El turno de los blancos argentinos

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Matías Michelini, retador e innovador a contracorriente, apasionado por su oficio, ha sido considerado uno de los mejores hacedores de vinos blancos en el Cono Sur.

Su elegante Sauvignon Blanc es de antología. No obstante, sus más excéntricos ensayos lo han llevado a producir un Torrontés con uvas enteras (como si fuera un tinto), enfocado en quienes añoran lo primitivo. No en vano lo bautizó Torrontés Brutal.

Los blancos de Michelini han sido en la enología argentina una especie de brizna en el desierto, y esto es porque las condiciones geográficas y climáticas del territorio poco ayudan. El paraíso, aquí, es para los tintos.

Como solitario creador de blancos de calidad, Michelini ha enfrentado muchos vientos de cola en su carrera. El huracán que más lo sacó de cabales provino de un periodista británico, quien, aprestándose a degustar sus vinos, le dijo: “Anda, Matías: no pierdas el tiempo abriendo blancos; pasemos derecho a los tintos”.

Con este episodio en el retrovisor, Michelini terminó reconociendo que los blancos de su país emocionan al comienzo, pero decepcionan por su corta vida. Su meta ha sido ir más allá del frescor para hacerlos crecer con el tiempo.

En general, los blancos argentinos carecen de la acidez natural necesaria para darles aguante. Esto es porque las parras se cultivan en un clima continental de alta insolación, lejos de tierras frías, o cercanas al mar y con suficientes calcáreos en el subsuelo. En cambio, son requisitos que cumplen a cabalidad los blancos del Valle del Loira y Chablis, en Francia; los de Marlborough, en Nueva Zelanda; los de Oregón, en Estados Unidos, y los de Casablanca, Leyda y San Antonio, en Chile.

Una de las más autorizadas voces de la crítica internacional es la periodista británica Amanda Barnes, quien dijo en un reciente artículo que Argentina tiene con sus blancos toda “una revolución en marcha”. La clave para ella y para quienes hemos abierto los ojos y los tímpanos durante algún tiempo es la altura. Es justamente lo que resalta en su última edición la guía Descorchados 2020, dirigida por el periodista chileno Patricio Tapia.

Los blancos argentinos han salido a flote, dice Tapia, con sus Chardonnay y sus Sauvignon Blanc de suelos calcáreos, en las mendocinas alturas del Valle de Uco. Por eso les acaba de dar los más altos puntajes de la categoría. Junto con Uco, brillan Casablanca, Leyda y Limarí, en Chile. “En estas zonas se elaboran los mejores blancos de Suramérica”, agrega. Barnes también resalta el Semillon de Luján, el Torrontés de Salta y el Riesling patagónico.

Sé que, por ahora, los mejores blancos de Argentina y Chile no estarán disponibles en Colombia en el corto o mediano plazo. Para el registro, los cito a continuación:

Argentina: Altar Uco (2018), Chardonnay-Chenin Blanc-Sauvignon Blanc, 98 puntos, Uco; Adriana Vineyard White Bones Chardonnay (2017), Catena Zapata, 98 puntos, Gualtallary, Uco; Vivo o Muerto Chardonnay (2017), 96 puntos, Gualtallary, Uco; Fósil Chardonnay (2018), 96 puntos, Zuccardi, San Pablo, Uco; Irma Liberata Sauvignon Blanc, Michelini Wine (2012), 96 puntos, San Pablo, Uco.

Chile: Amelia Chardonnay de Concha y Toro (2018), 97 puntos, Limarí; Sol de Sol Chardonnay, Aquitania (2016), 96 puntos, Malleco; Errázuriz Chardonnay (2018), 96 puntos, Aconcagua Costa; Talinay Chardonnay de Tabalí (2019), 96 puntos, Limarí.

Buenas noticias para una Argentina que se prepara para ir más allá del Malbec.

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