Entre Copas y Entre Mesas

Burbujas para tiempos difíciles

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Si hay ocasiones en la vida que ameritan el festejo, el primer lugar, sin titubeos, lo ocupan las celebraciones navideñas y todas aquellas asociadas con el cambio de calendario. Más ahora cuando queremos dejar atrás este annus horribilis del coronavirus.

En los encuentros cercanos, acostumbramos a despedir el año viejo y recibir el nuevo con un entusiasta choque de copas. Es un gesto antiguo y legendario para desearnos salud y buena fortuna. Casi siempre la llama la enciende un buen sorbo de espumoso.

Los rituales de celebración con un vaso de vino sobrevienen desde la antigüedad. Hoy trascienden todos los niveles socioeconómicos, aunque queda el hábito de querer abrir la mejor botella. Justamente, era lo que hacía el emperador Bonaparte, quien, para celebrar victorias o lamentar derrotas, abría botellas de fino champán.

Los espumosos están presentes en todo tipo de acontecimiento: casamientos, nacimientos, cumpleaños, grados, triunfos, momentos íntimos, nuevos ciclos...

Pero con tantas personas sin trabajo y con tantas otras sobreviviendo a media marcha o a medio ingreso, sería desmedido favorecer las profusiones.

Conviene recordar que los precios de los espumosos se fijan en función del tiempo y los recursos invertidos en su producción. En la punta de la cresta están los elaborados con el método tradicional, que suelen ser costosos.

El método tradicional, o champenoise, consiste en elaborar, primero, un vino tranquilo (o sea, sin burbujas), en lo que se conoce como la primera fermentación; luego se le somete a una segunda fermentación en botella. Debe pasar en el envase un mínimo de nueve meses. A esta categoría pertenecen el champán, el cava español, el Franciacorta italiano y todos los espumosos complejos elaborados mediante el uso de dicho proceso.

En cambio, el método charmat, aunque se inicia con un vino tranquilo, se diferencia del anterior en que su segunda fermentación transcurre en un tanque de acero inoxidable. Una vez establecido el punto óptimo, se envasa y se saca a la venta. Es el caso de la mayoría de los espumosos ligeros, entre ellos el Prosecco. Son vinos siempre joviales, frescos y fáciles de beber.

Me he dado a la tarea de rastrear el mercado de los espumosos jóvenes y me he llevado una sorpresa: están con precios de ocasión y cumplen el papel de anfitriones en nuestras pequeñas reuniones presenciales o virtuales.

Tengo presentes varias marcas de distintos orígenes e, incluso, uno que otro cava.

Los precios oscilan entre $21.000 y $70.000 por botella de 750 ml.

Nos encontramos con franceses como Jean Dorsene, Kriter, Saint Louis Brut y varias opciones de JP Chenet; españoles como Blanc Pescador de Castillo de Perelada, Barón de Rothberg, Codorníu Selección, Codorníu Clásico, Cava Jaume Serra, Cava Freixenet; espumosos italianos y Prosecco como Tenuta Sant Anna, Cantina Colli Euganei Serprino, Prosecco Ruffino y Prosecco Pasqua; argentinos como Navarro Correas, Norton, María Codorníu, Santa Julia Extra Brut; chilenos como Valdivieso, Dominga Brut, Undurraga Brut.

Están disponibles en Novili, Marpico, Rappi, Tiendas Dislicores, The Wine Store y Carulla (todas con canales virtuales).

Ahora, si la situación de presupuesto no es barrera, existen numerosas opciones entre $70.000 y más de un millón de pesos. Pero no es el espíritu de este escrito.

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