Entre Copas y Entre Mesas

Botella de papel

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En esta columna, Hugo Sabogal refleja su preocupación por el uso de envases plásticos. “Cada año se producen 80 mil millones de botellas blandas y duras fabricadas con compuestos sintéticos”, dice.

La creciente preocupación por el uso de envases plásticos nació de cifras irrebatibles y elocuentes. Cada año se producen 80 mil millones de botellas blandas y duras fabricadas con compuestos sintéticos.

Su volumen ocupa más del 80 % de los rellenos sanitarios del planeta. Peor aún, su degradación tarda más 800 años. Mientras tanto, el torrente plástico toma cada vez mayor intensidad y se expande por todos los continentes, amenazando la supervivencia de cientos de especies terrestres y marinas. En 50 años habrá más plástico que peces en el mar.

¿Alguna autoridad ha visitado o ejercido sus funciones en las zonas aledañas a la desembocadura del río Magdalena en Bocas de Ceniza, a siete kilómetros de Barranquilla? Es para sentarse a llorar. El plástico y el caucho lo invaden todo.

El vidrio también hace de las suyas. Solamente para envasar vino se fabrican más de 35 mil millones de botellas anuales. Abrigamos cierto consuelo al querer convencernos de su amigabilidad con el ambiente. Pero no nos engañemos.

Para elaborar vidrio es preciso someter la arena de sílice y la arcilla –dos de los insumos de rigor– a temperaturas de más de 1.700 grados centígrados para convertirlos en sustancias líquidas y moldeables. La huella de carbono resultante es gigantesca. Igual sucede con las botellas usadas, que precisan 1.500 grados centígrados para reciclarlas. Y como el vidrio pesa, su transporte por tierra, mar y aire demanda altos consumos de energía.

Empresas de bebidas dependientes del plástico y del vidrio han dado un paso al frente en los últimos tiempos, anunciando el uso de botellas de papel-cartón, que pueden llegar a ser total o mayoritariamente renovables, reciclables y biodegradables.

Especial atención ha recibido el reciente anuncio de la multinacional Diageo para lanzar, en 2021, una edición especial de Johnnie Walker Black en una botella de papel-cartón, hecha con pulpa de madera. Y están en marcha planes similares en Unilever y PepsiCo. Diageo ha constituido una alianza con la firma Pilot Lite para la creación de Pulpex Limited, una compañía dedicada a la implementación de nuevas tecnologías para producir empaques sostenibles. Otros conglomerados de bebidas siguen ese mismo camino.

En Gran Bretaña, la firma Frugal Pac ha desarrollado un empaque de papel-cartón para la vinícola italiana Cantina Goccia. Su interior contiene una mezcla de Merlot y Cabernet Sauvignon. Igual que en el caso de Johnnie Walker Black, Cantina Goccia es una bodega internacionalmente galardonada por sus vinos embotellados en vidrio. En este caso, el empaque de papel reciclable conforma el 94 % del recipiente. El otro 6 % está compuesto por un revestimiento de plástico reciclable para asegurar la impermeabilidad del interior.

Otra casa innovadora es PaperWaterBottle, de Kentucky, que desarrolla envases de papel-cartón para bebidas ligeras. En este caso utilizan una combinación de paja de trigo, bambú y caña de azúcar. Igual que en los casos anteriores, se trata de materiales renovables, reciclables y biodegradables.

Algo es algo, allende los mares. Por aquí, la campaña para eliminar envases contaminantes enfrenta poderosas resistencias. Por tal razón, la falta de voluntad política y de iniciativas privadas sostenibles agudizarán los riesgos de un país pobre como Colombia ante el desastre ecológico en ciernes.

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