El aullido de las artesanales

Es evidente que los aficionados a la cerveza hemos comenzado a encontrar en la categoría de las artesanales una variedad de tipos y estilos que los grandes productores no igualan.

En Colombia, la participación de mercado de las cervezas artesanales es de 0.54%, pero la tendencia al alza es evidente.Cortesía

Les apuestan, específicamente, a la diversidad y a la diferenciación, y producen bajos volúmenes en pequeñas plantas o incluso en los garajes de sus residencias. Además, se ajustan con rapidez al cambiante gusto de los compradores. Las industriales, en cambio, concentran su actividad en productos masivos y de largo reconocimiento, disponiendo para ello de enormes factorías automatizadas.

Si se toma como termómetro lo que ocurre en Estados Unidos, en 2018 las artesanales produjeron en ese país 25,9 millones de barriles, generando un volumen de ventas de US$27.580 millones. La cuota de participación de las artesanales ya llega a un 24,2 %, en un mercado total que mueve US$114.000 millones. Son un contrincante imposible de ignorar.

En Colombia, la participación de mercado de las artesanales es de 0,54 %, pero la tendencia al alza es evidente. En la actualidad, la capacidad total instalada de las artesanales (divididas en pequeñas, medianas y grandes) es de 141.000 hectolitros. Aun así, una cervecería artesanal mediana produce en un mes lo que Bavaria envasa en siete minutos.

Se calcula que en la actualidad operan en el país unas 250 cervecerías independientes, con Bogotá a la cabeza, con un 40 % del mercado. Los perfiles de los productores son similares: jóvenes emprendedores, con educación técnica y/o universitaria, quienes llevan sus negocios con disciplina, gran habilidad en promoción y mercadeo, y un indiscutible dominio de las redes sociales.

Es el caso de Daniel Lozano y Andrew Cárdenas, dos exejecutivos financieros, asociados con dos diseñadores. Hace apenas cuatro años se vestían de traje y corbata, manejaban fondos de inversión y asistían mañana y tarde a juntas directivas. Ambos tienen edades por debajo de los 30 años. Hoy los vemos rapados, barbados y tatuados, en bluejeans y con sus inseparables gorras. Empezaron fabricando cerveza artesanal en las cocinas de sus casas. Ahora distribuyen y venden sus cervezas en 51 bares y restaurantes de Bogotá, Medellín, Cartagena, Cali y Valledupar. Su volumen de producción ronda las cuatro mil botellas mensuales, que producen y envasan en una planta alquilada por horas. Sus marcas se elaboran con ingredientes no tradicionales y por encima de 6 % de alcohol.

Daniel y Andrew se asociaron con Simón Aguía, quien trabajaba como diseñador en Nueva York, y con Juliana Acero, dueña de su propio estudio de diseño. La marca de la cervecería es Non-Grata y su logotipo es un zorro aullando. Tienen a este animal como símbolo inspirador porque, para ellos, representa astucia y recursividad, dos elementos que han considerado esenciales para su emprendimiento. Una cerveza se llama Jack el Destripador, que maduran en barricas de roble con whiskey Jack Daniel’s.

Tiene 8,8 % de alcohol. La otra cerveza es Mandaripa, una IPA (Indian Pale Ale) de estilo inglés, a la que le adicionan piel de mandarina. Ahora se preparan para abrir su primera taberna en Bogotá, que estará ubicada en el barrio San Felipe, el nuevo distrito artístico de la capital. Economía naranja en toda su expresión.

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Hugo Sabogal

Gastronomía

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