«Si cobraran por soñar yo estaría endeudadísima» Carolina Cruz

Esta mujer tranquila y equilibrada empieza el año con claridad mental y paz interior. 
«Si cobraran por soñar yo estaría endeudadísima» Carolina Cruz

Después de un 2013 en el que logró renovarse y encontrar la verdadera plenitud, con la ayuda del feng shui, la oración y una dieta libre de carne. Como presentadora de Colombia’s Next Top Model, ahora amasa nuevas ilusiones para 2014. 

La frescura se le escapa por los poros. Camina con calma, habla serenamente y mueve su cuerpo con delicadeza. No tiene afán. Siempre ha sido tranquila y esto no solo se debe a que nació en Tuluá y desde los dos años se crió en Cali –la relajada capital de la salsa–, sino a que vive con la idea de que en el equilibrio está el placer. Por eso no es de extremos. Adora el ejercicio, pero si un día está demasiado cansada para levantarse de la cama, no se martiriza y pospone el deporte para la mañana siguiente. Aunque hace nueve meses empezó a dejar la carne, no le interesa ser vegana. Lee desde libros de superación personal hasta novelas policiacas, y disfruta tanto el cine de terror como las comedias románticas. No se complica la vida y la toma como llega, con todos sus matices. Esa actitud amplia, ecuánime y receptiva frente al mundo siempre le ha abierto puertas y le ha permitido conservar un espíritu apacible y encantador.

A pesar de que la tranquilidad siempre la ha acompañado, hace unos meses no hay absolutamente nada que la perturbe. Decidió darle un giro de 180 grados a su vida y, a pesar de los miedos que conllevaba ese cambio, hoy siente que ha encontrado la verdadera plenitud. Una oportunidad de inversión la impulsó hasta Miami, así que pidió una licencia en el Canal RCN para estudiar inglés. Se fue con su novio, Lincoln Palomeque, con quien ya lleva más de cinco años. Después de llegar a Estados Unidos, a Palomeque le ofrecieron un papel en una novela de Telemundo y ella prefirió renunciar al canal que durante más de una década le dio la oportunidad de alcanzar la fama y convertirse en la más querida presentadora de farándula del país. Dejó atrás su vida de estrella y se olvidó de que era diva. 

«Las cosas estaban saliendo tan bien allá, estaba tan tranquila, que preferí quedarme, tomarme un descanso de verdad, relajarme por un tiempo y reinventar mi vida, yo no quería volver a lo mismo», le explicó Cruz a CROMOS.

 

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Así que ese mujerón vallecaucano con cara de muñeca se atrevió a dejar el hogar que la acogió durante 13 años y que le sirvió como ventana y trampolín para crecer profesionalmente –después de haber sido elegida virreina nacional de la belleza en 1999–, para llegar a crear su propia marca de joyas y accesorios, y para enamorar a los colombianos. Esa frescura que irradia siempre permitió que la gente se sintiera muy cercana a ella, y su carisma y dulzura hicieron que se ganara el cariño del país. Por esa facilidad que tiene de conectarse con el público, no pasó mucho tiempo antes de que le salieran propuestas luego de su viaje a Miami: muy pronto estaba representando marcas con su imagen, trabajando en la transmisión de Miss Universo y presentando la segunda temporada de Colombia’s Next Top Model, que se estrena este 13 de enero en el Canal Caracol. Su vida, entonces, transcurre en un ir y venir que le permite estar cerca de todo lo que quiere: de la familia, los amigos, el trabajo y hasta del mango biche que tanto adora, pero también de la playa, el sol, la independencia y la paz. 

Un delicioso vaivén

No pone despertador. Cuando está en Miami, duerme hasta que sus ojos miel se abren, cansados de descansar. Vive al ritmo que se le antoja. Hacia el mediodía suele ir a clases de inglés y por la tarde va al gimnasio. Si le queda tiempo, hace yoga. Siempre sale de su casa sin maquillaje y con el pelo cogido en una moña. Son pocos los que la reconocen, así que puede ser Carolina, esa que es pura frescura. Va a la playa feliz, sin que alguien vigile si está gorda, flaca o si tiene celulitis. Tiene algunos amigos, pero por lo general está sola o con su novio. Cuando habla sobre su nueva vida, no le cabe la dicha en el cuerpo. «Mi vida es relajadísima y, aunque hay días en los que me toca estar de Robotina, no me importa. Arreglo el apartamento, lavo, plancho, cocino, hago mercado… Cuando Lincoln y yo estamos libres nos escapamos de viaje, vamos a Orlando como niños chiquitos o a playas cercanas. Es delicioso». 

Una vez al mes viene a Colombia y arma una agenda para aprovechar el viaje. Cumple con los compromisos que tiene con ciertas marcas y revisa cómo va el negocio. Ahora, la mayoría de su tiempo se va en las grabaciones de Colombia’s Next Top Model, una oportunidad que llegó con desafíos y satisfacciones. «Ha sido una maravilla de experiencia –explica–. Llegué como primípara pero muy pronto sentí como si hubiera trabajado en el canal toda la vida. Me han tratado como una princesa. Ha sido un reto, porque es difícil compatir con estas niñas que tienen tantos sueños y saber que no todas los van a alcanzar. A mí, que soy súper sensible y lloro por todo, me cuesta el proceso, pero también he aprendido mucho de ellas, son muy trabajadoras y luchadoras, y tienen ganas de comerse el mundo». 

 

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Su tranquila vida en Estados Unidos contrasta con la que llega a asumir en Bogotá, donde su profesionalismo brilla incluso en la sesión de fotos de CROMOS. Con tenis, leggins y chaqueta de jean es la misma Carolina que se dedica a descansar en Miami, pero con el vestuario blanco y la cámara frente a ella, se transforma. Minutos antes regalaba carcajadas, pero ante el reflejo de las luces parece que entrara en trance, a una dimensión en la que los únicos seres sobre el planeta son ella y el fotográfo. Lo oye solo a él, lo entiende y se mueve como se lo pide. Nada la desconcentra. Por momentos es angélical y sofisticada. A veces es una Marilyn de piel canela que coquetea con las telas blancas que cubren sus piernas. También es un huracán, y da la impresión de que su energía eleva la ropa, la enreda y la desata. Cuando anuncian que la sesión ha terminado, vuelve a sonreír.

Espíritu en paz

Carolina siente que este es el mejor momento de su vida y eso tiene que ver con que ha seguido un proceso que le ha permitido encontrar claridad mental y paz interior. En 2013 tomó decisiones difíciles. Por primera vez pensó solo en ella, en su felicidad y en su tranquilidad. Fue complicado salir de su zona de confort y arriesgarse a aceptar que no estaba del todo satisfecha con su vida, pero fue el camino acertado: «Recibí solo cosas lindas y más trabajo. Aprendí a valorarme y a pensar más en mi bienestar».

En ese proceso de renovación, de manera paralela fue cambiando su dieta y su rutina de ejercicios. Poco a poco dejó las carnes rojas: «Esto me ha ayudado a lograr un equilibrio entre lo que pienso y cómo actúo. Soy defensora de los animales y trabajo con una fundación de perritos en Sesquilé, así que con esta nueva dieta mi cuerpo y mi mente se sienten bien. Ahora pruebo un pedacito de lomo y me sabe a sangre». También modificó su manera de hacer deporte; realiza ejercicios variados con los que quema más grasa y que son más efectivos a la hora de despejar su mente y de recargarla con energía: practica pilates, TRX, Barre Pro, stretching…

 

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En el camino transformador que empezó a recorrer en 2013, siempre la acompañaron Dios y el Divino Niño, de quien es fiel devota. Toda su vida ha encontrado paz en la oración y desde hace cinco años, cuando entabló su relación con Palomeque, no hay un domingo que no vaya a misa, ya que él y su familia son fervientes católicos. Tampoco abandonó el feng shui, en el que cree desde sus días en el reinado: «La persona que me ayuda a reubicar las energías de mi casa, tanto en Miami como en Bogotá, es una bruja buena y yo sin ella ya no puedo vivir –explica Carolina–.  A veces la gente cree que el feng shui es dramático, que hay que poner la sala en la cocina y la cocina en el cuarto, pero en realidad hay que hacer cambios muy sutiles, como ubicar una caja de pañuelos en el baño para que la plata no se le vaya a uno por el inodoro». 

De esta manera fue conformando las bases que le permitirían tener la tranquilidad espiritual para tomar decisiones que transformarían su vida por completo, que le permitirían reinventarse y recibir nuevas ofertas laborales, que le traerían nuevas enseñanzas y verdadera paz, y que le darían la oportunidad de fortalecer aún más su relación de pareja. «En Miami vivimos felices. Los dos somos muy frescos, así que no somos ni celosos ni dependientes. Respetamos nuestros espacios y somos muy amigos así que todo fluye». 

Después de este año en el que se arriesgó, creció y llegó a ser más feliz que nunca, ahora se dedica a seguir soñando, su principal afición. «Como profesional quiero continuar renovándome y demostrar todo lo que puedo llegar a hacer. Como empresaria, quiero crecer y abrir almacenes Carolina Cruz en todo el país y en el exterior, sé que ese va a ser mi futuro. Como mujer, quiero formar una familia, tener hijos. Todavía hay mucho que me falta». Carolina habla con añoranza pero sin urgencia. Sigue serena, imperturbable. Ella sabe que cada cosa llega a su tiempo y no pretende apretar el acelerador. Mientras tanto seguirá disfrutando el vaivén de su vida, los días plácidos en Miami, las semanas aceleradas de Bogotá, los fines de semana con amigos –en los que absorbe su buena energía– y las escapadas románticas con su novio. Justo ahora no hay nada que le borre esa sonrisa que se le escapa sin que se dé cuenta, ni nada que impida que su espíritu leve –libre de arrepentimientos, de carne y de preocupaciones– vaya flotando por la vida. Caminar, en este momento, no es para ella. 

 

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