012 Carolina Ángel, directora de la productora Mimosa, se enamoró del proyecto y llamó a sus creadoras para invitarlas a hacer una serie web en la que Manuela González y Mábel Moreno interpretarían a las blogueras. “Supe que era algo que tenía que hacer porque el blog hablaba de la realidad de una mujer como yo –explica Ángel–. Susana y Elvira han llorado con lo mismo que yo, tienen las mismas inseguridades, las mismas metas. Somos contradictorias, queremos ser independientes, pero también queremos encontrar un hombre, tener un hijo y un perro. Y es que en algún momento nos enseñaron que si no tenemos un hombre seremos infelices, cuando lo primero es quererse a uno mismo. Susana y Elvira hablan de todo eso que somos y que muchas de nosotras no sabemos comunicar”.  La serie web –cuya segunda temporada acaba de terminar y que puede verse en cualquier lugar con acceso a Internet, en cualquier momento de la semana– se convirtió en un fenómeno de audiencias: un solo capítulo fue visto por 70 000 personas. Las mujeres le tienen tanto aprecio que han creado rituales en torno a la serie: algunas se reúnen a verla los domingos, toman pisco y al final conversan sobre sus experiencias; otras han decidido que el mejor momento para encontrarse con esas amigas virtuales es a la hora del almuerzo de los lunes. ¿Qué hay detrás de esa fiebre por Susana y Elvira, una serie que, además, propone un nuevo formato de entretenimiento? El espectador digital La fórmula de mujeres que les hablan a mujeres no es nueva. Primero fue Sex and the City. “Todas jugamos a decir a quién nos parecíamos más, si a Carrie, a Samantha, a Charlotte o a Miranda”, asegura Elvira. Después, con una narrativa más cruda, llegó Girls. Y en Colombia vimos Los caballeros las prefieren brutas, basada en el vendedor libro de Isabella Santodomingo. Muchos llegan a comparar Susana y Elvira con estas series, y aunque las mismas creadoras del blog aceptan su parecido, también aseguran que no fueron referentes a la hora de escribir o llevar sus textos a la pantalla del computador. Justamente, ese nuevo formato hace que esta propuesta sea diferente y que su manera de conectarse con el espectador varíe. “La fórmula tipo Sex and the City ya es una garantía de éxito, es un gran tema –asegura el crítico de entretenimiento Ómar Rincón–. Pero en este caso además está la intención de explorar un nuevo formato que, aunque todavía tiene una narrativa muy similar a la televisiva, propone nuevas cosas, como el hecho de que sean capítulos cortos, por lo general de diez minutos, que mantienen al público atento e interesado, antes de que el asunto se torne tedioso. Además, le apunta justamente a la audiencia que está buscando contenidos en Internet”.  La suma de la temática femenina con el formato digital han conformado una mezcla perfecta para el consumidor de entretenimiento actual. “Ahora se habla de la Generación C, que se define con palabras como “conectar”,  “crear”, “comunidad” –explica Juan Camilo Rodríguez, vicepresidente de la agencia digital Indexcol–. El público de hoy quiere dejar de ser simplemente espectador para ser parte activa de lo que ve. Quiere opinar, compartir y conversar acerca de eso que le gusta o lo hace pensar”. Es una generación que busca la gratificación instantánea, que está acostumbrada a encontrar en segundos un video con el que se va a conectar y que le va a dar la posibilidad de expresar lo que siente cuando lo ve. Y siempre puede dirigirse a un lugar virtual donde encuentra lo que quiere, ya no tiene que “canalear” y frustrarse cuando nada le interesa en el proceso.  Susana y Elvira es eso, un espacio con el que la mujer se identifica, que le permite alcanzar la gratificación instantánea y también opinar. “Nosotras recibimos todo tipo de comentarios de parte de las personas que nos ven –cuenta Susana–. Nos ven como sus amigas, nos cuentan que les ayudamos a superar la tusa, nos piden consejos en relación con problemáticas terribles; los hombres nos dan las gracias porque les hemos ayudado a entender a sus novias…”. Para lograr este tipo de conexión, la serie no solo hace referencia a situaciones con las que todos se relacionan, sino que lo hace con un lenguaje igual de cercano. “Hablamos como lo haríamos detrás de las cámaras –dice Mábel Moreno, quien interpreta a Elvira–. Que sea una serie web nos da mayores libertades; podemos decir groserías, hablar de vibradores y polvos, ser frescas y sinceras”.  Como Susana y Elvira, en el medio del entretenimiento digital han empezado a surgir series web con las que se identifican diferentes nichos, como las creadas por la productora de contenidos virtuales Dirty Kitchen en alianza con Indexcol: Cositas de niñas –dirigida a mujeres entre los 17 y los 24 años–, Diario de una consentida –para adolescentes de colegio– y Adulto contemporáneo –para personas entre los 25 y los 50 aproximadamente–. Todas estas series surgen del interés de contar una historia que deje de ser monólogo y sea conversación y vínculo con la imaginación de los espectadores. “Somos herederos de Andrés López y pensamos que es sano aceptarnos para reírnos de nosotros mismos”, opina Federico Barragán, gerente de la productora. La idea de conectarse con el público, ofreciéndole un video de calidad con el que se identifique, logró que la serie Adulto contemporáneo fuera vista por 170 000 personas de en tres semanas. “El éxito de estas series tiene que ver con la sociedad del espectáculo –asegura Ómar Rincón–. Hoy, con la ayuda de Facebook y Twitter, todos somos exhibicionistas, nos encanta ser protagonistas, celebridades, vernos representados”.  La nueva crisis de los 30 Aunque el formato de esta serie web ha sido clave, lo que ha creado una intensa conexión con los espectadores es su contenido: directo, sincero, divertido. A finales de los años ochenta, la serie Después de los 30 causó furor. Narraba la vida cotidiana de un grupo de amigos que al llegar al tercer piso debían dejar atrás su vida rebelde para tratar de alcanzar la armonía familiar con sus esposas e hijos. En 2013, Susana y Elvira cuentan cómo se vive ahora la crisis de los 30: una crisis que ha mutado con la sociedad y las nuevas tecnologías. Y lo hacen con tanta honestidad que es inevitable que las mujeres, y algunos hombres, se identifiquen con ellas y busquen respuestas para sus vidas en la serie.  Susana espía a su ex novio a través de Facebook. Elvira tiene una ciberrelación con un hombre que nunca ha visto pero con el que chatea sin parar. Susana quiere destacarse profesionalmente como editora política de un diario pero por ahora tiene que aguantar tener que escribir sobre mamás y pezones irritados. Elvira está tan endeudada con el novio que la dejó, que termina de impulsadora, patinando por las calles de la ciudad para ofrecer un nuevo yogur. Susana es una mujer autónoma con apartamento propio, pero que asegura: “La liberación femenina nos jodió, mis mejores polvos fueron con amor”. Elvira se la pasa de tusa en tusa, pero siempre vuelve a creer en los hombres. Así viven los treinta estas dos mujeres, quienes en principio parecen profesionales independientes y fuertes pero que, en realidad, hasta ahora luchan por alcanzar esa independencia y por convertirse en lo que sueñan ser.  “Ya no existe el estigma de la solterona a los 30; ahora son nuestro mejor momento –asegura Mábel Moreno–. Pero con los 30 también llega la madurez y entendemos que la vida no es lo que nos vendieron, que fuimos muy ingenuas. Lo interesante es que a pesar de esa decepción, no nos amargamos, tomamos la vida como es, la disfrutamos y sacamos lo mejor de ella”. Así, la serie no muestra el ideal ficticio de una poderosa profesional independiente que es capaz de pisotear al género masculino, sino que habla de mujeres reales que todavía tienen que luchar contra el machismo, que llegan a ascender profesionalmente con el sudor de su frente, que intentan ser esas adultas modernas capaces de sobrevivir sin hombres y con vibradores, pero que en el fondo reconocen que sueñan con encontrar el amor. Susana y Elvira se atreven a decir lo que muchas mujeres del siglo XXI temen aceptar: que todavía dependen emocionalmente de los hombres, que son ellos quienes suelen escoger el lugar al que se irán juntos de vacaciones, que los ex novios son un karma eterno, que no hay un hombre destinado para cada mujer –que pueden ser muchos y se pueden disfrutar todos– y que el género femenino es un cliché.  Arriesgarse a aceptar lo que nadie más está dispuesto a decir es lo que hace que Susana y Elvira sea un éxito, y lo que lleva a pensar que esas dos blogueras enigmáticas sean realmente mujeres del siglo XXI, pues en la medida en la que se conocen y se aceptan, también son capaces de actuar –y lo hacen en la serie–, de buscar su independencia, de escoger si lo que quieren es una familia o viajar por el mundo, de reconocer si quieren sexo o un novio, y de gozarse una tarde con amigas en la que todas pueden entenderse y ayudarse precisamente por esos clichés que las unen cuando viven situaciones que las emocionan o tusas que les parten el corazón.