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Entre Copas y Entre Mesas

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En las agendas de los turistas internacionales comienza a aparecer en los primeros puestos de interés el deseo de ver con ojos propios los cultivos y bodegas de los tres más reconocidos y admirados destilados oscuros nacionales.

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Lo acabo de oír de parte de un grupo de influyentes visitantes franceses. Son Dictador, Parce y La Hechicera, marcas desarrolladas por jóvenes creadores, quienes han enfrentado el monopolio estatal de alcoholes con productos pensados, no para la masa, sino para paladares exigentes, capaces de valorar cada gota de sus óperas primas.

Los tres son licores para saborear despacio y para dejarlos entrar en cada rendija de nuestros sentidos. Sé por mi experiencia con el vino que una reacción natural de aficionados y consumidores es encontrarse con sus creadores, visitar sus plantaciones, caminar por entre hileras de barricas y, después, sentarse en cómodos centros de degustación para darle significado vivo y real a la bebida que los ha hechizado.

Esta atracción que generan los nuevos rones y aguardientes colombianos no puede echarse en saco roto, especialmente cuando encumbrados críticos los recomiendan por encima de competidores que han reinado por décadas en el entorno global. Cuando uno de estos críticos dice del ron La Hechicera que su final de boca es “tan suave y envolvente que no queda más remedio que ponerlo en la cima de mis preferencias personales”, es evidente que se trata de una invitación abierta a descubrir todo cuando proyecta la bebida. Otro crítico, al referirse a Parce, sentencia que “la sensación agradablemente melosa en nariz y boca lo arrastra a uno a vivir un final de película”.

Y en el caso de Dictador, las medallas, los premios y los comentarios elogiosos no caben en el pecho de sus productores. Falta que hace la construcción de programas de recepción turística alrededor de productos que proyectan una Colombia más delicada y sensual. Ausencia también común en la mayoría de nuestras fincas cafeteras y totalmente inexistente en aquellas que se dedican al cultivo de cacaos estelares.

Lanzo este llamado para que Colombia y sus regiones desarrollen un sentido moderno de marca con estrategias que hagan sentir a sus admiradores, locales y foráneos, como en la sala de sus casas. Porque el poder de atracción de las vivencias directas dará alimento para mucho tiempo. Y pensar que los reguladores oficiales ponen toda suerte de trabas para evitar que los consumidores locales tengan acceso a esas bebidas también nacionales. Temen que aquellas fabricadas bajo la batuta estatal vean amenazada su ventajosa hegemonía. A la par con esta apertura de puertas está la sentida necesidad de capacitar no solo al personal que atiende directamente a los turistas, sino a los equipos de servicio de hoteles, hostales, bares, restaurantes, atracciones turísticas y lugares de interés.

Ni qué decir de la señalización en carreteras principales y en vías secundarias. Gran parte de la señalética está oxidada y quemada por el sol, confundiendo y atentando contra el bienestar y la seguridad de los visitantes.

En los puntos más bellos de nuestra geografía no hay cómo detenerse para mirar una puesta de sol. Peor aún, no hay guías que publiquen mapas y puntos de interés y que incluyan información sobre restaurantes cercanos, baños públicos y comodidades para personas con restricción de movimientos.

Tomar previsiones en todos estos campos es tarea esencial para impulsar y promover el turismo en cada punto de interés de nuestra geografía. Y también lo es para los productores de rones, cafés, chocolates y comida regional, con rutas establecidas para visitar sus puntos de producción y donde además puedan comprarse productos con descuento y souvenirs para el recuerdo.

En los últimos tres años he dedicado gran parte de mi tiempo a recorrer muchos de estos territorios, convenciéndome, cada vez que lo hago, de que debemos sentirnos afortunados de haber recibido de la vida un gran rincón del paraíso.

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Hugo Sabogal

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