Bazurto y la reivindicación de la champeta

La serie del Canal Caracol se arriesgó a sacar este ritmo de los barrios más populares de Cartagena para airearlo en la televisión nacional. 
Bazurto y la reivindicación de la champeta

No hay nada que provoque más polémica en la televisión colombiana que las producciones que se inspiran en una región del país. Y Bazurto, la serie del Canal Caracol que toma el nombre del tradicional mercado de Cartagena y que incluyó la champeta en su argumento, no fue la excepción. Apenas se emitió el primer capítulo, dirigentes culturales y periodistas del Caribe aseguraron no sentirse interpretados ni representados. 

Al margen de la crítica por «poner a actores cachacos a hablar como costeños», la presencia de la champeta provocó una controversia en torno de si la música de la serie representa el verdadero «espíritu champetúo». Ana Piñeres, directiva de CMO, la productora de Bazurto, explicó que eligieron este ritmo a raíz de la declaratoria de la Unesco como patrimonio afrodescendiente e hicieron una investigación para elegir el repertorio.

«Teníamos una historia de acción, queríamos un aire fresco y terminamos inclinándonos por la champeta. Nos asesoramos con expertos en este género, como Humberto Castillo, conocedor por más de 30 años, y Lucas Silva, del sello Palenque Records y realizador de documentales sobre el tema», explicó. Así lograron elegir más de 60 canciones; Lucas y Simón Mejía (Bomba Estereo) se encargaron de la música incidental. 

La discusión surgió, como en otros géneros musicales, cuando los cultores de la primera generación de la champeta oyeron canciones de lo que se ha denominado champeta urbana, el más reciente de los formatos, que muchos de ellos no aceptan como «verdadera champeta». 

En este sentido, Lucas Silva explicó que el repertorio que ellos sugirieron y que la productora aceptó hasta donde la negociación de derechos de autor permitió, incluye canciones de las diferentes olas de la champeta. «Hay temas clásicos y nuevos, hay que tener en cuenta que ha cambiado mucho y ahora hay mezclas con otros ritmos. Lo que se oye en Bazurto es una buena panorámica del género». 

Humberto Castillo, director del más tradicional «picó» de Cartagena, Rey de Rocha, fue quien se encargó de la negociación de los derechos de autor de la música de la serie. «Yo sugerí que el mejor homenaje que se le podía hacer a la champeta era abrirle paso al nuevo fenómeno y aprovechar el trabajo publicitario de Codiscos para promocionar a los nuevos artistas», admitió. 

En lo que ambos coinciden es que en la serie la champeta quedó en un lugar secundario. 

Castillo se lamenta de que no hubieran grabado en un verdadero picó, «porque la champeta se baila en la arena, en medio de láminas de aluminio, y el ambiente, la luz, la gente, te transmiten todo el sentido de esta música que es un catalizador de las penas de los afrodescendientes excluidos y pobres».

Los picós, como dice Lucas, son una biblioteca musical para los jóvenes de los barrios más pobres de la costa. «Un picó no es como una discoteca “pupy” de Bogotá, allí se pone música que viene de afuera, son grandes investigadores musicales, están las nuevas generaciones, lo clásico, lo criollo, lo urbano; es una fuente de cultura inagotable que ha sido perseguida y estigmatizada».

Y recuerda que de los picós fue que bebieron, musicalmente hablando, artistas como Joe Arroyo (uno de los primeros champeteros), Juan Piña o Juan Carlos Coronel. 

Ana Piñeres, de CMO, se defendió explicando que el objetivo de la serie no era mostrar los picós, sino una historia de acción de champeta. Pero para los conocedores del tema, picó, mercado de Bazurto y champeta son uno solo.

Castillo cuenta que se debió hacer más énfasis en Bazurto, el mercado cartagenero, porque allí se mueve la industria de la champeta, desde los discos piratas, hasta la elaboración de los afiches promocionales. Es un sitio de encuentro de los artistas y de negociación de los espectáculos.

Aun así, ambos se declaran optimistas porque la serie es un paso en el esfuerzo por reivindicar la champeta, una música discriminada y excluida, como aquellos que la bailan y la tocan.