Entre copas y entre mesas

Vinos y gustos estelares

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Desde su anuncio, hace ocho años, de invertir en el sector vitivinícola, he venido siguiéndole la pista a Château Miraval, marca elegida por Angelina Jolie y Brad Pitt para elaborar vinos coproducidos con conocedoras y legendarias familias francesas de Provenza, en el sureste, y Champaña, en el norte.

El proyecto del sureste opera desde Côtes de Provence, dentro del triángulo de excelencia de Provenza-Alpes-Costa Azul. Está enfocado en la confección de dos blancos y un rosado de calidad superior, bajo la dirección de Marc Perrin, su socio francés.

La bodega de Château Miraval está cerca del pueblo de Correns, reconocido por su adopción de la agricultura orgánica, muy afín a Jolie y Pitt. El viñedo tiene una extensión de 500 hectáreas, con interesantes terrazas de suelos pedregosos. Los tramos de altura permiten alcanzar contrastadas temperaturas entre el día y la noche (calor y frescor, en un ciclo de 24 horas); es decir, la fórmula perfecta para garantizar calidad enológica.

El rosado de la añada 2012 fue incluido, en 2013, entre los cien mejores vinos del mundo, según la revista estadounidense Wine Spectator. De hecho, fue el único rosado en la clasificación. Quienes conocen el proyecto de Jolie y Pitt dicen que no se trata de otros vinos avalados por luminarias del cine, sino de una “tarea juiciosa”.

Y en octubre pasado, en el norte francés, Jolie y Pitt lanzaron Fleur de Miraval, su primer champán, en asocio con la familia Péters, de Le Mesnil-sur-Oger, reputada zona de espumosos de alta calidad. El espumoso sale a la luz después de cinco años de intenso y secreto trabajo. De las veinte hectáreas totales del viñedo, dieciséis están ubicadas en una exclusiva zona Grand Cru. La botella salió al mercado con un precio de 340 euros.

En los últimos años, raperos como Jay-Z, cantantes como John Legend, actrices como Cameron Díaz y Sarah Jessica Parker, y futbolistas como Andrés Iniesta han lanzado sus propias marcas de vinos —en particular rosados, por razones de refinamiento y elegancia—, pero ninguno se acerca a los estándares obtenidos por Jolie y Pitt.

El proyecto de Château Miraval está muy apartado de los sibaríticos sueños y realidades del director Francis Ford Coppola, creador de célebres películas como The Godfather, Apocalypse Now, The Conversation, New York Stories y Drácula, entre otras.

Coppola ha sido el personaje del séptimo arte con mayor entrega, tradición y experiencia en la producción de vinos. Es una afición adoptada también por Sofía, su hija.

Coppola, ítalo-estadounidense, es un sibarita de cuerpo y alma. Como dice una de las tantas definiciones, hablamos de un “individuo de gustos y pasatiempos finos y distinguidos”. Claro, no se podría ser sibarita perfecto sin los recursos económicos para satisfacerlos.

Además de su reputada bodega de vinos (Francis Ford Coppola Winery), el exitoso director ha dado origen al proyecto The Coppola Wine Family, que abarca producción de destilados de lujo (ginebra, vodka y brandy); escenarios gastronómicos (los restaurantes y cafés Rustic, Pool y Zoetrope); viajes a destinos de escape y aventura en paradisíacos rincones de Belice, Guatemala y Argentina; producción y edición de Zoetrope, revista de arte y literatura, lo mismo que el portal de catering Coppola Food & Wine Feast. Y, como si fuera poco, The Coppola Club, donde aficionados a la cinematografía pueden concursar con sus proyectos. Todo un arsenal de posibilidades para alimentar los sentidos y la imaginación. Es el lucro de la fama.

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