El teatro no teatro, así definimos a los espectáculos que involucran circo y danza

Se trata de todo aquello se presenta en un escenario y que, por su relación con otras disciplinas como la danza y el circo, no puede llamarse estrictamente teatro. 
El teatro no teatro, así definimos a los espectáculos que involucran circo y danza

Por: Adriana Marín 

 

Hablamos de tres obras que CROMOS recomienda. Hablamos de tres preguntas que, cada obra, podría responder.

 

¿Qué es el surrealismo? Esta puerta es muy pequeña (para un oso)

Estoy viva, grita, y se mueve a través del espacio como si le hubieran acabado de devolver su libertad. Estoy viva, dice emocionada, y gira y salta. Y se sigue moviendo. Luego aparecen cinco bailarines más. Todos se mueven por el espacio. Ellos, a veces de frac, a veces en ropa interior, pero manteniendo su sombrero, y ellas con vestidos cortos. El espacio es una lavandería. Las lavadoras y las secadoras se mueven, bailan, hablan, como los mismos bailarines. El mundo es caótico y grotesco. «¿Qué es lo que distingue lo psicodélico de lo surrealista?» se pregunta uno de ellos. Cuando se está en una lavandería que tiene a un oso de peluche como propietario que, además, hace amistad con un ratón colorido, ese tipo de pregunta llega muy bien. Grace Ellen Barkley dirige esta pieza de danza contemporánea que, por sus colores y su fantasía, parece un cuento de hadas para adultos. Está el humor, está el absurdo, está el sexo, está el pop-art, y está la pregunta de ¿qué es surrealismo? Lo que se ve. Lo que está sobre el escenario. Es una bailarina que se mueve por el espacio y que nos grita que está viva. ¿Es eso? Es lo único que sabemos. Lo demás habrá que verlo en «Esta puerta es muy pequeña (para un oso)», la obra que viene de Bélgica para el Festival Iberoamericano de Teatro.

 

¿Qué es la verdad? La verità

«La verdad es todo lo que soñamos, lo que experimentamos, lo que creamos; todo lo que hace parte de nuestra memoria» es la frase desde la que se empezó a forjar el espectáculo  de circo que trae la compañía suiza Finzi Pasca. Habían empezado a crear una línea de espectáculos con Donka, un show que mezclaba los lenguajes del circo y del teatro, en un mundo onírico, para contar la historia de Antón Chèjov.

Estaban en París cuando esa frase salió a relucir y cuando empezaron a pensar en la idea de hacer un nuevo espectáculo. Casi un año después estaban en Montreal durante una cena de Navidad y recibieron una llamada: hay una fundación que adquirió un telón pintado por Salvador Dalí para una producción de Tristán e Isolda en la Nueva York de los años cuarenta. Quisieron proponerles que lo utilizaran para un espectáculo. Tenían, entonces, un tema, «la verdad»; un lugar, Nueva York;  una época, los años cuarenta;  y una historia, la de Tristán e Isolda. ¿Cómo construir una obra con todo eso? Llegaron, entonces, al tema de aquellos que abandonan Europa para refugiarse en Estados Unidos: el viaje interior de los exiliados.  Se aproximaron a él desde una perspectiva interna, que fuera acorde con su estética de los sueños y  desde ahí empezaron a jugar. Cada tema abría un nuevo tema. Cada imagen una nueva imagen.

«La  verdad es que todo está hecho de papel maché, que las espinas de los cactuses no nos hacen mal y que las rosas huelen a puré de tomates» dice alguno de los personajes y las imágenes empiezan a pasar frente a los ojos del espectador: un despliegue de flores amarillas, personajes vendados, manos con dedos larguísimos, sombras que deforman las proporciones, escaleras suspendidas en el vacío, equilibrios imposibles, cuerpos que se dislocan, plumas y lentejuelas: un vaudeville decadente en busca de su verdad. Eso es el circo de La verité.

 

¿Quién eras, Chavela? Cupaima, un homenaje a Chavela Vargas 

«Tu nombre será Cupaima» le dijeron a Chavela Vargas cuando todavía no tenía edad para  entender. Cuando estaba recién nacida y enferma y la llevaron dónde los chamanes para que la curaran. Ese era su nombre en Chamán. Ellos la llamaron así de por vida. Y fue una vida que se vivió intensamente. Una vida a la que Cecilia Gómez, coreógrafa y bailaora española,  se propuso hacerle un homenaje antes de que se extinguiera.

Antes de que Chavela muriera, Gómez viajó a México para proponerle el proyecto y ella aceptó encantada. Harían un homenaje a través de la danza y contarían su existencia partiendo del encuentro que ella tuvo con el chamanismo. Así, en nueve escenas, llenas de color y energía, se narra la enfermedad de  su primera infancia, su amor al canto, a las rancheras – «Mi canto no es canto» decía Chavela, «es algo más allá del dolor, más allá de la angustia, más allá del saber, más allá de todo, del arte en sí mismo» – a su valentía de ser una mujer independiente, a su dolor que calmaba con la bebida , y a la pasión intensa que sintió por Frida Kalho.

Gómez no se quedó en el Flamenco. No podía limitarse a un solo estilo para contar una vida tan peculiar. Se remitió, entonces, a la música de José Alfredo Jiménez, se dejó dirigir por Luis Olmos y permitió que, en escena, la acompañaran cinco bailarines más. Así logró su objetivo: el de representar intensamente la vida de la cantante costarricense.  Y ahora, que la cantante ya no está, un homenaje de este porte cobra mucho más importancia.  

 

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