Entre copas y entre mesas

Grandes del sur

Noticias destacadas de Gastronomía

Sin titubear, sostengo que, desde las gamas medias-altas hasta las superiores, Argentina, Chile y Uruguay poseen un convincente arsenal, que nunca defrauda.

Eso sí, hay que evitar compararlos con los estandartes de las latitudes clásicas. Porque un calcáreo Malbec de Altamira, en Valle de Uco, Argentina, nada tiene que ver con un tánico y corpulento tinto de la zona de Pauillac, en Burdeos, Francia, ni con un pizarroso y carnoso Garnacha del Priorat, en Tarragona, España.

Son cosmos diferentes. Y debemos disfrutarlos y entenderlos en sus contextos, aunque compartan espacio en la repisa de nuestros gustos, igual que San Pedro, San Pablo y San Juan, discípulos de un mismo maestro, pero, vaya, qué distintos son.

Desde que reseño vinos del Cono Sur (veinte años o más), he comprobado que tres de ellos forman parte de todos los listados. Esto es porque, al ser emblemas de sus autores, se cincelan literalmente a mano.

Además del triunvirato siempre ganador, aquí van otros cinco de los treinta escogidos por la Master of Wine Marina Gayan para la influyente revista Decanter, de Inglaterra. Se anexan las composiciones; yo aportaré detalles sobre las columnas que los soportan.

Almaviva Puente Alto 2017 (Chile, Cabernet Sauvignon-Carménère); Nicolás Catena Zapata 2016 (Argentina, Cabernet Sauvignon-Malbec-Cabernet Franc); Seña 2017 (Chile, Cabernet Sauvignon-Merlot-Malbec-Carménère); Volturno 2017 de Viña Cobos (Argentina, Cabernet Sauvignon-Malbec-Cabernet Franc); Bouza Monte Vide Eu 2018 (Uruguay, Tannat-Merlot-Tempranillo); Riccitelli & Father 2017 (Argentina, Malbec-Cabernet Franc); Tito Zuccardi 2018 (Argentina, Malbec-Cabernet Franc), y Gernot Langes 2016, de Norton (Argentina, Malbec-Cabernet Franc-Cabernet Sauvignon).

Nótese la repetida presencia de la tinta Cabernet Franc, hoy la nueva consentida de las bodegas argentinas. Desde ya se anticipa que este cepaje (que arroja vinos elegantes, de cuerpo medio y gran frescor) seguirá acompañando y a veces suplantando al Malbec en los años por venir. Igual que lo forjó en tres distritos del suroeste francés durante siglos (Fronsac, Pomerol y Saint-Émilion) y en el más norteño Valle del Loira.

Volvamos a la lista. Almaviva es el resultado de una asociación (desde 1997) entre la casa francesa Barón Phillippe de Rothschild y la casi sesquicentenaria viña chilena Concha y Toro. Marina Gayan asigna la segunda posición a Nicolás Catena Zapata, marca insignia de una bodega familiar de origen italiano, fundada en 1902. Aquí la cepa dominante es la Cabernet Sauvignon, que refleja el sentir del propio Nicolás Catena Zapata cuando alguna vez me dijo que esta clásica variedad francesa todavía está por mostrar lo mejor en tierras mendocinas. El tercer puesto se lo otorga a Seña, de Viña Chadwick, emparentada con la sesquicentenaria Viña Errázuriz. Este es otro caso de asociación de dos grandes en polos opuestos. En este caso, la unión se dio (en 1995) entre el chileno Eduardo Chadwick y el imperecedero Robert Mondavi, revolucionario de los vinos californianos.

Para los interesados, estos tres paladines figuran en las mejores cartas de vinos disponibles en Colombia, al lado de notables franceses, españoles e italianos, con los que se hablan, quizá no de tú a tú, sino de usted a usted, por el respeto mutuo que se deben.

Comparte en redes: