Los años maravillosos llegan a la televisión colombiana

*La adaptación de la serie estadounidense llega con historias juveniles, pero con una familia muy tradicional que sorteará la crisis de los años ochenta con humor y mucho amor.*
Los años maravillosos llegan a la televisión colombiana

La idea de Carol Black y Neal Marlens de contar los problemas y la vida de los estadounidenses de finales de los años sesenta, a través de los conflictos y sueños de un preadolescente, aterrizó en Colombia. La historia de Kevin, su familia y sus amigos transcurre ya no en una casa de California sino en Bogotá, con una familia muy colombiana que enfrenta los dilemas sociales y económicos de los años ochenta con algo más de humor y menos frialdad que la original. Así las cosas, en la serie nuestra no se juega softbol sino fútbol, el pícnic se cambia por un paseo de olla, el prom se convierte en fiesta de grado y el pie de manzana se reemplaza por un tamal.

Esas son solo algunas de las adaptaciones que surfrió la exitosa serie The Wonder Years (que la cadena estadounidense ABC mantuvo al aire entre 1988 y 1993) en la versión colombiana, que se empezará a emitir los sábados en el Canal Caracol. De fondo hubo muchos más cambios. Luis González, encargado de los libretos y la adaptación, aseguró que lo primero que hizo fue cambiar la estructura familiar porque la estadounidense no servía.

«Les cambiamos el perfil a los papás, porque la mamá gringa era muy convencional, propia de los años sesenta, muy sumisa a su marido, un hombre frío, proveedor del hogar. La mamá colombiana es más luchadora, más independiente, con una zona de autoridad más amplia. El hogar gira en torno a ella. El papá es un poco más soñador, lleno de dudas, más inseguro. Eso nos cambió el universo y logramos un hogar más afectuoso, en contraste con la familia gringa que es caótica y pragmática», explicó.

González, quien siempre soñó adaptar Los años maravillosos a la colombiana, introdujo una abuela. Constanza Duque, actriz que la interpreta, se mostró complacida porque en los hogares colombianos casi siempre hay una abuelita. «Es una mujer campesina, recién llegada a Bogotá, divertida, que conserva muchas de sus costumbres campechanas y, como en nuestras familias, es consentidora y muy solidaria con sus nietos».

Para Rebeca Piñeres, encargada del arte y el vestuario, lo más difícil fue adaptar la casa de la familia Arnold en Burbank, California, a la familia González en La Soledad. «Hubo que intervenir toda construcción, el jardín, las paredes, los muebles, los baños. Fuimos a los mercados de las pulgas y los anticuarios. Contamos con la ventaja de que los ochentas volvieron. Y veremos en toda su dimensión el copete Alf, las hombreras gigantes, los baggins».

La gestora de esta serie fue Cristina Palacios, directora de la desaparecida productora BTV, quien estuvo obsesionada con hacer la adaptación de Los años maravillosos, hasta que consiguió los derechos y le presentó la idea a Caracol Televisión. «Era un proyecto difícil porque son demasiadas locaciones, episodios muy elaborados, y un acabado en fotografía y actuación que no son típicos de una telenovela. Eso se traduce en más plata, pero en eso Caracol fue generoso», reconoció Luis González tres años después de la grabación de la serie.

Lo que encontrarán los televidentes, a partir del sábado 8 de marzo –después de Noticias Caracol– es una serie de setenta capítulos, de media hora cada uno, que son medianamente fieles a la original y cuya historia transcurre entre finales de 1985 y comienzos de 1987. Según el libretista, los primeros diez capítulos son muy fieles a la original, pero de allí en adelante hubo ciertas licencias porque era difícil trasladar los sucesos a la Bogotá de esa época.

En cuanto a la música, los nostálgicos de los ochentas encontrarán una buena dosis -sesenta canciones– del vallenato de Rafael Orozco, el merengue de Cuco Valoy y el rock en español de Los Prisioneros, Calamaro y Miguel Mateos. «Los años maravillosos está diseñada para cualquiera que esté aburrido con novelas y series de mafia. Son historias cándidas, blancas, tranquilas, para un público familiar, que no tiene un alto contenido melodramático ni violento».