Buen vino en un feo 2020

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En tiempos normales, fenómenos de la naturaleza como las heladas y los veranos secos y calurosos representan serias amenazas para los productores de uva, porque reducen de manera notoria los volúmenes de vino y afectan los índices de rentabilidad de las bodegas.

Pero en este anno horribilis -causante de una monumental caída en ventas por cuenta del COVID-19-, las heladas y la sequía han obrado como una bendición, al punto que los viñateros del Nuevo Mundo hablan de una “vendimia inolvidable”. Vaya paradoja.

Argentina y Chile, países australes que ocupan el quinto y séptimo lugar en el grupo de mayores productores de la bebida, han tenido caídas del 20 % respectivamente.

Pero ambas naciones están de plácemes porque la reducción de sus volúmenes viene acompañada de una mejora sustancial en la calidad de los productos.

Las heladas registradas a finales de 2019 y principios de 2020, y el caluroso verano de diciembre y enero -que se atenuó desde febrero gracias a temperaturas más frescas- han permitido una maduración más temprana de los frutos, sin pérdida de acidez, lo que garantiza frescor al beberlos y longevidad en la guarda.

Alejandro Vigil, director de enología de la bodega Catena Zapata, considerado una de las figuras más prominentes en su campo, concluye que la reciente cosecha promete resultados excelentes en cuanto a las condiciones y propiedades organolépticas y sensoriales de los vinos. Serán potentes y complejos, especialmente los provenientes de viñedos de altura.

A este veredicto se suma Sebastián Gava, integrante del equipo de Susana Balbo Wines, quien dice que la cosecha de 2020 “quedará para el recuerdo”.

Aunque para Argentina el total de vinos disponible será menor en cantidad, su calidad será superlativa, lo que permitirá seducir a los consumidores con una oferta tentadora.

Desde Chile también se da a conocer un balance positivo, pese al efecto de las heladas y las sequías. Un informe de la Bodega Cono Sur, filial de Concha y Toro -el mayor productor del país austral e integrante del exclusivo grupo de las marcas más admiradas del mundo-, expuso recientemente que “los vinos de Chile correspondientes a la cosecha de 2020 darán mucho de qué hablar por su expresión, concentración y calidad”.

Y esto, según los productores chilenos, permitirá buscar mejores precios.

Al otro lado del Atlántico, las previsiones de las bodegas europeas son similares a las de sus colegas australes. Sin excepción, ven con optimismo la cosecha de 2020 y esperan mitigar las fuertes caídas de ventas a escala mundial causadas por el cierre masivo de hoteles, restaurantes y otros lugares de consumo.

Favorecidos por condiciones climáticas óptimas, varios productores europeos realizaron podas en verde durante la primavera para reducir volúmenes y asegurar mayor calidad. Muchas de estas acciones han tenido apoyo de los respectivos gobiernos.

El único escollo para muchos bodegueros de Francia, Italia y España es que, para abrirles paso a los nuevos caldos de la cosecha 2020, han debido convertir millones de litros de vino en alcohol industrial, insumo que ha resultado esencial para controlar la propagación del COVID-19. Unas por otras.

Para José Alberto Zuccardi, director de la bodega argentina del mismo nombre, “de 2020 nos vamos a acordar de la pandemia y de la oportunidad de disfrutar de muy buenos vinos”.

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